Una escapada a los rápidos de Jalcomulco

Una escapada a los rápidos de Jalcomulco
El paraíso para los viajeros de aventura.

En cuanto puse un pie en Aldea Rodavento, todos se sorprendieron de verme llegar sola a un destino tan acostumbrado a recibir grupos grandes o parejas. Se sintieron tan mal, que le pidieron a una chica del staff que me acompañara en mis horas de comida y ratos libres.

 

En otra situación hubiera preferido hacerles entender que no tenía ningún problema con viajar por mi cuenta, que en realidad lo disfrutaba, pero Ely era tan simpática que pronto nos hicimos amigas: durante el rato que pasamos juntas, no perdió oportunidad para darme un recorrido tanto por la aldea (inmersa en la selva veracruzana, pero con todas las comodidades que uno necesita y habitaciones tipo safari o cabañas) como por el pueblo, llenándome de datos curiosos sobre el pequeño lugar que la vio crecer.

 

Mientras caminábamos por el río, al atardecer, me explicó que éste se divide en dos: Antigua y Pescados, que inicia en Pico de Orizaba y desemboca en el golfo de México. Dependiendo de la temporada, y del nivel del agua, se puede practicar rafting y kayak en uno o ambos. También me contó que la población vive de la agricultura, siendo la caña de azúcar, el limón sin semilla y los mangos su principal ingreso.

 

Pronto descubrí que todos esos árboles que se ven a lo lejos y parecen brócolis, en realidad, son mangíferas. Además, agregó, la gente del pueblo practica pesca con canastas de bejuco que ellos mismos tejen, siendo los langostinos la especialidad, que después se preparan en salsa verde o enchipotlados.

 

El turismo, por supuesto, es otra fuente de empleo. Desde muy pequeños los niños del pueblo aprenden a practicar deportes extremos, y los más habilidosos se convierten en rookies, término anglosajón que utilizan para los aprendices. Ellos entrenan varios años hasta convertirse en guías.

 

Tras una entretenida plática, mi recorrido con Ely terminó al llegar la noche, y, para rematar con el encanto del lugar, pasamos por una zona que estaba repleta de luciérnagas, animales que me parecen fascinantes y hace tiempo no veía.

 

Como llegué entre semana  —y era la única huésped del hotel— me habían advertido que no tendría la oportunidad de practicar ninguna actividad de aventura, así es que, triste por perderme lo mejor de Jalcomulco, y sin estar muy segura de qué iba a hacer para ocupar mis días, empaqué un par de vestidos veraniegos, dos libros y nada más. Corte a: yo, al día siguiente, haciendo cañonismo y rafting con la ropa más inadecuada del planeta, incluyendo tenis de cuero.

 

Los guías no paraban de reírse de mi “elegancia”, y con justa razón. “No sabía que vendría”, les decía sin mucha opción más que reírme también de mi situación.

 

Una camioneta te transporta todos los días de la aldea a la actividad que hayas elegido. En el caso del cañonismo, es una hermosa caminata al aire libre por la selva, en la que puedes ver desde orquídeas hasta tucanes, que cada vez se va cerrando más y más hasta desembocar en una poza a la que tienes que saltar. No son muchos metros, pero de cualquier forma impresiona.

 

Cuando le pregunté a Luis, el encargado de coordinar las excursiones, cómo había descubierto una ruta tan maravillosa y escondida, me contestó: “Llevo más de 20 años trabajando en esto, chamaca; y la fórmula es ésta: ahí donde los locales te dicen que no te metas porque hay hadas o duendes es justo donde debes entrar”.

 

Después de un breve refrigerio, nos subimos de nuevo a la camioneta ahora rumbo al río Pescados, donde comenzaría el recorrido en balsa. Ahí es donde descubrí que el simple hecho de ir en la carretera, con el viento en la cara, y pasar por los cultivos de caña de azúcar y los árboles de mango, es en sí un lujo.

 

Cuando llegamos a la zona de rafting, después de una corta pero inquietante explicación que te hace sentir como que no debiste salir de tu casa sin testamento, es momento de entrar al río con cuidado pero sin temor: estás en buenas manos.

 

El equipo de Rodavento lleva a un fotógrafo para que tú no te tengas que preocupar por nada. Lo curioso es, al día siguiente, ver el video: tus caras de no-sé-qué-es-esto-pero-qué-padre-y-qué-miedo mientras pasas por los rápidos, y reconocer que tu dolor muscular no es nada proporcional al trabajo que en realidad hiciste para que la balsa no se volteara.

 

Después de esta increíble experiencia no queda más que, por la noche, relajarte con un temazcal o masaje, dormir como nunca, despertar al día siguiente y esperar con ansias el día en que puedas regresar, solo o acompañado.

Una escapada a los rápidos de Jalcomulco
El paraíso para los viajeros de aventura.
Mayo 10, 16
Fotografías por: Cortesía

En cuanto puse un pie en Aldea Rodavento, todos se sorprendieron de verme llegar sola a un destino tan acostumbrado a recibir grupos grandes o parejas. Se sintieron tan mal, que le pidieron a una chica del staff que me acompañara en mis horas de comida y ratos libres.

 

En otra situación hubiera preferido hacerles entender que no tenía ningún problema con viajar por mi cuenta, que en realidad lo disfrutaba, pero Ely era tan simpática que pronto nos hicimos amigas: durante el rato que pasamos juntas, no perdió oportunidad para darme un recorrido tanto por la aldea (inmersa en la selva veracruzana, pero con todas las comodidades que uno necesita y habitaciones tipo safari o cabañas) como por el pueblo, llenándome de datos curiosos sobre el pequeño lugar que la vio crecer.

 

Mientras caminábamos por el río, al atardecer, me explicó que éste se divide en dos: Antigua y Pescados, que inicia en Pico de Orizaba y desemboca en el golfo de México. Dependiendo de la temporada, y del nivel del agua, se puede practicar rafting y kayak en uno o ambos. También me contó que la población vive de la agricultura, siendo la caña de azúcar, el limón sin semilla y los mangos su principal ingreso.

 

Pronto descubrí que todos esos árboles que se ven a lo lejos y parecen brócolis, en realidad, son mangíferas. Además, agregó, la gente del pueblo practica pesca con canastas de bejuco que ellos mismos tejen, siendo los langostinos la especialidad, que después se preparan en salsa verde o enchipotlados.

 

El turismo, por supuesto, es otra fuente de empleo. Desde muy pequeños los niños del pueblo aprenden a practicar deportes extremos, y los más habilidosos se convierten en rookies, término anglosajón que utilizan para los aprendices. Ellos entrenan varios años hasta convertirse en guías.

 

Tras una entretenida plática, mi recorrido con Ely terminó al llegar la noche, y, para rematar con el encanto del lugar, pasamos por una zona que estaba repleta de luciérnagas, animales que me parecen fascinantes y hace tiempo no veía.

 

Como llegué entre semana  —y era la única huésped del hotel— me habían advertido que no tendría la oportunidad de practicar ninguna actividad de aventura, así es que, triste por perderme lo mejor de Jalcomulco, y sin estar muy segura de qué iba a hacer para ocupar mis días, empaqué un par de vestidos veraniegos, dos libros y nada más. Corte a: yo, al día siguiente, haciendo cañonismo y rafting con la ropa más inadecuada del planeta, incluyendo tenis de cuero.

 

Los guías no paraban de reírse de mi “elegancia”, y con justa razón. “No sabía que vendría”, les decía sin mucha opción más que reírme también de mi situación.

 

Una camioneta te transporta todos los días de la aldea a la actividad que hayas elegido. En el caso del cañonismo, es una hermosa caminata al aire libre por la selva, en la que puedes ver desde orquídeas hasta tucanes, que cada vez se va cerrando más y más hasta desembocar en una poza a la que tienes que saltar. No son muchos metros, pero de cualquier forma impresiona.

 

Cuando le pregunté a Luis, el encargado de coordinar las excursiones, cómo había descubierto una ruta tan maravillosa y escondida, me contestó: “Llevo más de 20 años trabajando en esto, chamaca; y la fórmula es ésta: ahí donde los locales te dicen que no te metas porque hay hadas o duendes es justo donde debes entrar”.

 

Después de un breve refrigerio, nos subimos de nuevo a la camioneta ahora rumbo al río Pescados, donde comenzaría el recorrido en balsa. Ahí es donde descubrí que el simple hecho de ir en la carretera, con el viento en la cara, y pasar por los cultivos de caña de azúcar y los árboles de mango, es en sí un lujo.

 

Cuando llegamos a la zona de rafting, después de una corta pero inquietante explicación que te hace sentir como que no debiste salir de tu casa sin testamento, es momento de entrar al río con cuidado pero sin temor: estás en buenas manos.

 

El equipo de Rodavento lleva a un fotógrafo para que tú no te tengas que preocupar por nada. Lo curioso es, al día siguiente, ver el video: tus caras de no-sé-qué-es-esto-pero-qué-padre-y-qué-miedo mientras pasas por los rápidos, y reconocer que tu dolor muscular no es nada proporcional al trabajo que en realidad hiciste para que la balsa no se volteara.

 

Después de esta increíble experiencia no queda más que, por la noche, relajarte con un temazcal o masaje, dormir como nunca, despertar al día siguiente y esperar con ansias el día en que puedas regresar, solo o acompañado.