
Möoi Rico
Lo conocí porque me llevó una amiga que vive cerca; si no hubiera sido así, es poco probable que lo hubiese descubierto yo sola. Primero, porque queda en la calle Cuba, en el barrio de Belgrano, una calle tranquila, arbolada, pero no tan transitada; segundo, porque desde afuera no dice demasiado. Es adentro, donde se descubre la esencia de este restaurante-cafecito-pastelería: juguetón, colorido, con muebles de diferentes estilos, paredes pintadas, cojines bordados, una fuente y pisos de mosaico.
El concepto de la comida es
“cocina contemporánea”. Sí, este término hoy puede resultar confuso o poco definido, pero luego el panorama se aclara un poco más: “producto fresco, de mercado, natural”. Para comprobarlo está la carta —corta pero sustanciosa—, en la que destacan las ensaladas (hay que probar la de hojas verdes y pinchos de pollo y la de salmón, verdes, queso brie y castañas), sándwiches suculentos y con toques creativos, rolls (o wraps), tartas y platillos más elaborados, como woks, risottos y pescados, para la noche. Además, los imperdibles del Möoi son los desayunos, las meriendas y la pastelería. La propuesta es de Jessica Lekerman. Todo muy fresco, muy simple, muy gourmet, muy chic.
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