El desafío de las montañas hidalguenses

El desafío de las montañas hidalguenses
Caminos cercanos entre pueblitos mineros y parques naturales que nos alejan del entorno citadino. 
Febrero 23, 15
Fotografías por: María José Cortés

Origen: Grutas de Tolantongo

Destino: Huasca de Ocampo

Distancia: 182 kilómetros

Carretera: 85

 

1. GRUTAS DE TOLANTONGO

Un manantial de aguas termales nace en cuevas bajo la montaña y fluye en un río, con un caudal gentil. A todo lo largo de su paso los visitantes gozan de la calidez de sus aguas y de lo deshabitado del entorno. Se adaptaron albercas que escurren en un acantilado, con una gran vista panorámica. Solía ser muy rústico hace algunos años, pero gracias a la entrada de inversión, ahora hay un restaurante y austeras pero cómodas opciones de hospedaje, aunque todavía se permite acampar.

 

2. MINERAL DEL CHICO

Así es, otro pueblito minero, pero con un encanto particular: el Parque Nacional El Chico, la primer área natural protegida en el país. Recibe campistas pero también hay alojamiento en cabañas, aunque una visita sólo por el día bien vale la pena para caminar por las montañas, escalar en piedra (cuenta con una vía ferrata) o hacer rappel y ciclismo. Más tranquilo es comer en el pueblito y admirar construcciones antiguas, algunas incluso datan del siglo XVI.

 

3. REAL DEL MONTE

También cuenta con pasado minero y herencia inglesa, que se disfruta en la arquitectura, pero mucho más en los pastes, las empanadas más sabrosas del país, de acuerdo con muchos hidalguenses. La visita al Panteón de los Ingleses también es recomendada -las inscripciones en las tumbas revelan historias interesantes-, así como a los museos del Paste y de Medicina Laboral, que conserva equipo médico de las épocas mineras.

 

4. HUASCA DE OCAMPO

Una cascada que desciende sobre rocas de formas geométricas es la más clásica postal de este pueblo, y hay que verla en vivo. Los Prismas Basálticos atraen visitantes de todo el mundo, aunque este pueblito minero tiene estilo propio: casonas de estilo español del siglo XVIII, la famosa Hacienda de Santa María Regla, construcciones inglesas y el mercado de artesanías (especializado en alfarería), donde debe probarse el naranjate, una bebida de naranja, vainilla, miel y aguardiente.