La Casa de El hijo del Ahuizote

La Casa de El hijo del Ahuizote
La antigua sede del periódico El hijo del Ahuizote funciona actualmente como imprenta, archivo y museo.
Mayo 30, 16
Fotografías por: Facebook La Casa de El hijo del Ahuizote

En 1903, en la calle Chiconautla 2 (hoy República de Colombia 42, a unas cuadras del zócalo), la redacción del periódico El hijo del Ahuizote, en donde trabajaban los hermanos Flores Magón, colgó un letrero que rezaba: “La constitución ha muerto”, contrario a los moños que colgó Porfirio Díaz por la ciudad para celebrar un año más de la Constitución de 1857.

 

En esos momentos, México vivía bajo dictadura, y esta publicación se caracterizaba por ser opositora del régimen. Como consecuencia, los hermanos Flores Magón hubieron de exiliarse en Estados Unidos, la historia de México siguió su curso, la calle se llenó de comerciantes y la casa quedó sepultada, o camuflada, por el ambulantaje.

 

Más de cien años después, a partir de esa fotografía, la familia Flores Magón encontró la casa para, al poco, comenzar un proyecto de reinserción urbana, resignificación de espacios y reciprocidad con la comunidad. Así, en el año 2013 La Casa de El hijo del Ahuizote se abrió al público, pero hasta el 2015 empezó a funcionar como centro cultural, con actividades diversas como encuentros entre editoriales independientes y artesanales, talleres o presentaciones de libros.

 

De la mano de su director Diego Flores Magón, bisnieto de Enrique Flores Magón, la Casa de El hijo del Ahuizote se enfoca, sobre todo, en tres ejes: imprenta -donde trabajan con otras asociaciones, como La casa del cine en el centro histórico, entre muchas otras, y con miras a pronto tener un programa editorial propio, archivo -que él prefiere entender como repositorio, donde se pueden consultar documentos del magonismo, digitalizados con ayuda de una beca de la Universidad de Harvard- y museo, con ejemplares de las míticas publicaciones opositoras del porfirismo, como Regeneración o El hijo del Ahuizote.

 

Como parte de su programa de buena vecindad, el diálogo constante con la comunidad, mediante talleres y otras actividades, es parte importante del espíritu de esta casa, al punto de ser un nodo entre vecinos y otro tipo de asociaciones o proyectos culturales, históricos o políticos.

 

Parte de su mentalidad es no sólo tener presente la historia, sino poder conversar, o por lo menos no ignorar, coyunturas políticas relevantes. Es por eso que su director especifica que no se trata de un espacio nostálgico, sino vivo.

 

De esta manera, uno de sus proyectos fue, a un año de la tragedia de Ayotzinapa, una exposición de fotografías de los 43 estudiantes desaparecidos, así como colgar los retratos de Rubén Espinosa y Nadia Vera, fotógrafo y activista asesinados en la colonia Narvarte en el 2015, junto a una frase magonista vigente.

 

En esa línea, ahora en metro Hidalgo hay una vitrina con frases redactadas por los Flores Magón hace más de un siglo, que sin embargo también siguen vigentes. Es el punto de la exposición, lo mismo que de la Casa: de esta manera el pasado cobra vigencia y se emite un mensaje político destinado a la memoria.