Sicilia, de la punta del Etna a los tomates del Mercado de La Vucciria
Fotografía de Gianni Muratore

Sicilia, de la punta del Etna a los tomates del Mercado de La Vucciria

Desde la cumbre del Etna, el volcán que hipnotiza a los sicilianos, empieza un viaje por esta isla de historia densa y placeres descomunales. Al final, queda la sensación —o la certeza golosa— de que sólo volviendo es posible asimilar la información que los sentidos han acumulado.
El blanco de la nieve, unido al tono oscuro de las piedras volcánicas, dibujan un paisaje turbador. La ascensión al Etna no es una experiencia cualquiera. Desde allí arriba, no sólo se disfruta de uno de los lugares más emblemáticos de Sicilia, la región más grande de Italia, sino que también se empieza a entender por qué sus habitantes están obsesionados con una montaña que les escupe lava cuando menos se lo esperan para deleite de los noticieros del mundo entero.

Fuentes de la policía aseguran que, cuando entra en erupción, sus agentes deben detener a más de uno que se acerca a las lenguas de lava. Esta devoción lleva incluso a algunas parejas jóvenes a escaparse por la noche a algún paraje de la montaña para mantener relaciones sexuales junto a las ingentes cantidades de lava solidificada que ennegrecen el entorno. Pero, ¿por qué esa obsesión? Giacomo Leone, uno de los arquitectos más importantes de la isla, lo argumenta: “El Etna está dentro de nosotros, está muy presente pues se ve desde todas partes. Y esa visibilidad nos aporta seguridad. Es el testimonio del poder de la naturaleza, del respeto a la misma, y eso está relacionado con la toma de conciencia de los propios límites humanos”.

Es precisamente ese respeto lo que explica también que el Etna sea uno de los volcanes más estudiados del mundo. Mientras miles de turistas se acercan a su cumbre, en el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Catania —la segunda ciudad de Sicilia, al noreste de la isla— le toman el pulso las 24 horas del día desde una sala repleta de monitores. El objetivo es predecir cualquier atisbo de actividad que ponga en peligro a la población. “Vivir en una isla donde hay un volcán es una constante en nuestro pensamiento. De vez en cuando lo miramos y nos damos cuenta de esa masa enorme que está encima de nuestra ciudad”, reconoce Domenico Percolla, jefe del gabinete del Ayuntamiento de Catania.

Pero el Etna no es el único responsable. Si bien ha marcado la personalidad de los poco más de cinco millones de habitantes de esta isla, ha sido más bien la mezcla cultural de los pueblos que la habitaron lo que ha configurado el carácter abierto, hospitalario y risueño de los sicilianos. Su ubicación estratégica provocó la llegada de diferentes culturas que se han asentado en su orografía montañosa. Griegos, romanos, árabes, bizantinos, normandos y españoles modelaron a los ciudadanos de la antigua Trinacria (en referencia a su forma triangular).

Así pues, uno se encuentra con la Sicilia helénica que surgió de las colonias griegas que se instalaron en sus costas entre el siglo viii a.C y el iii d.C. No olvidemos que las ciudades griegas sicilianas (Agrigento, Selinonte y Segesta, entre otras) eran de lo más bello que uno podía encontrarse en el mundo helénico.

Pero no es éste el único legado cultural. La dominación española, por ejemplo, provocó que la Contrarreforma del siglo xvi dejara una impronta barroca que puede observarse en la basílica de San Giorgio de Ragusa o en la catedral de Siracusa. A grandes rasgos, puede decirse que el sector occidental de la isla, con Palermo a la cabeza, está más influenciado por el legado cartaginés y árabe mientras que el oriental cuenta con un mayor peso del legado griego.

CAMINO A PALERMO
La sombra del Etna nos cobija hasta perderse en la lejanía cuando empezamos nuestra particular odisea en coche hacia Palermo, la quinta ciudad de Italia después de Roma, Milán, Nápoles y Turín. Pero para los sicilianos Palermo es también el centro del universo di ‘sta terra.

Nos encontramos en la autopista A-18 en dirección a Messina, persiguiendo en la distancia las olas del Jónico y entonces comprendemos por qué el director francés Luc Bésson, en su célebre película, calificó de “Gran azul” estas aguas. Hemos dejado atrás 50 kilómetros, uno tras otro, túnel tras túnel, hasta alcanzar la salida de Taormina. Divisamos nostálgicos el precioso islote llamado Isola Bella, que anuncia la llegada a la ciudad, rodeado por un regimiento de veleros, catamaranes y yates de adinerados patronos. El glamour se respira en el aire a medida que se asciende por la carretera nacional hasta la entrada —a 200 metros sobre el nivel del mar— y se palpa en la obligación de dejar el coche en el estacionamiento exterior debido a la prohibición de circular dentro de la ciudad. Taormina es una balconada que se asoma al mar y ante cuya belleza panorámica han sucumbido escritores como Goethe, Maupassant, D.H. Lawrence y Oscar Wilde. De visita obligada es su teatro grecorromano (Teatro Antico) de 110 metros de diámetro y cuyos orígenes se remontan al siglo iii a.C., aunque ha sufrido innumerables reestructuraciones. Nos despedimos de esta urbe después de deambular por el Corso Umberto I —el paseo principal minado por las tiendas de los grandes modistos italianos y franceses— y colonizar los callejones estrechos contiguos mientras saboreamos una refrescante granita di limone.

Volvemos a la A-18. El fuerte viento anuncia que se acercan aguas turbulentas. Cuarenta minutos después notamos la tensión del mar al acercarnos a Messina, la ciudad más próxima a la península itálica, en cuyo estrecho de tres kilómetros de ancho se desata, en los días rebeldes de verano, una guerra a muerte entre el Jónico y el Tirreno. En el centro de la ciudad, en la Piazza Duomo, se alza la Catedral, cuya fundación data de la época normanda (1197) aunque ha sufrido transformaciones desde el siglo xiv y fue reestructurada tras el terremoto de 1908 que desoló la ciudad.

A pocos metros se encuentra uno de nuestros lugares preferidos, la diminuta Annunziata dei Catalani, único edificio que sobrevivió al azote de la tierra (la prueba es que se eleva desde un plano inferior que el resto de la urbanización moderna de la ciudad). El juego cromático de las piedras y arcos del exterior evocan el Oriente islámico y bizantino. Nos sentamos en una de las terrazas adyacentes y Peppone nos sirve una Birra Messina, la cerveza rubia local. Optamos por pasar ahí la noche. Elegimos Ganzirri, una pequeña localidad de pescadores a pocos kilómetros de Messina, porque atesora el estilo de vida de otros tiempos, gracias a su espléndido lago natural y los puestos de venta de pescado y marisco frescos que se alinean a su alrededor.

Antes de acostarnos, nos acercamos al muelle para coger el ferry que en veinte minutos nos deja en la península, en Villa San Giovanni, en la región de Calabria. No podemos omitir una parada en La Sosta, carismático local decorado con sillas en el techo que parecen abalanzarse sobre los clientes y donde se puede escuchar el mejor jazz nacional e internacional. Tenemos suerte: esta noche, el saxofonista norteamericano Billy Harper nos regala una velada única y nos firma un autógrafo.

Al día siguiente, emprendemos de nuevo el camino. Estamos en la autopista A-20 en dirección a Palermo; unas tres horas de viaje nos separan de la capital siciliana. Atrás quedan Milazzo y las Islas Eólicas, con sus respectivos volcanes anclados en medio del mar, que se divisan en la lejanía en los días nítidos. Seguimos superando kilómetros mientras escuchamos un disco de Roy Paci, “Il Padrino”, célebre trompetista siciliano.

EL CENTRO DEL UNIVERSO NO TIENE RUMBO
Casi sin previo aviso descendemos de las alturas, como ángeles caídos, hasta la carretera nacional que bordea las playas. Esta arteria vital de la isla lleva treinta años en construcción y preferimos no averiguar por qué aún no está terminada. Las largas colas sólo se ven mitigadas por la extraordinaria visión desde la carretera del Monumento per un poeta morto, dedicado a Francesco Lo Savio. En 1989, el escultor siciliano Tano Festa llevó a cabo esta obra monumental, conocida como Finestra Sul Mare, en la arena de la playa de Villa Margi.

Tras este paréntesis de unos 30 kilómetros, retomamos el camino. La autopista A-20 vuelve a aparecer subida a esos enormes zancos que la levantan. Tras unos pocos kilómetros, queda atrás Cefalú, meta turística, si la hay, por sus hermosas playas y sus calles que serpentean hasta la imponente escalinata de Piazza Duomo. Esta vez no nos detenemos y seguimos adelante. Ciao.

Escuchamos un disco antiguo de Pino Daniele, el cantautor napolitano. Las notas de Sicily nos acompañan mientras ganamos nuestro pulso particular contra los kilómetros y nos acercamos al centro del universo: Palermo.

Comenzamos a explorarlo en el mercado de La Vucciria. Los vendedores gritan sus productos desde sus puestos y nos embolsamos unas berenjenas. Nuestro apetito se ha disparado. Nos dirigimos al que se convertiría en nuestro lugar preferido para comer: la Antica Focacceria di San Francesco, en Via Paternostro. Conseguimos una mesa en la pequeña terraza exterior del histórico local, donde saboreamos el exquisito pane ca’ meusa (no desvelaremos aquí su ingrediente estrella). Entre mordisco y mordisco, recorremos Palermo intentando visualizar nuestra próxima parada. Desde el grandioso Teatro Massimo hasta el Corso Vittorio Emanuele, toda la ciudad rezuma arte y pasión. Finalmente decidimos que en nuestra Ítaca encontrada lo mejor es perderse.

POR LA BOCA
Sicilia tiene una cocina increíble. Y no sólo por la variedad de los platos de pasta, pescados y mariscos, sino también por las fritture (tapas fritas) como el pitone (triángulo frito con verduras y anchoas) o los arancini (pelotas de arroz con ragú o mantequilla en el centro). Otro clásico es la granita (raspados de distintos sabores), un tentempié que, en verano especialmente, suele tomarse tanto por la mañana como después de una noche de fiesta, recubierto de panna (crema) y en el que a menudo se moja un brioche. Otros dulces interesantes son la cassata (pastel a base de queso ricotta, azúcar y fruta escarchada) y los cannoli (rollos de hojaldre con ricotta o chocolate). Por cierto, en verano se puede visitar la sagra, fiesta en que cada localidad cocina y expone en puestos al aire libre tanto recetas como productos vinculados a su tierra. Cada sagra se especializa en un alimento concreto.

El horario de los restaurantes suele ser de 12:30 a 15 horas por el mediodía y de 19:30 a 23 horas por la noche.

En Ganzirri, hay que parar en Anselmo, un reconocido restaurante y trattoria situado frente al mar, con espléndidas vistas al estrecho de Messina, y exquisita cocina siciliana y tradicional. Su pescado estrella es el pez espada.

PARA PALADARES EXIGENTES Y BOLSILLOS DESAHOGADOS
En el centro de Castelmola, localidad limítrofe con Taormina, está el singular Bar Turrisi. Inspirado en el miembro viril masculino, esconde formas fálicas por doquier, desde sus barandillas, mesas, sillas o lámparas, hasta figuras que los propietarios han ido coleccionando a lo largo de los años y que se exhiben en sus paredes. Único es también su vino de almendras.

A Castellana es sólo una de nuestras recomendaciones en Palermo. Con una espectacular terraza a los pies del imponente castillo de Caccamo, nació como una empresa de producción de licores de limón, y ahora ofrece especialidades de la zona y exquisitas pizzas a la leña.

De parada obligada es también la Antica Focaccieria di San Francesco, un local histórico en el corazón de Palermo. Basado en la genuina fórmula del fast-food —que nace en Sicilia antes que en Estados Unidos—, este restaurante ofrece todas las especialidades locales de comida rápida, como los arancini (masa de arroz con carne), foccaccie (típica masa de pan salada con distintos ingredientes) y el popular pane ca’ meusa, un pan relleno de bazo de res y, en ocasiones, queso ricotta.

Y, en el otro extremo del espectro, Il Mulinazzo está considerado el mejor restaurante de Sicilia, y cuenta con dos estrellas Michelin que así lo acreditan. Alojado en una pequeña villa de montaña de ambiente sobriamente elegante, el innovador chef “Monziú” Nino Graziano propone cocina preparada con ingredientes locales —como el aceite de oliva, las sardinas, el queso ricotta— pero elevada a un nivel de perfección.

EL PAÍS DE LA COSA NOSTRA
Estar en Sicilia es estar en el hogar de la Cosa Nostra. Pero, ¿qué es la Mafia? En pocas palabras se trata de un sistema alternativo, paralelo al del estado de derecho, que surgió cuando los antiguos señores crearon sociedades secretas para defender sus intereses. Sus integrantes tienen su propia ley, producto de siglos de distanciamiento y desconfianza hacia el Estado italiano.

La localidad de Corleone, situada en el interior de la isla, convive con el estigma de su topónimo, cortesía de la saga de El Padrino, escrita por Mario Puzo y llevada a la pantalla por Francis Ford Coppola. Algunos de sus habitantes, cansados de ello, incluso propusieron un cambio de nombre. En realidad Corleone es un pueblo tranquilo donde todo se hace sin prisas. En todo caso, no espere que le hablen de la mafia de la misma manera que le hablan de futbol pues topará con la Omertà, el código de silencio que respetan casi todos los sicilianos.

CINCO IMPERDIBLES
Siracusa

Ubicada en el punto más meridional de Sicilia, esta ciudad se expande con la isla de Ortigia formando una armoniosa bahía cuyos fondos marinos gozan de una riqueza biológica única. Además cuenta con innumerables testigos de su pasado grecorromano, medieval y barroco, que el cineasta siciliano Giuseppe Tornatore quiso inmortalizar en su película Malena. Imprescindible el Duomo de Siracusa, que surge de los restos del antiguo templo dórico del siglo v a.C. dedicado a la diosa Atenea.

Valle de los Templos
El Valle de los Templos es una visita indispensable para el amante de la historia y la arqueología pues se remonta a la época de la Grecia clásica y es, desde 1998, Patrimonio de la Humanidad. Queda a pocos kilómetros de la ciudad de Agrigento, al sur de la isla.

Isla de Pantelleria
La visita a esta pequeña isla, al sur de Sicilia y a pocos kilómetros de Túnez, es un viaje dentro del viaje. El maravilloso Lago di Venere de aguas termales, ubicado en el interior de un cráter, se merece una parada y un baño de barro, al igual que los licores, tales como el Moscato y el Passito, elaborados con zibibbo, la variedad de uva típica del lugar. Para acceder a Pantelleria por mar, desde el puerto de Trapani, en la costa oeste de Sicilia, la compañía Siremar Tirrenia (www.siremar.it) ofrece trayectos diarios de unas cinco horas y media de duración.

Isla de Strómboli
Strómboli sedujo a Julio Verne hasta el punto que lo convirtió en el punto de regreso a la superficie terrestre de los exploradores de su Viaje al centro de la Tierra. Es una de las islas que constituyen el archipiélago de las Eólicas, frente a la costa noreste de Sicilia, aunque más bien aparece como un volcán emergido de las aguas, salpicado por casitas blancas a sus pies que destacan entre la lava oscura. Se accede por mar, desde el puerto de Milazzo, a 30 kilómetros de Messina.

Cefalú
Sus callejuelas infinitas a orillas del Tirreno evocan los antiguos pueblos medievales, que giran como escaleras de caracol en torno a las dos construcciones más importantes del Medievo: el Palazzo Maria (en Piazza del Duomo) y el Osterio Magno (en Corso Ruggero). Está lleno de turistas al acecho de cultura, diversión y relajación, a dosis iguales.


GUÍA PRÁCTICA

CÓMO LLEGAR
En avión

Las compañías italianas que viajan más a menudo a Sicilia son Alitalia (www.alitalia.it) y Air Sicilia (www.orariovoli.com/Com pagnie/INFOcompagnie/airsicilia.htm). Existen vuelos regulares desde la mayoría de las ciudades italianas, sobre todo desde Roma, Milán y Nápoles. La isla cuenta con dos aeropuertos: el Falcone e Borselino de Palermo, a 32 kilómetros de la capital, y el Fontanarossa, en Catania, a 7 kilómetros de la principal ciudad del este de Sicilia. A partir de ahí los autobuses viajan a cualquier punto interesante de la isla.

En tren
Se puede llegar desde Roma, Milán y Nápoles pasando por Messina, pues los trenes que vienen de la península se suben sobre los ferries e hidroplanos que cruzan el estrecho. Los horarios se encuentran en www.trenitalia.com. La gran ventaja de viajar en coche es que la mayoría de las carreteras que se encuentran al lado de la costa están alzadas a varios metros del suelo y regalan un paisaje inolvidable.

En barco
Vía marítima se llega a Sicilia desde Túnez, Malta, Nápoles, Livorno y Génova. La manera más habitual es mediante los ferries que cruzan el estrecho de Messina en 30 minutos. Salen desde Reggio Calabria y Villa San Giovanni. Este servicio es tan constante que no es necesario reservar (www.aferry.to).

En autobús
Hay diferentes compañías que parten de la península y lo dejan a uno en la isla. Y viceversa. Desde Roma los enlaces más comunes son los de la compañía SAIS (www.saisautolinee.it).

DÓNDE DORMIR
La mayoría de los hoteles de la costa siciliana están abiertos entre los meses de abril y octubre, mientras que los de las ciudades están abiertos todo el año.

HOTEL CORSARO
Etna Sud, Nicolosi
T. 39 (095) 914122
F. 39 (095) 7801024
www.hotelcorsaro.it

Abierto todo el año Habitaciones dobles en 130 euros
Si lo que desea es dormir con el cráter del Etna susurrándole al oído, puede irse a este hotel de tres estrellas situado en la ladera del volcán, a 2 mil metros de altura. La simpatía de su joven propietario, Davide Corsaro, es un punto a su favor. El hecho que en 1983 la lava arrasara el edificio le confiere otro factor de seducción que Corsaro ha sabido aprovechar.

ATELIER SUL MARE
Via Cesare Battisti, 4
Castel di Tusa, Messina
T. 39 (092) 1334295
F. 39 (092) 1334283
www.ateliersulmare.com
Abierto todo el año
Habitaciones dobles estándar en 230 euros y habitaciones dobles “artísticas” en 376 euros.

El museo-albergue Atelier sul Mare es único en el mundo. A pocos metros de un mar maravilloso, en la localidad de Castel di Tusa, cerca de Cefalú, este hotel acoge a sus clientes en habitaciones distintas entre sí que constituyen auténticas obras de arte realizadas por algunos de los artistas más importantes del panorama internacional. Pasar una noche en la habitación que homenajea a Pier Paolo Pasolini será un viaje emocional que nunca podrá olvidar.

GRAND ALBERGO CAPOTAORMINA
Via Nazionale 105,
Mazzarò, Taormina
T. 39 (0942) 572111
F. 39 (0942) 625467
www.capotaorminahotel.com
Abierto todo el año Habitaciones dobles en 230 euros

El Atahotel Capotaormina, de 4 estrellas, es un edificio único, situado en los acantilados que sobresalen en los alrededores de Taormina. La estructura de sus plantas y habitaciones siguen el perfil de la roca que se asoma al mar, ofreciendo vistas espectaculares al Etna, la bahía de Giardini Naxos y al islote Isolabella.

VILLA MORGANA
Via Consolare Pompea 1965,
Ganzirri, Messina
T. 39 (090) 325575
F. 39 (090) 325577
www.villamorgana.it
Abierto todo el año Habitaciones dobles en 75 euros

Inmerso en un prestigioso parque, este hotel está situado a pocos minutos del centro urbano de Messina y de las playas que bañan el estrecho. Sus ventanas se abren al espléndido lago di Ganzirri, en el homónimo pueblo de pescadores.

GRAND HOTEL VILLA IGIEA
Salita Belmonte 43,
Palermo
T. 39 (091) 6312111
F. 39 (091) 547654
www.villaigieapalermo.it
Abierto todo el año
Dormir en este 5 estrellas supera los 200 euros por noche.

Es el mejor hotel de Palermo, situado entre la bella localidad costera de Mondello y la capital siciliana, en una villa de finales del siglo xix.

DÓNDE COMER

ANSELMO
Via Lago Grande 29,
Ganzirri
T. 39 (090) 321674


BAR TURRISI
Piazza Duomo,
Castelmola, Messina
T. 39 (094) 228181
www.turrisibar.it

Para todos los bolsillos porque hay platillos desde 4 euros, pero un menú cuesta alrededor de 15 euros.

A CASTELLANA
Piazza dei Caduti 4,
Caccamo, Palermo
T. 39 (091) 8148667
www.castellana.it
De martes a domingos de 13 a 15 horas y
de 19 a 22 horas. Alrededor de 15 euros


ANTICA FOCACCERIA DI SAN FRANCESCO
Via Paternostro 58,
Palermo
T. 39 (091) 320264
www.afsf.it
Diario de 8 a 23 horas Para todos los bolsillos


IL MULINAZZO
Strada statale 121,
Bolognetta Nord,
Villafrati, Palermo
T. 39 (091) 8724870
www.turista.it/buongusto/mulinazzo/
Alrededor de 50 euros


BRISTOL PARK HOTEL
Via Bagnoli Croci 92
T. 39 (0942) 23006
F. 39 (0942) 24519
www.bristolparkhotel.com
Habitaciones dobles desde 180 euros
Con vistas y balcones hacia el mar, el monte Etna y el parque Duca di Cesarò, ésta es otra gran alternativa para hospedarse en Taormina.
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