¡Bienvenidos a Irán!

¡Bienvenidos a Irán!
Aún no aparece en ninguna lista de los mejores lugares para viajar, sin embargo, eso está por cambiar. 
Julio 5, 16
Fotografías por: David De Vleeschauwer

Algunos viajeros podrían pensar que necesitan usar un chaleco blindado cuando viajan a Irán (ya saben Irán, Irak, da lo mismo), mientras que otros opinan que todas las mujeres en el lugar, incluso las occidentales que están de visita, caminan por ahí vestidas de negro de pies a cabeza. Otros aún piensan que simplemente no se puede entrar al país como ciudadano extranjero. Pero ya hablando en serio, ¿por qué Irán? ¿Es seguro? ¿Qué hay por descubrir ahí? ¿No hay también mezquitas preciosas en Abu Dabi que es más popular?

 

En el vuelo de Turkish Airlines de Estambul a Shiraz (sí, como el vino) conté exactamente dos cabezas con pañuelo y no había ninguna mujer vestida de negro. Junto a mí estaba sentada una rubia veinteañera que traía unos pants modernos, con maquillaje y escuchaba música en sus audífonos. Sarir es de Shiraz, estudia turismo en Chipre y volvía a casa para las vacaciones. Cuando aterrizamos, mientras se abrían las puertas del avión, todos nos pusimos los pañuelos. Ella se rio al verme forcejear para ponérmelo, y me ayudó a enderezar mi hiyab (una tela ligera de algodón que compré hace poco tiempo en India). “¡Bienvenida a Irán!”, me dijo. “Si quieres nos podemos ver mañana, me encantaría enseñarte mi ciudad. Es maravilloso que estés aquí. Amo mi ciudad y mi país. ¡Bienvenidos!”.

 

Minibar sin alcohol

La chica del avión también nos preguntó: ¿por qué? Irán aparece en nuestra lista de los mejores lugares para visitar desde hace tiempo, porque nos parece que los países poco familiares y relativamente cerrados son fascinantes. Cuando nos contaron que una agencia de viajes flamenca lleva grupos al lugar desde hace años, sin ningún problema, reservamos el viaje.

 

Asteria Expeditions en Brujas conoce Irán al derecho y al revés, y lleva a los curiosos flamencos dos veces al año a un país que es popular sobre todo para los aficionados de la arquitectura, cultura e historia. Ahora somos parte del grupo. Claro, nos interesa más el Irán de hoy que las ruinas protegidas por la UNESCO, y tenemos aún más curiosidad de ver a la gente, probar la comida (¿se puede tomar alcohol o no?) y encontrar la esencia de este país misterioso. Shiraz es un buen lugar para empezar. Los iraníes la llaman la ciudad más liberal del país. La gente de Shiraz es la más amable, abierta, relajada, y con un poco de esfuerzo, te pueden invitar a su casa a probar un poco de vino shiraz. ¿Alcohol? ¡Parece que sí!

 

La descripción de nuestro hotel en el folleto dice que es cómodo y apropiado, y es justo eso lo que resulta ser. Imagina un hotel de lujo de los sesenta donde aún brilla el cobre, los bigotes de los recepcionistas son largos y peinados divinamente, y el aroma de la gloria desvanecida se percibe en el aire. No obstante, ya finalmente en Irán, hay wifi en nuestro cuarto e incluso una cerveza sin alcohol en el minibar, la cual, a pesar de nuestra hora de llegada (aproximadamente tres de la madrugada) nos tomamos rápido, y sabe exactamente como la que toman los abuelos. Llegar a Irán merece ser festejado, en especial, porque escuchamos un sincero “¡Bienvenidos a Irán!” por lo menos tres veces desde que llegamos e incluso tuvimos un encuentro con un local que hablaba inglés a la perfección.

 

Encuentros poéticos

Cielos de azul profundo y un calor abrasador (estamos a mediados de julio): aproximadamente 38 grados, pero sin la humedad agobiante de los países de Medio Oriente. Es el día perfecto para explorar Shiraz, después de desayunar un pan delgado y caliente, queso parecido al feta, aceitunas locales y té (solamente hay Nescafé). Nuestro guía habla francés y le cuesta trabajo sonreír o pensar más allá, sin embargo, conoce de memoria cada fecha, cada nombre, cada detalle de cada piedra y edificio. ¡Bravo! Perfecto para los que saben de arquitectura y la emotiva historia de Irán.

 

Nosotros, en cambio, nos alejamos de vez en cuando del grupo para observar en vez de escuchar y afirmar con la cabeza. Shiraz es una ciudad cool, tiene 1,2 millones de habitantes y muchísimo tráfico que sorprendería incluso a un napolitano. Nos movemos en zigzag por la ciudad, y obtenemos la primera dosis de los brillantes mosaicos azules del Mediterráneo en las elegantes mezquitas. La tumba de Saadi es preciosa, una oda a uno de los famosos poetas persas de Irán. Es fin de semana, así que muchos iraníes visitan el lugar, buscando la frescura de los jardines y parques, y descansar en sus bancas, hacer un picnic y platicar.

 

En la tumba de Hafez, otro poeta iraní famoso, sólo toma dos minutos para que la gente se acerque a platicar con nosotros. “¡Bienvenidos a Irán! ¿Por qué escogieron visitar mi país? ¿Les gusta? ¿De dónde son? ¿Podemos salir en su foto? ¡Tomemos una selfie!”. Nunca habíamos salido en tantas selfies en una sola tarde. Los iraníes que conocimos aquí vinieron a rendir tributo al pasado y a este famoso poeta, pero también les da mucha curiosidad el futuro y lo que trae a un occidental hasta aquí.

 

Una pareja de Teherán está de vacaciones en Shiraz; él es ingeniero y habla bien inglés. Cuando visitemos la capital estamos invitados a su casa. Nos hacen una señal con la mano: “¡Bienvenidos a Irán y nos vemos pronto!”. Esa misma tarde, Sarir y un amigo nos recogen como habíamos quedado. Ambos tienen veintitantos, y él también estudia ingeniería; ella usa un pañuelo blanco en la cabeza que se le resbala cada cinco minutos. Nos llevan a recorrer su Shiraz, para que podamos ver más que mezquitas, tumbas y mosaicos.

 

Un bar en una terraza con música en vivo (se permite aplaudir pero no bailar) en uno de los hoteles de lujo de la ciudad, un restaurante de moda, con estilo, con un patio interior bastante grande y, finalmente, un kebab en Haft Khan, otro restaurante de moda donde el beau monde de Shiraz pasa sus fines de semana. La tarde es larga y calurosa, hay risas y música. Caemos rendidos y sorprendidos en nuestra cama de hotel con sábanas rosas. ¿Cómo es Irán? Hasta el momento, ¡increíble!

 

Alicia en el país de las maravillas

Al día siguiente, experimentamos lo que es un verdadero paseo cultural: el mundialmente famoso Persépolis, la razón por la que los viajeros vienen a Irán. En nuestro caso, bajo un sol ardiente (un pañuelo puede ser de gran ayuda), en el polvo, sin sombra, a lo largo de las antiguas columnas, losas y paredes persas erguidas por Darío I. Los lugares protegidos por la UNESCO, como Persépolis, son mucho más tranquilos durante el verano. Solamente vemos unos cuantos occidentales más; el resto de los visitantes son iraníes.

 

Alguien escribió esto sobre Persépolis en TripAdvisor: “Es increíble, es como caminar solo por la historia. Vayan ahora a Irán, antes de que se vuelva novedoso y que el país se llene de turistas”. Lo que la persona que lo escribió quiere decir es que hasta ahora Irán ha sido un destino de nicho, en su mayoría famoso entre los aficionados a la cultura y algunos mochileros o aventureros. Pero los tiempos cambian al igual que los tratados.

 

En enero de 2015 se firmó un tratado histórico ente Irán y los seis poderes mundiales: el fin de la explotación y el procesamiento de uranio para la energía nuclear a cambio de levantar las sanciones económicas que se han llevado a cabo desde 2006. En Teherán y más allá, este acuerdo se festejó casi como si hubieran ganado el mundial. Los iraníes salieron a la calle con lágrimas en los ojos. Un nuevo futuro estaba por llegar. Inmediatamente después de este acuerdo, grandes cadenas de hoteles como el Marriott y AccorHotels anunciaron que estaban listos para desembarcar en Irán. Esperando la fiebre del oro era el título de un reportaje reciente sobre cómo el mercado hotelero en Teherán tendrá que prepararse para el nuevo futuro.

 

Ahora esperan una mayor afluencia de turistas, pero también de viajeros de negocios. Ahora que las sanciones desaparecieron, los inversionistas llegarán a raudales. Desde firmas de lujo de Occidente que conquistarán el país hasta verdaderas minas de oro que esperan el dinero occidental para ser explotadas. Sin embargo, por el momento, ser un turista aquí (en especial durante el verano) es como ser Alicia en el país de las maravillas, pero en versión persa.

 

La ruta de la seda

No hay nada mejor que los viajes en coche, en especial con un tranquilo paisaje desértico, interrumpido de vez en cuando por salares. Nuestro recién estrenado minibús Fiat con chofer, quien tiene el aire de un guardaespaldas de Hollywood, acelera hacia Kermán, una ciudad localizada a tiro de piedra de la Ciudadela de Rayen de adobe, una réplica más pequeña de la Ciudadela de Bam, que fue destruida por completo en el terremoto de 2003.

 

Es increíble deambular por el enredado laberinto de adobe de Kermán, sumergiéndote en espacios abovedados, frescos y después subir una escalera para disfrutar del paisaje, que en invierno e incluso en primavera consiste en cimas de altas montañas, adornadas de manera elegante por nieve. En esta ocasión, un grupo de niñas risueñas quisieron salir en nuestras fotos. Selfies grupales, manos al aire y grandes sonrisas para la cámara y un intercambio de cuentas de Instagram que es lo que usan aquí, pues no hay Facebook, a menos que uno sepa cambiar su VPN.

 

Después de un día en Kermán, lleno de mezquitas del viernes, baños turcos, bazares a reventar y excepcionales edificios octagonales, continuamos nuestro paseo con la parada obligada para comprar dátiles, higos o pistaches junto a la carretera. Es como se hacía en otros tiempos, cuando la famosa ruta de la seda conectaba ciudades, países y continentes. En ese entonces, los viajeros descansaban en ciudades compuestas por caravanas, construcciones de adobe, casi siempre con un patio interno abierto y cuartos para los camellos y los comerciantes exhaustos. Hoy en día, tenemos simples hospedajes, como Zein-o-Din, donde paramos para tomar el té y sentir el desierto sofocante alrededor.

 

Tesoros en bazares

Yazd, que alguna vez fue una de las ciudades compuestas por caravanas más famosas en Persia, hoy es una ciudad del desierto acogedora y dinámica, donde los viajeros suelen parar por su atmósfera desértica “del fin del mundo”, la cual es muy especial, y por el hecho de que hay muchos hospedajes baratos y encantadores. Tienen toda la razón: una noche en Yazd no es suficiente. Una vez más, hay momentos culminantes como la hermosa plaza Amir Chakhmaq y la mezquita Jameh, pero también calles nuevas con boutiques geniales donde se venden más y más diseños de iraníes jóvenes. Desde joyas hasta cerámica y ropa, así como Madow, una atractiva boutique donde nos cuesta trabajo no gastar riales de más.

 

En Yazd también hay un bazar donde aún puedes comprar alfombras y textiles persas clásicos a buen precio. Está permitido regatear, siempre y cuando sea de forma educada y amigable. Escucharás con frecuencia a los iraníes decir: “¡Somos persas, no árabes!”. “No nos comparen con los países árabes como suelen hacerlo muchos turistas de Occidente”. Ahí conocimos a un francés que ha ido a Irán durante años a comprar tapetes para coleccionistas en París. Le echa el ojo a un par de bijoux de una tribu en algún lugar de Baluchistán, en el norte de Irán. “¿Pueden ver el simbolismo? Amapola, opio…”, explica el dueño de la galería de la ruta de la seda, un experto en tapetes persas.

 

Otro francés entra a la tienda con sus amigos españoles. Acaban de regatear por una pieza de tela extraordinaria en el bazar. Toda la tienda se queda en silencio. “¡Guau!”, dice el joven propietario, “encontraron algo muy especial. Los coleccionistas ofrecerán una buena cantidad de dinero por eso”. El francés se ríe y vuelve a guardar la tela en una sencilla bolsa de plástico. Aparentemente, él viaja por el mundo casi sin parar buscando este tipo de tesoros escondidos. Según él, en Irán aún hay mucho por descubrir.

 

Comida rápida iraní

Muchos iraníes piensan que Isfahán o Ispahán es la ciudad más bonita del país. Verde, con mucha agua gracias al amplio río, grandes plazas, majestuosas mezquitas y puentes famosos. Sin duda, Isfahán es una ciudad donde hay que pasar tres o cuatro días, o hasta más. Nos quedamos en otro hotel cuya gloria se ha desteñido, el Kowsar, con vistas al río Zayandeh-Rood y el famoso puente Allahverdi Khan. Por las tardes, los locales pasean junto al río, disfrutan de picnics, a veces entre nubes de hookahs, mientras los niños corren y los enamorados pasean por el puente donde, en ocasiones (por debajo, por la tarde), suena la música e incluso se baila.

 

Una vez más nos saltamos la cena grupal en el hotel y elegimos una cadena de comida rápida iraní con una terraza. Las mujeres tras el mostrador parecen azafatas de Etihad Airlines, con pañuelos y sombreros con estilo, uniformes y maquillaje perfectos. ¿Una hamburguesa con papas fritas y una Coca-Cola Zero? Sí, también tienen Coca-Cola en Irán, creada bajo licencia en el país. Las hamburguesas saben igual que en todo el mundo, con la excepción de que aquí te dan sobrecitos de tomillo, sal y pimienta para espolvorearlas en las papas.

 

 

En la casa de Pedram

Pero primero debemos comer en casa de Pedram, otro iraní que conocimos y que nos invitó a su casa. Su esposa, hermana, hermano y mamá también están ahí. Ellos mismos cocinan, y nos ofrecen sandía y una bebida de fresa hecha en casa; hay música, muchas selfies y como siempre, mucha comida, aunque esta vez sentados en el piso.

 

Elías, el joven que nos trajo aquí, es un taxista no oficial. También está estudiando ingeniería, viene de Teherán, y debe hacer su servicio militar obligatorio en Isfahán. En las noches, maneja para ganar un poco de dinero extra y conocer nuevas personas. Le preguntamos si estaría dispuesto (con pago) a darnos una vuelta mañana por Isfahán y en las afueras, para obtener un buen panorama del lugar en el que estamos. ¡Con gusto!

 

Su turno acaba a las tres de la tarde, y luego podemos ir a dar una vuelta. Nuestro tour cubre lugares como la segunda plaza más grande del mundo, la Meidan-e-Emam, o plazas diminutas y calles angostas en las que encontramos Espedana, donde sirven un gran café, expresos y lattes, para un público joven. Descubrimos cafés escondidos, excéntricos, como el Qeysarieh Tea Shop, donde los iraníes van a fumar shisha, a tomar doogh (como un suero de leche con menta seca) o jugo de zanahoria y té con pastelitos.

 

Las mujeres también vienen aquí a fumar hookah y a disfrutar del salón de té: la emancipación de Irán. Afuera nos espera un tráfico de locura, y llegamos a la montaña Sofeh justo a tiempo para observar el sol ponerse sobre el puente Si-o-seh pol y sus 33 arcos. Mientras Elías maniobra a través del tráfico nos pregunta sobre Europa, sobre cómo podría hacerle para trabajar como ingeniero en Noruega porque sabe que ahí puedes ganar bien y te tratan bien.

 

En la noche, nos adentramos a la Jolfa armenia, que tiene un estilo mediterráneo real por sus muchas plazas y la gente sentada en las terrazas disfrutando de la noche cálida. Cansados e impresionados, después de nuevos encuentros y docenas de “¡Bienvenidos a Irán!”, Elías nos lleva de regreso al hotel. Entonces le damos el dinero. Lo rechaza, insistimos, lo rechaza nuevamente (ésta es una costumbre respetuosa llamada taarof en la que los iraníes se rehúsan a aceptar dinero hasta que uno insiste un par de veces), le decimos que es imposible que no lo tome, él agita su cabeza: no; está bien así. Nos dice que está muy feliz de habernos conocido, que ha aprendido mucho y que tuvo un gran día. Nos abre la puerta y rápidamente pongo el dinero en el asiento del coche antes de despedirnos.

 

Teherán: una mirada al futuro y el espacio

Después de una Isfahán fascinante, Teherán es lo que sigue en la agenda. Todos los iraníes que conocemos dicen que es una ciudad llena de gente, loca y demasiado grande, con contaminación y habitantes que son muy serios y que nunca se ríen, un poco como nuestro guía gruñón, que también viene de Teherán. Afortunadamente tenemos una cita con Gilda, una iraní de Teherán, pero que ha estudiado y vivido en California, España y Francia. Ahora recientemente egresada de la escuela de derecho y con doble nacionalidad, ha regresado a su tierra natal. Es moderna, joven, elegante, y habla farsi (según ella) con acento estadounidense y nos muestra la ciudad que ama y que extrañó al estar lejos.

 

Por casualidad, durante una escala al baño (los baños iraníes son de ésos que uno va en cuclillas, y no siempre están muy limpios) nos encontramos con un museo que tiene una exhibición sobre el viaje espacial. Aparentemente, Irán está muy orgulloso de su programa espacial y ya ha mandado a un chango al espacio dos veces, y pronto a su primer hombre. Uno de los changos está aquí, y nos tomamos una selfie con Fargam, el chango espacial.

 

Dos estaciones de televisión nacionales nos entrevistan y nos preguntan lo que pensamos sobre el programa espacial iraní. No sabemos realmente qué decir: el espacio, la última frontera, y evadimos la pregunta al decir honestamente que estamos asombrados con lo fantástico que es Irán, su gente, su hospitalidad y amabilidad. Gilda nos lleva a algunos lugares icónicos como el Palacio Golestán y la Torre Azadi, seguidos de un almuerzo en uno de los restaurantes más tradicionales de la ciudad: Dizi Makhsoos. Está completamente lleno, gente de todas las edades, algunos vestidos con ropa moderna y otros de traje, y sólo un plato disponible: abgoosht, un estofado tradicional persa y mesopotámico con garbanzos y cordero.

 

Luego nos lleva al norte de Teherán para mostrarnos una colonia moderna. Tomamos café frío en Sam’s Café, un lugar muy cool en el que las chicas, preciosas y platicadoras, usan pañuelos que son casi invisibles porque los usan tan atrás que casi (y a veces sí) se caen. Hay restaurantes, bares y tiendas modernos en centros comerciales ostentosos y nuevos. ¡Guau!, ¿esto es realmente Irán? Entonces nos queda claro: la brecha entre lo que muchos occidentales piensan sobre Irán y lo que a veces se sigue viendo en sus calles (incontables dibujos de propaganda política y religiosa en paredes y carteles) y lo que la gente piensa, siente, cree y quiere, se vuelve más y más grande.

 

La paradoja de que Irán es anti-Occidente, mientras que la mayoría de los iraníes son liberales, librepensadores y enfocados en un futuro más libre, es más que obvio. Viajar a Irán se siente un poco como caer en los brazos de un viejo amigo, quien, inmediatamente, te da una bienvenida cálida a pesar del panorama o situación. “¿Bienvenidos a Irán?” Era genuino y sincero, y definitivamente sabe mejor.  

 

*Traducción de Daniela Valdez