Barcelona en tres capítulos

Barcelona en tres capítulos
Elegimos a tres personajes para que nos dijeran qué es lo mejor de vivir en esta ciudad. 

La que solía ser la capital del Mediterráneo es hoy la capital del autoelogio. Los barceloneses están enamorados de su ciudad. Las razones sobran: que se siente como pueblo, que es una ciudad universal pero a escala humana, que está abierta hacia fuera a todas las culturas del mundo, que está más viva que nunca y que todo queda muy cerca. 

 

Más allá del Barrio Gótico y las ramblas, de Parc Güell y la Basílica de la Sagrada Familia, el Born y la Barceloneta, Paseo de Gracia y Gaudí, el modernismo, la gastronomía que ha lanzado a Cataluña al mundo, todo lo conocido y revisitado, Barcelona tiene algo que sigue encantando.

 

Al final, Barcelona está construida de personas y es esa dimensión humana la que la hace comprensible. Por eso elegimos a tres personajes —un chef, un ejecutivo y un productor musical— para que nos explicaran a través de la gastronomía, la música y el arte qué es lo mejor de vivir en Barcelona.

 

 

CAPÍTULO UNO: LA CIUDAD DEL ARTE

La historia empieza en un café de El Raval. Más que un café, Granja M. Viader es una antigua confitería célebre por ser el lugar donde nació el Cacaolat, una bebida chocolatada famosa por alimentar a muchos niños catalanes desde 1930. Estoy en una mesa y frente a mí se encuentra Joan Abellà Barril, el jefe ejecutivo del Museu D´Art Contemporani de Barcelona (MACBA). Mientras me tomo un Cacaolat frío, me cuenta sobre este el barrio de El Raval para entender un poco de la actualidad de la ciudad en general. Y del arte, en particular.

 

“El barrio cambió a partir de los Juegos Olímpicos, en realidad toda la ciudad se transforma muchísimo. Se hace la Villa Olímpica al lado de la playa, desde las Torres MAPFRE, con la idea de que luego se volviera una zona residencial para que viviera la gente de Barcelona, y también se recuperan las playas. Se transforma también Montjuic y aparecen las rondas, las autopistas alrededor de la ciudad. Entonces, se decide que el siguiente paso sería recuperar el Born y El Raval”, explica Abellà.

 

En ese entonces (1992) no era fácil llegar al barrio, por su cercanía con el puerto, que venía con el paquete completo de marginación, prostitución e inmigración reciente. La solución requería de una acción drástica, una operación que cambiara la esencia tan compleja de la zona, pero sin arrasar con su encanto (y sus más de 200 lenguas y dialectos distintos).

 

Así nacieron el MACBA, el Centre de Cultura Contemporània Barcelona (CCC), sedes de universidades, y otros espacios creativos, como la Filmoteca de Catalunya, que se han combinado con espacios históricos muy interesantes que ya estaban ahí, como la Biblioteca Nacional de Catalunya, el Instituto de Estudios Catalanes, o la Escuela de arte de Cataluña.

 

También, aparecieron teatros grandes y pequeños, muchos talleres de artesanos y de artistas, galerías de arte. “Todo esto se fue ubicando aquí gracias a la transformación que se hizo de la plaza, donde está el MACBA. El museo ahora tiene 20 años abierto. Aunque la idea se empezó a gestar a mediados de los noventa”, cuenta Abellà sobre el edificio de Richard Meier que se erige luminoso y brillante en la Plaça del Àngels.

 

 

La ciudad tiene otros museos importantes. Algunos sobresalen por su acervo y otros como obra arquitectónica. “A Barcelona le pasa una cosa muy interesante”, continua Abellà: “Se ha construido a base de grandes eventos internacionales. La primera Exposición Internacional fue en 1888 y se construyó todo este complejo que hay entre el arco del triunfo y el parque, los edificios son de la primera exposición.

 

La segunda gran Feria Internacional fue la del 29, cuando se construyeron los complejos de la feria y el Palacio Nacional, también el Museo Nacional de Arte de Catalunya y el Pabellón Mies van der Rohe”. En la feria, se mostraba lo que estaba pasando en ese momento en el mundo, por eso Alemania trajo a Mies van der Rohe y más arriba, se creó el Poblet Español como el pabellón de España.

 

Muchos edificios temporales estuvieron a punto de tirarse después del evento, pero afortunadamente fueron indultados. Entre ellos está una obra del arquitecto modernista Piug i Cadafalch, una antigua fábrica que hoy es el Caixa Forum, un centro de actividades musicales, plásticas y de cine. También, en Montjuic se encuentra la Fundació Miró, que exhibe parte de la obra del artista barcelonés, en un entorno de árboles y esculturas. 

 

Ya fuera de Montjuic, dentro de un palacio en el Barrio Gótico, se encuentra el Museo Picasso, que exhibe obra del pintor pero haciendo hincapié en los inicios de su carrera (hay obras de cuando aún era un niño de una maestría sorprendente). “Dices Barcelona y dices tres artistas: Gaudí, Picasso, Miró y ahora le vamos a sumar Tàpies, que se murió el año pasado. Dalí tiene su museo en Figueras, está el Museo Picasso y las diferentes obras de Gaudí, y también está la Fundació Tàpies, un espacio pequeño, precioso”, dice Abellà.

 

Sin embargo, más allá de los museos, Barcelona es una ciudad con una arquitectura prodigiosa. Joan lo explica así: “Barcelona está viva y se renueva constantemente. Estamos renovando todos los mercados públicos porque son edificios emblemáticos, lugares que frecuentamos, no queremos que se degraden. Puedes seguir la historia de Barcelona a base de sus edificios. Es algo cultural”.

 

El paseo con Joan termina en el MACBA. Recorrer el backstage de un museo es una cosa impresionante, pues te permite curiosear, ser testigo del trabajo de curadores y de quienes montan cada cuadro.

 

CAPÍTULO 2: LA CIUDAD DE LA MÚSICA

¿Qué sería del arte sin la música y qué sería de una ciudad sin ella? “La música en directo está en el ADN del barcelonés, y se vive como algo natural. Olimpiadas, exposiciones internacionales, festivales grandes”, dice Tito Romaneda desde su oficina en un edificio antiguo ubicado en la Diagonal.

 

Pocas personas saben tanto de música como Tito, presidente ejecutivo de The Project, una empresa promotora y productora que lleva 25 años organizando conciertos, giras y festivales –casi 400 conciertos al año con 400 mil espectadores anuales.

 

“Es importante plantear los orígenes. Barcelona es una ciudad que siempre ha estado muy abierta a la cultura, que siempre ha mirado hacia Europa. En tiempos del franquismo, por ejemplo, por la cercanía se miraba más hacia Europa que hacia el resto de España”, explica Tito y agrega: “También el flamenco ha tenido mucho arraigo, y de hecho la rumba catalana nació aquí en Barcelona, no digo que renunciáramos a los orígenes españoles, pero sí que la proximidad geográfica con Francia nos abrió las puertas y Barcelona fue la pionera en la música en directo en el estado español”. 

 

En los años setenta, en pleno apogeo mundial del rock, hubo un boom en Europa. La proximidad a la frontera facilitó mucho que las giras de los grandes músicos y bandas llegaran a España, aunque sólo se presentaran en Barcelona. “Bruce Springsteen en los setenta, los Beatles un tiempo antes, Bob Marley. Estos artistas de este calado tan potente cogieron la plaza de Barcelona como un objetivo.

 

Así empezó esta tradición de música en directo de grupos internacionales, no sólo fue por un tema logístico, sino también por esta visión de Cataluña hacia Europa en temas culturales. A finales de los ochenta, apareció otro factor que fue importante para dimensionar esto, que fueron los Juegos Olímpicos, aquí se empezaron a construir equipamientos que no existían”, cuenta Ramoneda.

 

“Antes de los famosos juegos, la ciudad sólo contaba con un palacio de deportes, un campo de futbol donde se hacían conciertos, y las plazas de toros, pero no había un equipamiento indoor de gran capacidad para las grandes giras y las grandes bandas. A raíz de las Olimpiadas, se construyó el Palau Sant Jordi, un espacio para 18 mil personas que se creó pensando en la polivalencia para acoger grandes conciertos y eventos.

 

Fue el primer espacio cubierto de gran capacidad del estado español. Ninguna otra ciudad tenía un lugar con el equipamiento del Palau. El primer concierto que se realizó en este foro fue el de Miguel Bosé, en 1990. A partir de entonces las bandas más importantes pasaron por su escenario.”

 

No sólo son importantes los conciertos y las giras, sino también los festivales. Barcelona cuenta con algunos de los festivales más importantes de Cataluña, el Festival Internacional de Jazz celebró en 2013 su 45º edición (siendo uno de los más antiguos de Europa); Sónar y Primavera Sound, cada uno en su ámbito son los que mayor proyección internacional tienen, pero hay infinidad de festivales en la ciudad.

 

Festival de reggae, el de cajón, el de guitarra, el del milenio. Romaneda agrega: “Debe ser una de las ciudades con más festivales de música. Tenemos un público local receptivo que acude a estos festivales, pero también tenemos una ciudad que es escaparate en el mundo. Esto facilita que un evento en Barcelona sea internacional y haya más acogida de espectadores de fuera. Sonar está compuesto en un 40% de visitantes de fuera, el Primavera también”.

 

El Palau de la Música es otro elemento importante en la historia de la música en vivo de la ciudad. Esta joya del modernismo catalán fue construida pensando en la música vocal pero en estos cien años de historia ha pasado todo el mundo. Además, hay infinidad de teatros, muchas salas privadas, el barts (Barcelona Arts on Stage), el Camp Nou y el anfiteatro griego (al aire libre con una acústica sensacional, perfecto para verano). 

 

 

CAPÍTULO TRES: LA CIUDAD DE LA GASTRONOMÍA 

La Boquería es uno de los highlights de turistas y locales. Temprano por la mañana este mercado es concurrido por muchos chefs y señoras que van a hacer la compra del día. Recorrer, ver y descubrir los sabores y olores de Cataluña en un espacio bullicioso, entretenido, donde sólo se puede mantener la atención por poco tiempo antes de que un tendero recomiende sus mercancías o anuncie que tiene el pescado más fresco.

 

Entre sus pasillos, Romain Fornells se mueve como pez en el agua. Él es francés, chef del restaurante Caelis, un lugar elegantísimo dentro del hotel El Palace, que ostenta dos estrellas Michelin y una comida francesa y sofisticada, adaptada a los productos locales. Romain lleva 14 años en Barcelona, y además de Caelis es responsable del Café Emma, de un bar de jazz, de una brasserie en la zona alta y de Café Turo.

 

“Vine a Barcelona porque me llamaron para hacer este proyecto aquí”, dice. Y se quedó. “¿Qué me gusta de la ciudad? Barcelona es a escala humana, no te agobias ni para trabajar ni para pasar tiempo. Hay una dolce vita que es interesante: el mar, la montaña cerca, no hay mucho trafico, siempre hay una energía muy positiva en esta ciudad. No echo de menos Francia porque estamos cerca, a dos horas, en realidad es como vivir en otra ciudad. Solo hay una frontera, pero ahora Europa es como un país”, cuenta.

 

Como chef, trabajar en Barcelona tiene varias ventajas. Por un lado, el tener una clientela cosmopolita exigente y por otro, el estar en un lugar estratégico donde se consiguen productos muy interesantes, tanto del mar como de la montaña. “Es una maravilla. Siempre hay aceite de oliva, sal, tomate y el ajo, cuatro ingredientes muy importantes en nuestra cocina. Pero vamos cambiando el menú todo el tiempo. Hay productos que tienen un mes de vida y otros dos semanas”, explica.

 

Uno de los highlights del Caelis es la mesa del chef. No es una mesa cualquiera, detrás de un vidrio o cerca de la cocina. Está, literalmente, dentro de la cocina, en un rincón donde se vive (y disfruta) el ajetreo de la cocina.

 

Desde ahí uno puede observar todo el movimiento, la preparación de los platillos y aceptar una a una las sugerencias del chef y del sommelier (y si tiene suerte) que el chef se siente a la mesa a platicar. “Tengo varios lugares favoritos en Barcelona. Hay una vista que me encanta donde suelo ir a tomar el aperitivo, en la Plaza de las Ventas, en el Tibidabo.

 

Desde ahí ves toda la ciudad y notas esta energía. También, me gusta ir por las mañanas a la Boquería, a comprar los ingredientes que vamos a usar más tarde en el restaurante. Es el pulmón de la ciudad, allí sabes si será un día alegre lleno de gente o si será más tranquilo. Me gusta mucho todo el paseo marítimo, que es donde voy a correr dos o tres veces a la semana.

 

Barcelona tiene un encanto especial. Es una ciudad grande y parece al mismo tiempo un pueblo. Realmente llegas a conocer a la gente”, cuenta Romain mientras compartimos un postre “monstruo” que se prepara y sirve sobre la mesa y también se come directamente sobre ella, en un gran despliegue de helados, esferas y humos.

 

En Barcelona hay tantos restaurantes como gustos. Entre los favoritos de Romain se encuentran, el Caelis, claro, Tapas 24, Tickets Bar y La Torre de Altamar. Aunque también disfruta de ir a comer a los sitios del mercado. “La comida local es comida de plancha, sencilla, de producto. Hay productos tan buenos que no hace falta meterle detrás nada. Pescado a la plancha, unos calamares, y ya estás.

 

En nuestros restaurantes la gente viene a buscar algo más. Nosotros procuramos tratar estos productos de manera muy sencilla, pero aportando un corte más lúdico”, explica. Alguien como Romain es perfecto para ver en qué ha cambiado la gastronomía en Barcelona, desde afuera y desde adentro.

 

“En este periodo he visto muchos cambios, mucha evolución de los restaurantes. Barcelona pasó de ser un lugar con muchas cocinas de autor a cocina de tapas, cocinas asiáticas, de América del Sur, nikkei y de sitios muy bonitos. Se volvió una gastronomía única en el mundo.

 

Se ha hecho mucho en tema turismo y eso es clave para que pasemos esta crisis sin sufrir mucho. Me considero un ciudadano europeo, me interesa que mi ciudad siga atrayendo gente de afuera y haya intercambio de culturas”, dice.

 

Hay testimonios que señalan que desde 1200 existe la cocina catalana, a partir de un libro antiguo donde aparecen 250 recetas locales. Actualmente, Barcelona tiene 19 restaurantes con estrellas Michelin, al año tiene 560 mil sillas ocupadas y, a pesar de la crisis, los restaurantes no cierran, al contrario, constantemente abren nuevos.

 

Ya no hacen falta Juegos Olímpicos o grandes ferias para que la ciudad se transforme. Estos eventos fueron motores para que Barcelona se pusiera en marcha y es poco probable que se detenga. Todo parece indicar que Barcelona va hacia delante, tanto que ni una crisis la puede detener. Al igual que sucede con los barceloneses, no es fácil entrar a la ciudad, pero una vez que estás adentro, ya no te quieres ir. O ya no te deja.

 

Barcelona en tres capítulos
Elegimos a tres personajes para que nos dijeran qué es lo mejor de vivir en esta ciudad. 
Junio 25, 14
Fotografías por: Coke Bartrina
Fotos de Coke Bartrina

La que solía ser la capital del Mediterráneo es hoy la capital del autoelogio. Los barceloneses están enamorados de su ciudad. Las razones sobran: que se siente como pueblo, que es una ciudad universal pero a escala humana, que está abierta hacia fuera a todas las culturas del mundo, que está más viva que nunca y que todo queda muy cerca. 

 

Más allá del Barrio Gótico y las ramblas, de Parc Güell y la Basílica de la Sagrada Familia, el Born y la Barceloneta, Paseo de Gracia y Gaudí, el modernismo, la gastronomía que ha lanzado a Cataluña al mundo, todo lo conocido y revisitado, Barcelona tiene algo que sigue encantando.

 

Al final, Barcelona está construida de personas y es esa dimensión humana la que la hace comprensible. Por eso elegimos a tres personajes —un chef, un ejecutivo y un productor musical— para que nos explicaran a través de la gastronomía, la música y el arte qué es lo mejor de vivir en Barcelona.

 

 

CAPÍTULO UNO: LA CIUDAD DEL ARTE

La historia empieza en un café de El Raval. Más que un café, Granja M. Viader es una antigua confitería célebre por ser el lugar donde nació el Cacaolat, una bebida chocolatada famosa por alimentar a muchos niños catalanes desde 1930. Estoy en una mesa y frente a mí se encuentra Joan Abellà Barril, el jefe ejecutivo del Museu D´Art Contemporani de Barcelona (MACBA). Mientras me tomo un Cacaolat frío, me cuenta sobre este el barrio de El Raval para entender un poco de la actualidad de la ciudad en general. Y del arte, en particular.

 

“El barrio cambió a partir de los Juegos Olímpicos, en realidad toda la ciudad se transforma muchísimo. Se hace la Villa Olímpica al lado de la playa, desde las Torres MAPFRE, con la idea de que luego se volviera una zona residencial para que viviera la gente de Barcelona, y también se recuperan las playas. Se transforma también Montjuic y aparecen las rondas, las autopistas alrededor de la ciudad. Entonces, se decide que el siguiente paso sería recuperar el Born y El Raval”, explica Abellà.

 

En ese entonces (1992) no era fácil llegar al barrio, por su cercanía con el puerto, que venía con el paquete completo de marginación, prostitución e inmigración reciente. La solución requería de una acción drástica, una operación que cambiara la esencia tan compleja de la zona, pero sin arrasar con su encanto (y sus más de 200 lenguas y dialectos distintos).

 

Así nacieron el MACBA, el Centre de Cultura Contemporània Barcelona (CCC), sedes de universidades, y otros espacios creativos, como la Filmoteca de Catalunya, que se han combinado con espacios históricos muy interesantes que ya estaban ahí, como la Biblioteca Nacional de Catalunya, el Instituto de Estudios Catalanes, o la Escuela de arte de Cataluña.

 

También, aparecieron teatros grandes y pequeños, muchos talleres de artesanos y de artistas, galerías de arte. “Todo esto se fue ubicando aquí gracias a la transformación que se hizo de la plaza, donde está el MACBA. El museo ahora tiene 20 años abierto. Aunque la idea se empezó a gestar a mediados de los noventa”, cuenta Abellà sobre el edificio de Richard Meier que se erige luminoso y brillante en la Plaça del Àngels.

 

 

La ciudad tiene otros museos importantes. Algunos sobresalen por su acervo y otros como obra arquitectónica. “A Barcelona le pasa una cosa muy interesante”, continua Abellà: “Se ha construido a base de grandes eventos internacionales. La primera Exposición Internacional fue en 1888 y se construyó todo este complejo que hay entre el arco del triunfo y el parque, los edificios son de la primera exposición.

 

La segunda gran Feria Internacional fue la del 29, cuando se construyeron los complejos de la feria y el Palacio Nacional, también el Museo Nacional de Arte de Catalunya y el Pabellón Mies van der Rohe”. En la feria, se mostraba lo que estaba pasando en ese momento en el mundo, por eso Alemania trajo a Mies van der Rohe y más arriba, se creó el Poblet Español como el pabellón de España.

 

Muchos edificios temporales estuvieron a punto de tirarse después del evento, pero afortunadamente fueron indultados. Entre ellos está una obra del arquitecto modernista Piug i Cadafalch, una antigua fábrica que hoy es el Caixa Forum, un centro de actividades musicales, plásticas y de cine. También, en Montjuic se encuentra la Fundació Miró, que exhibe parte de la obra del artista barcelonés, en un entorno de árboles y esculturas. 

 

Ya fuera de Montjuic, dentro de un palacio en el Barrio Gótico, se encuentra el Museo Picasso, que exhibe obra del pintor pero haciendo hincapié en los inicios de su carrera (hay obras de cuando aún era un niño de una maestría sorprendente). “Dices Barcelona y dices tres artistas: Gaudí, Picasso, Miró y ahora le vamos a sumar Tàpies, que se murió el año pasado. Dalí tiene su museo en Figueras, está el Museo Picasso y las diferentes obras de Gaudí, y también está la Fundació Tàpies, un espacio pequeño, precioso”, dice Abellà.

 

Sin embargo, más allá de los museos, Barcelona es una ciudad con una arquitectura prodigiosa. Joan lo explica así: “Barcelona está viva y se renueva constantemente. Estamos renovando todos los mercados públicos porque son edificios emblemáticos, lugares que frecuentamos, no queremos que se degraden. Puedes seguir la historia de Barcelona a base de sus edificios. Es algo cultural”.

 

El paseo con Joan termina en el MACBA. Recorrer el backstage de un museo es una cosa impresionante, pues te permite curiosear, ser testigo del trabajo de curadores y de quienes montan cada cuadro.

 

CAPÍTULO 2: LA CIUDAD DE LA MÚSICA

¿Qué sería del arte sin la música y qué sería de una ciudad sin ella? “La música en directo está en el ADN del barcelonés, y se vive como algo natural. Olimpiadas, exposiciones internacionales, festivales grandes”, dice Tito Romaneda desde su oficina en un edificio antiguo ubicado en la Diagonal.

 

Pocas personas saben tanto de música como Tito, presidente ejecutivo de The Project, una empresa promotora y productora que lleva 25 años organizando conciertos, giras y festivales –casi 400 conciertos al año con 400 mil espectadores anuales.

 

“Es importante plantear los orígenes. Barcelona es una ciudad que siempre ha estado muy abierta a la cultura, que siempre ha mirado hacia Europa. En tiempos del franquismo, por ejemplo, por la cercanía se miraba más hacia Europa que hacia el resto de España”, explica Tito y agrega: “También el flamenco ha tenido mucho arraigo, y de hecho la rumba catalana nació aquí en Barcelona, no digo que renunciáramos a los orígenes españoles, pero sí que la proximidad geográfica con Francia nos abrió las puertas y Barcelona fue la pionera en la música en directo en el estado español”. 

 

En los años setenta, en pleno apogeo mundial del rock, hubo un boom en Europa. La proximidad a la frontera facilitó mucho que las giras de los grandes músicos y bandas llegaran a España, aunque sólo se presentaran en Barcelona. “Bruce Springsteen en los setenta, los Beatles un tiempo antes, Bob Marley. Estos artistas de este calado tan potente cogieron la plaza de Barcelona como un objetivo.

 

Así empezó esta tradición de música en directo de grupos internacionales, no sólo fue por un tema logístico, sino también por esta visión de Cataluña hacia Europa en temas culturales. A finales de los ochenta, apareció otro factor que fue importante para dimensionar esto, que fueron los Juegos Olímpicos, aquí se empezaron a construir equipamientos que no existían”, cuenta Ramoneda.

 

“Antes de los famosos juegos, la ciudad sólo contaba con un palacio de deportes, un campo de futbol donde se hacían conciertos, y las plazas de toros, pero no había un equipamiento indoor de gran capacidad para las grandes giras y las grandes bandas. A raíz de las Olimpiadas, se construyó el Palau Sant Jordi, un espacio para 18 mil personas que se creó pensando en la polivalencia para acoger grandes conciertos y eventos.

 

Fue el primer espacio cubierto de gran capacidad del estado español. Ninguna otra ciudad tenía un lugar con el equipamiento del Palau. El primer concierto que se realizó en este foro fue el de Miguel Bosé, en 1990. A partir de entonces las bandas más importantes pasaron por su escenario.”

 

No sólo son importantes los conciertos y las giras, sino también los festivales. Barcelona cuenta con algunos de los festivales más importantes de Cataluña, el Festival Internacional de Jazz celebró en 2013 su 45º edición (siendo uno de los más antiguos de Europa); Sónar y Primavera Sound, cada uno en su ámbito son los que mayor proyección internacional tienen, pero hay infinidad de festivales en la ciudad.

 

Festival de reggae, el de cajón, el de guitarra, el del milenio. Romaneda agrega: “Debe ser una de las ciudades con más festivales de música. Tenemos un público local receptivo que acude a estos festivales, pero también tenemos una ciudad que es escaparate en el mundo. Esto facilita que un evento en Barcelona sea internacional y haya más acogida de espectadores de fuera. Sonar está compuesto en un 40% de visitantes de fuera, el Primavera también”.

 

El Palau de la Música es otro elemento importante en la historia de la música en vivo de la ciudad. Esta joya del modernismo catalán fue construida pensando en la música vocal pero en estos cien años de historia ha pasado todo el mundo. Además, hay infinidad de teatros, muchas salas privadas, el barts (Barcelona Arts on Stage), el Camp Nou y el anfiteatro griego (al aire libre con una acústica sensacional, perfecto para verano). 

 

 

CAPÍTULO TRES: LA CIUDAD DE LA GASTRONOMÍA 

La Boquería es uno de los highlights de turistas y locales. Temprano por la mañana este mercado es concurrido por muchos chefs y señoras que van a hacer la compra del día. Recorrer, ver y descubrir los sabores y olores de Cataluña en un espacio bullicioso, entretenido, donde sólo se puede mantener la atención por poco tiempo antes de que un tendero recomiende sus mercancías o anuncie que tiene el pescado más fresco.

 

Entre sus pasillos, Romain Fornells se mueve como pez en el agua. Él es francés, chef del restaurante Caelis, un lugar elegantísimo dentro del hotel El Palace, que ostenta dos estrellas Michelin y una comida francesa y sofisticada, adaptada a los productos locales. Romain lleva 14 años en Barcelona, y además de Caelis es responsable del Café Emma, de un bar de jazz, de una brasserie en la zona alta y de Café Turo.

 

“Vine a Barcelona porque me llamaron para hacer este proyecto aquí”, dice. Y se quedó. “¿Qué me gusta de la ciudad? Barcelona es a escala humana, no te agobias ni para trabajar ni para pasar tiempo. Hay una dolce vita que es interesante: el mar, la montaña cerca, no hay mucho trafico, siempre hay una energía muy positiva en esta ciudad. No echo de menos Francia porque estamos cerca, a dos horas, en realidad es como vivir en otra ciudad. Solo hay una frontera, pero ahora Europa es como un país”, cuenta.

 

Como chef, trabajar en Barcelona tiene varias ventajas. Por un lado, el tener una clientela cosmopolita exigente y por otro, el estar en un lugar estratégico donde se consiguen productos muy interesantes, tanto del mar como de la montaña. “Es una maravilla. Siempre hay aceite de oliva, sal, tomate y el ajo, cuatro ingredientes muy importantes en nuestra cocina. Pero vamos cambiando el menú todo el tiempo. Hay productos que tienen un mes de vida y otros dos semanas”, explica.

 

Uno de los highlights del Caelis es la mesa del chef. No es una mesa cualquiera, detrás de un vidrio o cerca de la cocina. Está, literalmente, dentro de la cocina, en un rincón donde se vive (y disfruta) el ajetreo de la cocina.

 

Desde ahí uno puede observar todo el movimiento, la preparación de los platillos y aceptar una a una las sugerencias del chef y del sommelier (y si tiene suerte) que el chef se siente a la mesa a platicar. “Tengo varios lugares favoritos en Barcelona. Hay una vista que me encanta donde suelo ir a tomar el aperitivo, en la Plaza de las Ventas, en el Tibidabo.

 

Desde ahí ves toda la ciudad y notas esta energía. También, me gusta ir por las mañanas a la Boquería, a comprar los ingredientes que vamos a usar más tarde en el restaurante. Es el pulmón de la ciudad, allí sabes si será un día alegre lleno de gente o si será más tranquilo. Me gusta mucho todo el paseo marítimo, que es donde voy a correr dos o tres veces a la semana.

 

Barcelona tiene un encanto especial. Es una ciudad grande y parece al mismo tiempo un pueblo. Realmente llegas a conocer a la gente”, cuenta Romain mientras compartimos un postre “monstruo” que se prepara y sirve sobre la mesa y también se come directamente sobre ella, en un gran despliegue de helados, esferas y humos.

 

En Barcelona hay tantos restaurantes como gustos. Entre los favoritos de Romain se encuentran, el Caelis, claro, Tapas 24, Tickets Bar y La Torre de Altamar. Aunque también disfruta de ir a comer a los sitios del mercado. “La comida local es comida de plancha, sencilla, de producto. Hay productos tan buenos que no hace falta meterle detrás nada. Pescado a la plancha, unos calamares, y ya estás.

 

En nuestros restaurantes la gente viene a buscar algo más. Nosotros procuramos tratar estos productos de manera muy sencilla, pero aportando un corte más lúdico”, explica. Alguien como Romain es perfecto para ver en qué ha cambiado la gastronomía en Barcelona, desde afuera y desde adentro.

 

“En este periodo he visto muchos cambios, mucha evolución de los restaurantes. Barcelona pasó de ser un lugar con muchas cocinas de autor a cocina de tapas, cocinas asiáticas, de América del Sur, nikkei y de sitios muy bonitos. Se volvió una gastronomía única en el mundo.

 

Se ha hecho mucho en tema turismo y eso es clave para que pasemos esta crisis sin sufrir mucho. Me considero un ciudadano europeo, me interesa que mi ciudad siga atrayendo gente de afuera y haya intercambio de culturas”, dice.

 

Hay testimonios que señalan que desde 1200 existe la cocina catalana, a partir de un libro antiguo donde aparecen 250 recetas locales. Actualmente, Barcelona tiene 19 restaurantes con estrellas Michelin, al año tiene 560 mil sillas ocupadas y, a pesar de la crisis, los restaurantes no cierran, al contrario, constantemente abren nuevos.

 

Ya no hacen falta Juegos Olímpicos o grandes ferias para que la ciudad se transforme. Estos eventos fueron motores para que Barcelona se pusiera en marcha y es poco probable que se detenga. Todo parece indicar que Barcelona va hacia delante, tanto que ni una crisis la puede detener. Al igual que sucede con los barceloneses, no es fácil entrar a la ciudad, pero una vez que estás adentro, ya no te quieres ir. O ya no te deja.