Un guía para principiantes en Beaver Creek

Un guía para principiantes en Beaver Creek
Si visitas Colorado, no dejes que las multitudes te alejen de la nieve, este resort es ideal para quienes buscan privacidad para aventurarse a esquiar como novatos.

En Beaver Creek no importa la experiencia. Las 149 pistas —cubiertas por los 790 centímetros de nieve que cae anualmente— ofrecen un abanico de posibilidades para todos. En sus instalaciones el lujo es la constante, pero el principal atractivo son las colinas que lo han convertido en un destino obligado para los esquiadores profesionales y los que por primera vez se aventuran a hacer este deporte. Sofisticado y exclusivo, aquí sólo pueden ingresar los huéspedes del resort.

 

El primer resbalón

El hotel The Ritz-Carlton está al pie de las montañas de Beaver Creek. Basta abrir la ventana de sus habitaciones para enfrentar las pilas monumentales de nieve y la fuerza del viento helado. Cuando afuera la temperatura es de -20 °C, es más fuerte la tentación de quedarse en sus instalaciones a disfrutar del spa, de la alberca climatizada y las estancias con chimeneas (donde puedes tomar chocolate caliente y comer galletas recién hechas). O el piso ocho, el refugio ideal por sus vinos, cervezas, bocadillos y dulces que están disponibles el día entero. Pero el tiempo que pases aquí, después de un vuelo entre México y Dallas y otro entre Dallas y Vail, debe —sí, debe— ser aprovechado bajo la nieve. 

 

Cada invierno, Rodrigo Castro viaja nueve mil kilómetros desde Santiago de Chile para trabajar como instructor de esquí. Lo mejor es sumarte a una clase grupal o contratar los servicios de un instructor privado.

 

En ambos casos, el concierge del hotel te facilitará todos los trámites. “Si sabes patinar sobre hielo, esquiar es casi como el siguiente paso natural”, nos explica Rodrigo, “es un deporte muy sencillo si tienes las habilidades básicas, y, si no, también es divertido: sólo deslizarse a cierta velocidad y disfrutar del paisaje”.

 

Con mucha paciencia, nos enseñó desde cómo cargar los esquís cuando no los estás utilizando, hasta cómo colocarlos, controlar la velocidad y la mejor forma de levantarte cuando la torpeza te lleva hasta el suelo. Bastan un par de horas para tener el conocimiento básico y comenzar a practicar en las colinas.

 

De hamburguesas a carne de bisonte

No hace falta salir de la estación para conseguir lo que quieras: desde comida rápida hasta los más exquisitos manjares. Ahí mismo, la oferta culinaria va de unas clásicas hamburguesas al carbón hasta estofados de alce con ensaladas recién traídas del mercado local. Parada obligada, a unos diez minutos del hotel en coche, es Grouse Mountain Grill, una excelente propuesta gastronómica donde puedes probar carnes singulares, y otras más exóticas, como de bisonte o venado, marinadas con una extensa variedad de vinos locales e internacionales y acompañado de una bellísima vista panorámica hacia la Rocky Mountain.

 

El menú cambia dependiendo de la temporada y todos los platillos son creados desde cero, así es que más vale no encariñarse demasiado con el salmón con queso mascarpone o las pechugas de pato asadas, porque tal vez no los vuelvas a ver el siguiente año.

 

Todavía más cerca de The Ritz-Carlton, y con un ambiente que se antoja más bien para parejas, está Mirabelle, del chef belga Daniel Joly. Ahí lo recomendable es pedir el menú de prueba, que incluye cuatro tiempos, cada uno mejor ejecutado que el otro. Las porciones, suficientes. Las salsas, en su punto. Tanta perfección a veces asusta.

 

En Splendido hay que probar como entrada las ostras y, como plato principal el delicioso rack de cordero (con perlas de cuscús, berenjenas crujientes con miel y romero, tahini y aceitunas curadas). David Walford mezcla su formación francesa con interpretaciones contemporáneas de la comida americana y esto da como resultado platillos innovadores y de lo más frescos. Ahí, después de comer, disfrutando un vino junto al calor de la chimenea, no queda más que comprobar que la vida es bella con o sin esquís.

 

Cuando te quitas los esquís

Hay un dicho popular en Colorado: a six inches day, is a sick day. Si una de las constantes nevadas de temporada deja una capa de seis pulgadas (unos 15 centímetros) de nieve, no hay remedio: tienes que reportarte enfermo en el trabajo y dedicar tu día a disfrutar de la nieve fresca y suave que te deja deslizarte sin esfuerzo, como si estuvieras patinando sobre una superficie de mantequilla y que salpica al paso de los esquiadores. Si llevas varios días sobre los esquís y necesitas un descanso, hay varias opciones.

 

La primera, si es que tus piernas necesitan una tregua, es disfrutar de algún tratamiento alpino en uno de los numerosos spas. El favorito: Bachelor Gulch, pues tiene 19 salas de tratamiento, un espacio para manicure y pedicure y un extenso menú de servicios para todas las necesidades, desde rejuvenecimientos, hasta tratamientos para parejas y mujeres embarazadas. 

 

Si todavía te queda energía, puedes hacer un poco de shopping de ropa de invierno. Por ejemplo, en Kjus o Beaver Creek Sports para prendas más deportivas, o en Avalon Clothing para algo más casual. 

 

Cuando las pistas están cerradas (muy tempranito o por la noche), dependiendo de la temporada, el resort planea numerosas actividades para sus huéspedes, que van desde patinaje en hielo hasta senderismo para contemplar el amanecer. Lo mejor es ingresar al sitio de actividades y eventos de Beaver Creek y revisar el calendario, quizá hasta te encuentres con una competencia de galletas. Otra opción es estar al pendiente de la cartelera del Vilar Performing Arts Center para buscar algún concierto, evento musical o de danza.

 

Beaver Creek Lodge, 26 Avondale Lane, T. +1 (970) 754 4636, beavercreek.com

 

Un guía para principiantes en Beaver Creek
Si visitas Colorado, no dejes que las multitudes te alejen de la nieve, este resort es ideal para quienes buscan privacidad para aventurarse a esquiar como novatos.
Noviembre 27, 15
Fotografías por: Cortesía

En Beaver Creek no importa la experiencia. Las 149 pistas —cubiertas por los 790 centímetros de nieve que cae anualmente— ofrecen un abanico de posibilidades para todos. En sus instalaciones el lujo es la constante, pero el principal atractivo son las colinas que lo han convertido en un destino obligado para los esquiadores profesionales y los que por primera vez se aventuran a hacer este deporte. Sofisticado y exclusivo, aquí sólo pueden ingresar los huéspedes del resort.

 

El primer resbalón

El hotel The Ritz-Carlton está al pie de las montañas de Beaver Creek. Basta abrir la ventana de sus habitaciones para enfrentar las pilas monumentales de nieve y la fuerza del viento helado. Cuando afuera la temperatura es de -20 °C, es más fuerte la tentación de quedarse en sus instalaciones a disfrutar del spa, de la alberca climatizada y las estancias con chimeneas (donde puedes tomar chocolate caliente y comer galletas recién hechas). O el piso ocho, el refugio ideal por sus vinos, cervezas, bocadillos y dulces que están disponibles el día entero. Pero el tiempo que pases aquí, después de un vuelo entre México y Dallas y otro entre Dallas y Vail, debe —sí, debe— ser aprovechado bajo la nieve. 

 

Cada invierno, Rodrigo Castro viaja nueve mil kilómetros desde Santiago de Chile para trabajar como instructor de esquí. Lo mejor es sumarte a una clase grupal o contratar los servicios de un instructor privado.

 

En ambos casos, el concierge del hotel te facilitará todos los trámites. “Si sabes patinar sobre hielo, esquiar es casi como el siguiente paso natural”, nos explica Rodrigo, “es un deporte muy sencillo si tienes las habilidades básicas, y, si no, también es divertido: sólo deslizarse a cierta velocidad y disfrutar del paisaje”.

 

Con mucha paciencia, nos enseñó desde cómo cargar los esquís cuando no los estás utilizando, hasta cómo colocarlos, controlar la velocidad y la mejor forma de levantarte cuando la torpeza te lleva hasta el suelo. Bastan un par de horas para tener el conocimiento básico y comenzar a practicar en las colinas.

 

De hamburguesas a carne de bisonte

No hace falta salir de la estación para conseguir lo que quieras: desde comida rápida hasta los más exquisitos manjares. Ahí mismo, la oferta culinaria va de unas clásicas hamburguesas al carbón hasta estofados de alce con ensaladas recién traídas del mercado local. Parada obligada, a unos diez minutos del hotel en coche, es Grouse Mountain Grill, una excelente propuesta gastronómica donde puedes probar carnes singulares, y otras más exóticas, como de bisonte o venado, marinadas con una extensa variedad de vinos locales e internacionales y acompañado de una bellísima vista panorámica hacia la Rocky Mountain.

 

El menú cambia dependiendo de la temporada y todos los platillos son creados desde cero, así es que más vale no encariñarse demasiado con el salmón con queso mascarpone o las pechugas de pato asadas, porque tal vez no los vuelvas a ver el siguiente año.

 

Todavía más cerca de The Ritz-Carlton, y con un ambiente que se antoja más bien para parejas, está Mirabelle, del chef belga Daniel Joly. Ahí lo recomendable es pedir el menú de prueba, que incluye cuatro tiempos, cada uno mejor ejecutado que el otro. Las porciones, suficientes. Las salsas, en su punto. Tanta perfección a veces asusta.

 

En Splendido hay que probar como entrada las ostras y, como plato principal el delicioso rack de cordero (con perlas de cuscús, berenjenas crujientes con miel y romero, tahini y aceitunas curadas). David Walford mezcla su formación francesa con interpretaciones contemporáneas de la comida americana y esto da como resultado platillos innovadores y de lo más frescos. Ahí, después de comer, disfrutando un vino junto al calor de la chimenea, no queda más que comprobar que la vida es bella con o sin esquís.

 

Cuando te quitas los esquís

Hay un dicho popular en Colorado: a six inches day, is a sick day. Si una de las constantes nevadas de temporada deja una capa de seis pulgadas (unos 15 centímetros) de nieve, no hay remedio: tienes que reportarte enfermo en el trabajo y dedicar tu día a disfrutar de la nieve fresca y suave que te deja deslizarte sin esfuerzo, como si estuvieras patinando sobre una superficie de mantequilla y que salpica al paso de los esquiadores. Si llevas varios días sobre los esquís y necesitas un descanso, hay varias opciones.

 

La primera, si es que tus piernas necesitan una tregua, es disfrutar de algún tratamiento alpino en uno de los numerosos spas. El favorito: Bachelor Gulch, pues tiene 19 salas de tratamiento, un espacio para manicure y pedicure y un extenso menú de servicios para todas las necesidades, desde rejuvenecimientos, hasta tratamientos para parejas y mujeres embarazadas. 

 

Si todavía te queda energía, puedes hacer un poco de shopping de ropa de invierno. Por ejemplo, en Kjus o Beaver Creek Sports para prendas más deportivas, o en Avalon Clothing para algo más casual. 

 

Cuando las pistas están cerradas (muy tempranito o por la noche), dependiendo de la temporada, el resort planea numerosas actividades para sus huéspedes, que van desde patinaje en hielo hasta senderismo para contemplar el amanecer. Lo mejor es ingresar al sitio de actividades y eventos de Beaver Creek y revisar el calendario, quizá hasta te encuentres con una competencia de galletas. Otra opción es estar al pendiente de la cartelera del Vilar Performing Arts Center para buscar algún concierto, evento musical o de danza.

 

Beaver Creek Lodge, 26 Avondale Lane, T. +1 (970) 754 4636, beavercreek.com