Los más grandes de la ópera

Los más grandes de la ópera
Estuvimos en Guadalajara donde Plácido Domingo y Rolex nos permitieron vivir de cerca la final del concurso de ópera más importante del mundo. Y sí, volvimos tarareando Romeo y Julieta.  
Agosto 31, 16
Fotografías por: Cortesía Rolex

No hace falta saber de ópera para darse cuenta de que uno está delante de un grande, y si es Plácido Domingo más sencillo todavía. Estamos en Guadalajara para disfrutar de la final de Operalia, el concurso internacional de ópera fundado por Plácido Domingo en 1993 y patrocinado por Rolex desde 2001. Operalia tiene un objetivo muy claro: promover a los jóvenes talentos que están iniciando en el mundo de la ópera y la zarzuela; hombres y mujeres de todo el mundo que luchan por sobresalir y darse a conocer en los escenarios internacionales. 

 

 

 

 

Cuando entramos al Teatro Degollado, donde los participantes se están preparando para la final, nos encontramos con el famoso cantante dirigiendo a la orquesta, en el foso. En este evento Plácido no es nada más un nombre, sino que es parte fundamental del engranaje. Él y toda su familia trabajan a la par de los participantes para hacer del concurso un éxito. Encaramados en un palco, nosotros, los afortunados periodistas invitados por Rolex, observamos como hipnotizados lo que sucede allá abajo, en el escenario. Aparece un joven de jeans y camiseta que parece un tipo común, pero con la primera nota que canta nos damos cuenta de que este muchacho no tiene nada de común. Se llama Rame Lahaj y es un joven kosovar. Le sigue una chica rusa, Olga Kulchynska, que nos encanta a todos con su voz, incluido Plácido, quien parece disfrutar especialmente la pieza que eligió la soprano. Hay algo muy especial de poder ver este detrás de cámaras, porque a diferencia de otra música aquí uno puede ver cómo la magia sale de cada instrumento o de la voz misma. Cuando terminan los ensayos tenemos la suerte de platicar con Plácido, quien amablemente nos cuenta cómo trabaja con estos jóvenes, cómo los ayuda a prepararse para el concurso, eligiendo las piezas y trabajándolas, y cómo él, junto al panel de jueces, se enfrentan a la difícil tarea de elegir un ganador. 

 

 

 

 

Al día siguiente, concursantes y espectadores volvemos al teatro ya ataviados como merece una gala de este nivel. Pareciera que todo Guadalajara estuviera reunida aquí, y es que desde su creación, en 1993, sólo una vez, en 1994, el concurso se ha celebrado en suelo mexicano —en la Ciudad de México—. Ésta es la primera vez que Operalia se lleva a cabo en Guadalajara, en el Teatro Degollado, donde el mismo Plácido comenzó su carrera de niño, al lado de sus padres, reconocidos cantantes de zarzuela. La ocasión es doblemente especial.

 

A lo largo de casi tres horas desfilan concursantes de todas partes del mundo —Francia, Corea del Sur, Estados Unidos, Rusia—, y los asistentes podemos disfrutar de fragmentos de algunas de las óperas más reconocidas. Durante toda la gala, Plácido Domingo se mantiene al frente de la orquesta —es la Filarmónica de Jalisco— conduciendo a los músicos y a los cantantes. Finalmente, después de deliberar, los jueces eligen a los dos ganadores: Elsa Dreisig, de Francia, y Keon-Woo Kim, de Corea del Sur. Pero lo cierto es que los diez finalistas han conseguido ya lo más importante: colocarse delante de los reflectores, darse a conocer y abrir así las puertas de nuevas oportunidades laborales, ya que, finalmente, Operalia es una plataforma para lanzar nuevos talentos. 

 

 

 

 

El cierre del evento es una majestuosa cena, durante la cual no podemos más que hablar de ópera, aunque ninguno de nosotros sea un experto. Cuando llega Plácido Domingo todos los asistentes se levantan y aplauden, es sin duda un personaje querido entre los tapatíos. Una vez que terminamos de cenar, más de uno se acerca a la mesa del cantante y director para felicitarlo por tan exitoso evento. Y nosotros nos vamos a dormir pensando en arias y zarzuelas, como hechizados todavía por el maravilloso mundo de estas voces que parecieran salidas de otro planeta.

 

 

 

 

Rolex y las artes

El apoyo y promoción a las artes y la música es parte fundamental de la misión de Rolex, una tradición que comenzó su fundador Hans Wilsdorf. 

 

Su primera Tesimoniee en las artes fue la cantante de ópera neozelandesa Kiri Te Kanawa, y desde entonces la lista ha seguido creciendo. La pasión y la precisión caracterizan las interpretaciones de los artistas con los que Rolex está asociada. Es por eso que su alianza con Plácido Domingo, como patrocinador único de Operalia, surge de manera natural, pues se trata de un evento que busca los mismos valores de la marca suiza. Para más detalles sobre los finalistas, ediciones anteriores o incluso cómo participar el próximo año, visita operaliacompetition.org y rolex.com.