Aires de Tramuntana

Aires de Tramuntana
Una corta pero efectiva travesía al último rincón de Cataluña: el Ampurdán. 

El Ampurdán (Empordà, en catalán) ha sido siempre tierra de grandes genios, forjados por la fascinante unión del mar y la montaña, y de una convivencia climatológica perfecta de radiante sol y viento. Es por esa fusión que los acantilados de la Costa Brava son difíciles de olvidar.     

Me despierto feliz, inmediatamente cargada de energías positivas, a sabiendas de que el viaje que estoy a punto de emprender no incluye el paso por ningún aeropuerto. Nada más lejos. Me doy cuenta de que estoy sonriendo —en un año, tres maletas perdidas y dos vuelos cancelados con noche en los siempre surrealistas, aunque llenos de vivencias, hoteles de aeropuerto—. Me digo convencida, “no fallará nada en este viaje”.

Me dispongo a salir de mi amada Barcelona, una breve escapada de tres o cuatro días, todavía no lo he decidido, hacia el norte. La mejor forma de visitar la costa más norteña de Catalunya: el coche. Aún no comienza la temporada más bulliciosa del verano, por lo que nos espera un placentero y más bien breve camino hasta nuestro destino. Aunque soy de la opinión de que el mar y la costa funcionan igual en la época estival que fuera de ella, quizá disfruto más con la segunda.

Pretendo volver a sitios ya conocidos, llenos de recuerdos, encuentros y experiencias. Esos rincones favoritos que nos vamos formando con el paso de los años, y a los que siempre nos apetece volver. No hay un objetivo claro más allá de disfrutar de una costa con pueblos impresionantes y aderezarlo todo con la mejor gastronomía catalana.

 

La llegada de la tramuntana

Empúries (Ampurias) nos recibe con una brisa del norte que sabemos sólo está anunciando la cercana llegada de la tramuntana. La zona del Alto Ampurdán, en plena Costa Brava y limítrofe en el norte con Francia, es una maravilla geográfica y paisajística, no decepciona al viajero que llega sin prisa.

El Hostal Empúries, estratégicamente situado en la cala de Portitxol y rodeado de frondosos pinares, es también estandarte de la unión del mar y la montaña. Se esconde frente a una pequeña playa de arena dorada y de apariencia privada; limitada por las ruinas arqueológicas de Empúries, metrópolis con vestigios grecorromanos. La calidez contagiosa de la madera, da la bienvenida en las habitaciones con vistas al mar, en la zona nueva, hay 19 y las llaman “spa”. Se percibe una sensación de refugio de montaña; un olor intenso a leña gobierna los espacios y los techos recuerdan otras experiencias de invierno, en otras altitudes, más alejadas del mar. El hotel dispone también de fantásticas habitaciones en la zona más antigua, en el edificio original de 1907 y desde el que Josep Puig i Cadafalch, uno de los grandes arquitectos del modernismo catalán, dirigía las excavaciones de las ruinas. Pienso en alojarme allí, la próxima vez que venga. Sé que será pronto. Son suyos, edificios como la Casa Amatller en Barcelona, vecina puerta con puerta de la Casa Batlló de Gaudí, o de la Casa de les Punxes, pura arquitectura de finales del modernismo. 

Saliendo de la habitación me cruzo con una pareja, “bon dia”, claramente están visitando el hotel para celebrar algo especial, se me antoja que una boda. Vuelvo la vista atrás y reconozco que es una actriz de Barcelona, con una interesante carrera delante y detrás de las cámaras. Seguro, ahora sí, que es para casarse.

Sólo observando con actitud totalmente contemplativa, una entiende por qué tantas figuras destacadas en diferentes disciplinas artísticas han encontrado aquí su inspiración. Los borregos en el mar, cuando empieza a hacer su aparición la ya anunciada tramuntana, las olas rotas por el creciente aire, esa confusión de los sonidos... ¿Será el mar...?, ¿será el viento?, un paseo por las dunas bordeando la costa hasta el pueblo medieval de Sant Martí, d’Empúries. Sólo hace falta acercarse a la ventana para tener la certeza absoluta de que lo que ves y oyes, es la tramuntana. Las olas y su espuma se confunden con las nubes bajas que anuncian tormenta. Una tormenta sin lluvia.

El famoso viento del norte nos acompañaría en todos los paseos de los siguientes días. El primero y casi obligado, por su proximidad, es el pequeño pueblo  de Sant Martí d’Empúries —que en el último censo se contaron 61 habitantes—. Es imposible perderse, aparece a escasos 200 metros de las ruinas. Las bicis no son lo mío, pero me descubro mirando atentamente, incluso tentada a probar las que el hotel tiene disponibles. Después de valorarlo, me decido a caminar. La fuerza del viento no hace el paseo fácil, pero cumplo mi objetivo de ver las ruinas. Siempre he admirado de las culturas grecorromanas, especialmente de la segunda, ese gran acierto en escoger lugares maravillosos para establecerse. Ya en el pueblo, destaca la iglesia de Sant Martí del año 824, y un templo más actual construido en 1507. Algunas de las casas del centro, habitadas, datan del siglo xvi. Descubrimos una animada zona de terrazas que se convierte en el núcleo de máxima actividad social durante los meses de más calor.

Al volver veo que definitivamente lo que me llama es la sala biblioteca. Se encuentra estratégicamente situada al lado del espacio que alberga la chimenea, reina un silencio acogedor, pero casi insostenible, demasiado intenso y pesado. Sorprende encontrar la sala llena. Repito interiormente en mi memoria “bajar mañana antes y reservar sitio en la biblioteca”. La visión de la piel de los sillones chesters y las lámparas retro que rodean todos los libros, han resultado ser una auténtica provocación.

No se puede hablar de l’Empordà sin hablar de comida, de su excelente gastronomía. La magia del mar y la montaña llega también a los fogones. Son ya conocidos el pollo con langostinos, las albóndigas con sepia, pero en el Hostal Empúries, esta unión llega en forma de sardina con panceta ibérica Maldonado y de arroz de Pals blanco con congrio y calabacín, todo de la mano de Rafa Peña, quien dirige con gran maestría una cocina basada en productos ecológicos de proximidad. Se agradece comprobar que no todo lo que está en la carta está siempre disponible. Depende del huerto de cultivo ecológico, situado en el mismo hotel, de la pesca del día en L’Escala y de todo tipo de circunstancias que enfrenta, día a día, el producto fresco y de temporada. No faltan en la mesa, otros imprescindibles y pequeños placeres de la zona, como el pan recién hecho, como el de antes, y el aceite de oliva ecológico, con do, fruto de la mezcla de las variedades de olivas autóctonas, como Argudell, Corivell y Verdial. Rafa Peña es también chef y propietario de Gresca, uno de los secretos mejor guardados de l’Eixample barcelonés.

Muy cerca, en otro enclave muy especial, encontramos el restaurante Pera Batlla, situado en el antiguo molino de l’Armentera. En esos momentos de la noche, la tramuntana es tan fuerte, que agradecemos las barandillas de apoyo para bajar las escaleras que nos conducen al interior de la aceña. Recibimos con una sonrisa a los únicos comensales que también habían decidido que ningún vendaval se antepondría entre ellos y una fantástica cena. Espacio increíble, trato muy profesional y agradable, Antonia y Clara son las perfectas anfitrionas, carta de vinos soberbia y contundente y, por supuesto, gran cocina con productos también del huerto propio y ecológico. Inolvidable la crema de lentejas, sorprendentes los calamares rebozados negros y de concurso la presentación del steak tartar.

 

Esencia daliniana

La segunda parte de este corto periplo me lleva inevitablemente a Cadaqués; aún un minisecreto guardado en el que el tiempo pasa más despacio, pues estuvo durante un largo periodo aislado del exterior. Hoy en día se puede acceder sólo a través de una sinuosa carretera que regala fotografías imborrables en cada curva. El antiguo pueblo pescador retiene algo especial que lo hace único, algo que sólo los sitios a los que se tarda en llegar tienen. Parte del viaje, el mental, el emocional, se realiza en el trayecto. Esa inaccesibilidad, al estar lejos de las vías principales y más frecuentadas, de las estaciones del tren, le dan ese espíritu de atemporalidad, de algo extraordinario.

Me alegra ver que el tiempo pasa y nada cambia. Siguen ahí mis sitios, “los clásicos”. El Casino de la Amistad, antigua sociedad de beneficencia, que data en 1870, modernista y con elementos decorativos neoclásicos, edificio blanco típicamente del pueblo: hoy centro de actividades culturales, y lo más importante, bar y punto de encuentro de lugareños y extraños. Altamente recomendable durante las horas de sol, antes y después de comer, pero imprescindible para los aperitivos. Sigue también en su sitio el hostal Cristina, donde pasé tantas noches de otros veranos de juventud, precios asequibles y perfecta localización. Las terrazas en la pequeña playa de piedras, siempre llenas de franceses de visita dada la proximidad con nuestro vecino del norte, el mercadillo entre hippie y de antigüedades, y otras tantas tiendas, en extremo caras, y de increíble gusto y estilo.

Inspiración de Salvador Dalí cuando era niño, fue años después el lugar donde fijó su residencia, exactamente en Port Lligat, al norte de Cadaqués. Fue él quien llevó a numerosos artistas e intelectuales a conocer el lugar. Se sabe que Matisse, Picasso, Ernst o Duchamp pudieron contemplar la luz de Cadaqués y pasear por sus características callejuelas empedradas.

Mientras el nuevo proyecto de Ferran Adrià —elBullifoundation— va tomando cuerpo, Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateo Casañas, chefs de El Bulli, se embarcan en una nueva aventura llamada Compartir. En pleno centro de Cadaqués, rodeados de galerías de arte y con un par de apartamentos y habitaciones para alquilar. Sin intentar emular lo que les precede, presentan una cocina evolucionada y cuidada, pero a la vez informal, para estar con los amigos, para compartir. Las cosas simples cobran protagonismo, como la ensalada de tomate con fresas, la tempura de langostinos y espárragos con mole, el arroz ibérico con trompetas de la muerte, el chessecake deconstruido. Al entrar no hay duda de hasta dónde llegan las noticias en este mundo en exceso comunicado; apenas unos meses abiertos y ya hay lista de espera y el restaurante está, obviamente, completo. Hoy no podrán utilizar la estupenda terraza por si de nuevo llega la ventisca que trae la tramuntana. Muy a su pesar, me temo, son inevitables las fotos del chef con un grupo de japoneses, seguro muy bien informados y amantes de la gastronomía de este país.

Cadaqués se despide con un día brillante, lleno de reflejos, con una gran claridad y potencia, con una luz que en silencio explica muchas cosas. Los cadaquenses lo llaman el sol de tramontana. Yo miro el reloj, creo que el tiempo se ha detenido. Barcelona, a tan sólo 171 kilómetros, parece ahora tan lejana...

 

GÚIA PRÁCTICA COSTA BRAVA

Dónde dormir

Hostal Empúries 

Platja de Portitxol s/n, l’Escala, Girona

T.+34 (972) 770 207

 

El Petit Convent

Sant Josep 3, Begur, Girona

T. +34 (972) 622 724

 

La Malcontenta

Paratge de Torremirona 

Platja de Castell 12, Palamós, Girona

T. +34 (972) 312 330

 

Dónde comer

Restaurante Portitxol (en el Hostal Empúries) 

Platja de Portitxol s/n, l’Escala, Girona 

T. +34 (972) 770 207

 

Restaurante Pera Batlla 

Camí del Molí s/n, L’Armentera, Girona

T. +34 (872) 980 103

 

Restaurante Compartir 

Riera Sant Vicenç s/n, Cadaqués

T. +34 (972) 258 482

 

Qué hacer

Pese a que las compras no son en absoluto el tema a destacar de este recorrido, me permito compartir un secreto: uno de los pocos outlets concurridos y conocidos de la comarca. 

Boutique Pili López

Carretera de Banyoles 7, Camallera, Girona

T. +34 (972) 794 058

Aires de Tramuntana
Una corta pero efectiva travesía al último rincón de Cataluña: el Ampurdán. 
Julio 2, 14
Fotografías por:
Fotos de Cristina Candel
Fotos de Cristina Candel

El Ampurdán (Empordà, en catalán) ha sido siempre tierra de grandes genios, forjados por la fascinante unión del mar y la montaña, y de una convivencia climatológica perfecta de radiante sol y viento. Es por esa fusión que los acantilados de la Costa Brava son difíciles de olvidar.     

Me despierto feliz, inmediatamente cargada de energías positivas, a sabiendas de que el viaje que estoy a punto de emprender no incluye el paso por ningún aeropuerto. Nada más lejos. Me doy cuenta de que estoy sonriendo —en un año, tres maletas perdidas y dos vuelos cancelados con noche en los siempre surrealistas, aunque llenos de vivencias, hoteles de aeropuerto—. Me digo convencida, “no fallará nada en este viaje”.

Me dispongo a salir de mi amada Barcelona, una breve escapada de tres o cuatro días, todavía no lo he decidido, hacia el norte. La mejor forma de visitar la costa más norteña de Catalunya: el coche. Aún no comienza la temporada más bulliciosa del verano, por lo que nos espera un placentero y más bien breve camino hasta nuestro destino. Aunque soy de la opinión de que el mar y la costa funcionan igual en la época estival que fuera de ella, quizá disfruto más con la segunda.

Pretendo volver a sitios ya conocidos, llenos de recuerdos, encuentros y experiencias. Esos rincones favoritos que nos vamos formando con el paso de los años, y a los que siempre nos apetece volver. No hay un objetivo claro más allá de disfrutar de una costa con pueblos impresionantes y aderezarlo todo con la mejor gastronomía catalana.

 

La llegada de la tramuntana

Empúries (Ampurias) nos recibe con una brisa del norte que sabemos sólo está anunciando la cercana llegada de la tramuntana. La zona del Alto Ampurdán, en plena Costa Brava y limítrofe en el norte con Francia, es una maravilla geográfica y paisajística, no decepciona al viajero que llega sin prisa.

El Hostal Empúries, estratégicamente situado en la cala de Portitxol y rodeado de frondosos pinares, es también estandarte de la unión del mar y la montaña. Se esconde frente a una pequeña playa de arena dorada y de apariencia privada; limitada por las ruinas arqueológicas de Empúries, metrópolis con vestigios grecorromanos. La calidez contagiosa de la madera, da la bienvenida en las habitaciones con vistas al mar, en la zona nueva, hay 19 y las llaman “spa”. Se percibe una sensación de refugio de montaña; un olor intenso a leña gobierna los espacios y los techos recuerdan otras experiencias de invierno, en otras altitudes, más alejadas del mar. El hotel dispone también de fantásticas habitaciones en la zona más antigua, en el edificio original de 1907 y desde el que Josep Puig i Cadafalch, uno de los grandes arquitectos del modernismo catalán, dirigía las excavaciones de las ruinas. Pienso en alojarme allí, la próxima vez que venga. Sé que será pronto. Son suyos, edificios como la Casa Amatller en Barcelona, vecina puerta con puerta de la Casa Batlló de Gaudí, o de la Casa de les Punxes, pura arquitectura de finales del modernismo. 

Saliendo de la habitación me cruzo con una pareja, “bon dia”, claramente están visitando el hotel para celebrar algo especial, se me antoja que una boda. Vuelvo la vista atrás y reconozco que es una actriz de Barcelona, con una interesante carrera delante y detrás de las cámaras. Seguro, ahora sí, que es para casarse.

Sólo observando con actitud totalmente contemplativa, una entiende por qué tantas figuras destacadas en diferentes disciplinas artísticas han encontrado aquí su inspiración. Los borregos en el mar, cuando empieza a hacer su aparición la ya anunciada tramuntana, las olas rotas por el creciente aire, esa confusión de los sonidos... ¿Será el mar...?, ¿será el viento?, un paseo por las dunas bordeando la costa hasta el pueblo medieval de Sant Martí, d’Empúries. Sólo hace falta acercarse a la ventana para tener la certeza absoluta de que lo que ves y oyes, es la tramuntana. Las olas y su espuma se confunden con las nubes bajas que anuncian tormenta. Una tormenta sin lluvia.

El famoso viento del norte nos acompañaría en todos los paseos de los siguientes días. El primero y casi obligado, por su proximidad, es el pequeño pueblo  de Sant Martí d’Empúries —que en el último censo se contaron 61 habitantes—. Es imposible perderse, aparece a escasos 200 metros de las ruinas. Las bicis no son lo mío, pero me descubro mirando atentamente, incluso tentada a probar las que el hotel tiene disponibles. Después de valorarlo, me decido a caminar. La fuerza del viento no hace el paseo fácil, pero cumplo mi objetivo de ver las ruinas. Siempre he admirado de las culturas grecorromanas, especialmente de la segunda, ese gran acierto en escoger lugares maravillosos para establecerse. Ya en el pueblo, destaca la iglesia de Sant Martí del año 824, y un templo más actual construido en 1507. Algunas de las casas del centro, habitadas, datan del siglo xvi. Descubrimos una animada zona de terrazas que se convierte en el núcleo de máxima actividad social durante los meses de más calor.

Al volver veo que definitivamente lo que me llama es la sala biblioteca. Se encuentra estratégicamente situada al lado del espacio que alberga la chimenea, reina un silencio acogedor, pero casi insostenible, demasiado intenso y pesado. Sorprende encontrar la sala llena. Repito interiormente en mi memoria “bajar mañana antes y reservar sitio en la biblioteca”. La visión de la piel de los sillones chesters y las lámparas retro que rodean todos los libros, han resultado ser una auténtica provocación.

No se puede hablar de l’Empordà sin hablar de comida, de su excelente gastronomía. La magia del mar y la montaña llega también a los fogones. Son ya conocidos el pollo con langostinos, las albóndigas con sepia, pero en el Hostal Empúries, esta unión llega en forma de sardina con panceta ibérica Maldonado y de arroz de Pals blanco con congrio y calabacín, todo de la mano de Rafa Peña, quien dirige con gran maestría una cocina basada en productos ecológicos de proximidad. Se agradece comprobar que no todo lo que está en la carta está siempre disponible. Depende del huerto de cultivo ecológico, situado en el mismo hotel, de la pesca del día en L’Escala y de todo tipo de circunstancias que enfrenta, día a día, el producto fresco y de temporada. No faltan en la mesa, otros imprescindibles y pequeños placeres de la zona, como el pan recién hecho, como el de antes, y el aceite de oliva ecológico, con do, fruto de la mezcla de las variedades de olivas autóctonas, como Argudell, Corivell y Verdial. Rafa Peña es también chef y propietario de Gresca, uno de los secretos mejor guardados de l’Eixample barcelonés.

Muy cerca, en otro enclave muy especial, encontramos el restaurante Pera Batlla, situado en el antiguo molino de l’Armentera. En esos momentos de la noche, la tramuntana es tan fuerte, que agradecemos las barandillas de apoyo para bajar las escaleras que nos conducen al interior de la aceña. Recibimos con una sonrisa a los únicos comensales que también habían decidido que ningún vendaval se antepondría entre ellos y una fantástica cena. Espacio increíble, trato muy profesional y agradable, Antonia y Clara son las perfectas anfitrionas, carta de vinos soberbia y contundente y, por supuesto, gran cocina con productos también del huerto propio y ecológico. Inolvidable la crema de lentejas, sorprendentes los calamares rebozados negros y de concurso la presentación del steak tartar.

 

Esencia daliniana

La segunda parte de este corto periplo me lleva inevitablemente a Cadaqués; aún un minisecreto guardado en el que el tiempo pasa más despacio, pues estuvo durante un largo periodo aislado del exterior. Hoy en día se puede acceder sólo a través de una sinuosa carretera que regala fotografías imborrables en cada curva. El antiguo pueblo pescador retiene algo especial que lo hace único, algo que sólo los sitios a los que se tarda en llegar tienen. Parte del viaje, el mental, el emocional, se realiza en el trayecto. Esa inaccesibilidad, al estar lejos de las vías principales y más frecuentadas, de las estaciones del tren, le dan ese espíritu de atemporalidad, de algo extraordinario.

Me alegra ver que el tiempo pasa y nada cambia. Siguen ahí mis sitios, “los clásicos”. El Casino de la Amistad, antigua sociedad de beneficencia, que data en 1870, modernista y con elementos decorativos neoclásicos, edificio blanco típicamente del pueblo: hoy centro de actividades culturales, y lo más importante, bar y punto de encuentro de lugareños y extraños. Altamente recomendable durante las horas de sol, antes y después de comer, pero imprescindible para los aperitivos. Sigue también en su sitio el hostal Cristina, donde pasé tantas noches de otros veranos de juventud, precios asequibles y perfecta localización. Las terrazas en la pequeña playa de piedras, siempre llenas de franceses de visita dada la proximidad con nuestro vecino del norte, el mercadillo entre hippie y de antigüedades, y otras tantas tiendas, en extremo caras, y de increíble gusto y estilo.

Inspiración de Salvador Dalí cuando era niño, fue años después el lugar donde fijó su residencia, exactamente en Port Lligat, al norte de Cadaqués. Fue él quien llevó a numerosos artistas e intelectuales a conocer el lugar. Se sabe que Matisse, Picasso, Ernst o Duchamp pudieron contemplar la luz de Cadaqués y pasear por sus características callejuelas empedradas.

Mientras el nuevo proyecto de Ferran Adrià —elBullifoundation— va tomando cuerpo, Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateo Casañas, chefs de El Bulli, se embarcan en una nueva aventura llamada Compartir. En pleno centro de Cadaqués, rodeados de galerías de arte y con un par de apartamentos y habitaciones para alquilar. Sin intentar emular lo que les precede, presentan una cocina evolucionada y cuidada, pero a la vez informal, para estar con los amigos, para compartir. Las cosas simples cobran protagonismo, como la ensalada de tomate con fresas, la tempura de langostinos y espárragos con mole, el arroz ibérico con trompetas de la muerte, el chessecake deconstruido. Al entrar no hay duda de hasta dónde llegan las noticias en este mundo en exceso comunicado; apenas unos meses abiertos y ya hay lista de espera y el restaurante está, obviamente, completo. Hoy no podrán utilizar la estupenda terraza por si de nuevo llega la ventisca que trae la tramuntana. Muy a su pesar, me temo, son inevitables las fotos del chef con un grupo de japoneses, seguro muy bien informados y amantes de la gastronomía de este país.

Cadaqués se despide con un día brillante, lleno de reflejos, con una gran claridad y potencia, con una luz que en silencio explica muchas cosas. Los cadaquenses lo llaman el sol de tramontana. Yo miro el reloj, creo que el tiempo se ha detenido. Barcelona, a tan sólo 171 kilómetros, parece ahora tan lejana...

 

GÚIA PRÁCTICA COSTA BRAVA

Dónde dormir

Platja de Portitxol s/n, l’Escala, Girona

T.+34 (972) 770 207

 

Sant Josep 3, Begur, Girona

T. +34 (972) 622 724

 

Paratge de Torremirona 

Platja de Castell 12, Palamós, Girona

T. +34 (972) 312 330

 

Dónde comer

  • Restaurante Portitxol (en el Hostal Empúries) 

Platja de Portitxol s/n, l’Escala, Girona 

T. +34 (972) 770 207

 

Camí del Molí s/n, L’Armentera, Girona

T. +34 (872) 980 103

 

Riera Sant Vicenç s/n, Cadaqués

T. +34 (972) 258 482

 

Qué hacer

  • Pese a que las compras no son en absoluto el tema a destacar de este recorrido, me permito compartir un secreto: uno de los pocos outlets concurridos y conocidos de la comarca. 

Boutique Pili López

Carretera de Banyoles 7, Camallera, Girona

T. +34 (972) 794 058