Febrero, año nuevo en Shangai
Danza de Leones en el barrio de Cheng Huang Miao Fotografía de Alex Georgiadis

Febrero, año nuevo en Shangai

Mientras la próspera ciudad de Shangai se moderniza, muchos de sus habitantes se adhieren a costumbres que en otro momento se vieron perdidas. El Año Nuevo chino, que reúne a viejos y jóvenes, mezcla un poco de todo, entre los colores de las linternas y el estruendo embriagador de los fuegos artificiales.
Por Olivia Edward | diciembre 2006-enero 2007 | Tags: , | Discutir este artículo (0 comentarios)
Es como si toda la ciudad estuviera en guerra”, dice Kelly Zheng sobre las celebraciones del Festival de la Primavera (o Año Nuevo chino, como suele llamársele) en Shangai, pues tan sólo en esta ciudad se lanzan al cielo más de un millón de dólares en fuegos artificiales.

El efecto es casi terrorífico: la noche se vuelve día cuando los cohetes se desparraman entre los rascacielos e iluminan el horizonte futurista de Shangai: el cielo se pone rojo y el aire se transforma en una bocanada de pólvora humeante.

Dormir es imposible. El “pum-pum-pum” constante es desplazado de pronto por explosiones aun más estruendosas, fuegos artificiales, y luego el estallido de una centena de alarmas de coches, detonadas por los desechos que caen desde el cielo hasta los automóviles de los vecinos.

Tal estruendo es un modo apropiado de anunciar el festival más importante de China, un evento marcado por la mayor migración humana del mundo, pues millones de chinos vuelven a casa para reunirse con sus familias y celebrar el equivalente emocional de una Navidad o Año Nuevo cristianos. Es una época para agasajarse, dar regalos, y sembrar esperanzas y propósitos para el año que viene.

El festival está ligado al viejo año chino, un sistema “lunisolar” cuyos meses siguen a grandes rasgos el ciclo de la Luna, y al que se le añade un mes extra de vez en cuando para que los años concuerden con las estaciones y, por ende, con el Sol. Este sistema, creado probablemente en el tercer milenio antes de Cristo, fue descartado oficialmente por el gobierno a principios del siglo XX, pero conservado por la gente que quería recordar las fechas de los festivales tradicionales y la sabiduría del pueblo encerrada en la astrología china.

La fecha exacta del Año Nuevo chino cambia año con año. Suele caer en algún momento entre enero y marzo, y siempre coincide con la primera luna nueva del Año Nuevo tradicional chino. Y termina con la aparición de la luna llena 15 días después, y una celebración conocida como el Día de las Linternas.

Con una historia de miles de años en un territorio que abarca millones de kilómetros cuadrados, y que es el hogar de más de un cuarto de la población mundial, el festival ha desarrollado una miríada de variaciones regionales. En la deslumbrante metrópoli de Shangai, el festival —como la propia ciudad— acoge y mezcla las costumbres de la nueva China, rica y occidentalizada, con la vieja China tradicional.

Por todo el país, la cena del Año Nuevo reúne varias generaciones. En Shangai, los abuelos que vivieron las restricciones de los tiempos de Mao se sientan con sus nietos, acostumbrados a mandar mensajes de texto, y juntos comen platillos cargados de significado como el pescado (que simboliza unión y abundancia) y un pastel de arroz llamado nian gao (palabras que quieren decir “mejor cada año”).

Otras familias comen hotpot. Originario de Mongolia y el norte de China, este platillo es simplemente un tazón de caldo hirviendo. Adentro se echan delgadas rebanadas de carne, verduras, won tons y dumplings que luego se pescan y sumergen en tazones de salsa. Todo mundo se reúne alrededor de la olla y cada quien se cocina para sí mismo, por lo que se considera la comida perfecta para reuniones comunales y un gran éxito en Shangai durante los meses de invierno.

Tradicionalmente, las familias solían quedarse en casa. Algunas lo siguen haciendo, y terminan la velada viendo el famoso espectáculo de variedad del servicio de televisión nacional operado por el gobierno. Sin embargo, gracias a la creciente riqueza de la ciudad, otros suelen salir, para coronar la cena tradicional con una larga noche en un bar de karaoke.

Quien planee unirse a las celebraciones debe reservar una mesa en alguno de los mejores restaurantes con meses de antelación para garantizar un lugar. De otro modo terminará en la calle, viendo a las familias sonrientes agasajarse detrás de ventanas que escurren por la condensación del vapor que se eleva de los cuerpos calientes y los hotpots burbujeantes.

En el restaurante no verá a los abuelos servir comidas para los ancestros. Esta tradición de Año Nuevo se hace sólo en las casas, y anteriormente las comidas se dejaban intactas. “Mi abuela todavía lo hace”, dice la residente local Minnie Yang, “prepara cena para mi abuelo y otros parientes muertos, pero ahora nos deja comerla después”.

Cuando terminan estos rituales, puede que los más tradicionales se dirijan al Templo de Longhua. Ubicado en una fantástica aunque ruinosa parte de Shangai, donde muchos edificios siguen siendo de madera y piedra, Longhua es el templo más viejo de la ciudad, con una historia de más de 1700 años. Y durante el Año Nuevo atrae una multitud inmensa que viene a ver a las 108 personas que suben a la torre del campanario para tocar cada una la campana una vez. Se supone que los sonidos hacen de todo, desde representar la multitud de los placeres disponibles en la tierra hasta llevarse todas las preocupaciones que le molestan a la humanidad.

La visita del templo se ha vuelto una actividad cada vez más popular durante el Año Nuevo chino, aunque no precisamente entre los jóvenes. “En el Festival de la Primavera más de 100 mil visitantes vinieron a prender incienso. La cola rodeaba todo el edificio”, le dijo Liu Huaming, un oficial de seguridad del Templo de Longhua, al diario Shanghai Star en 2005.

Según el profesor Gu Donghui, un experto en sociología de la Universidad Fudan de Shangai, se debe a la incertidumbre que ha permeado los estratos de la sociedad a raíz de los rápidos cambios debidos al crecimiento económico.

“La falta de seguridad y la preocupación por el futuro han contribuido al renacimiento de las costumbres chinas y las tradiciones religiosas”, le explicó al Shanghai Star. En una cultura no monoteísta, el renacimiento religioso ha tomado la forma de un renovado interés por las viejas costumbres chinas y los dioses locales.

Ese retorno de las viejas tradiciones es evidente si uno se dirige al Templo de Longhua en el periodo de las fiestas. Se llena a tope. Y, como pasa en otras religiones, también la gente que no va al templo durante el resto del año se da cita allí para el festejo de Año Nuevo.

Afuera, en las calles de alrededor, el espíritu se las arregla por sí solo y los placeres de la carne hacen lo propio. Los pequeños pasillos están llenos de puestos que venden comida china tradicional y artesanías. Con suerte, le tocará encontrarse con un puesto de yuan xiao (dumplings, dulces que simbolizan la unidad y que se rellenan de cosas deliciosas, como cáscara de mandarina, pasta de frijol, semillas de ajonjolí, nueces y pétalos de rosa). Se venden sobre todo el Día de las Linternas, pero a veces se consiguen antes. Y también puede que le toque ver los desfiles de zancos y la danza del dragón, con la percusión de los cohetes como fondo.

Los cohetes y fuegos artificiales son parte crucial de las celebraciones de Año Nuevo. Tradicionalmente, se lanzaban el día 23 del último mes del año, conocido como “el día de la cocina”: el dios de la cocina hacía un reporte de los hogares de las familias chinas y se lo llevaba al cielo. Los fuegos artificiales, entonces, al igual que varios regalos dulces, se le mandaban al dios para asegurarse un buen reporte. Ahora ya muy pocos se acuerdan de esto, y sólo los viejos saben por qué se lanzan fuegos artificiales en Año Nuevo: su cometido principal era espantar a la aterradora bestia de la montaña llamada Nian, que era capaz de comerse a las personas.

“Pero —con o sin significado— el interés masivo por los fuegos artificiales ha crecido al mismo ritmo que otras tradiciones se desvanecen, como comer en abundancia y vestir ropa nueva.” En la ciudad de Shangai, altamente occidental, el crecimiento económico ha dado a los residentes el poder de comprar comida de lujo y ropa todo el año. Por eso, para que las celebraciones de Año Nuevo se distingan, se necesita algo —literalmente— más escandaloso.

Aunque algunos de los fuegos artificiales se lanzan a medianoche en la víspera de Año Nuevo, la mayoría se lanza cinco días después: el día llamado Po Woo, del dios de la riqueza Cai Shen Ye. El evento ya no es sólo para honrar a Cai Shen Ye con la esperanza de hacerse más rico; sino para desplegar la riqueza ya acumulada.

Los hombres de cada comunidad se aparecen de preferencia en un carro enorme, con cajas y cajas de fuegos artificiales. Luego, empiezan a cargar las armas sobre el pavimento, y las alistan para lanzarlas al aire.

Cada año hay heridos, causados por fuegos defectuosos. Los vendedores no aprobados por el gobierno los contrabandean disfrazados de frutas, pues saben que siempre hay hombres desesperados por aparentar ser más ricos que sus vecinos, aunque no tengan dinero para comprar fuegos más seguros.

Por lo mismo, a mediados de los noventa, el gobierno local decidió prohibir los fuegos artificiales en las calles. Pero las protestas de la gente fueron tan contundentes que la ley tuvo que ser revocada dos años después. Eso sí, ahora las explosiones están restringidas a ciertas áreas y horarios.

El dinero es el enfoque de otra tradición, la del hong bao o sobre rojo. Si se pasea por los puestos del mercado y las tiendas de abarrotes de Shangai, justo antes de Año Nuevo, encontrará que todas venden sobres de una mezcla chillona de rojo y dorado con símbolos que representan la buena suerte, la riqueza y la prosperidad —como el de un niño pequeño montado sobre un pescado, un dragón o un ave fénix.

En los sobres la gente mayor pone dinero para dárselo a sus parientes más jóvenes, aunque también lo hacen las empresas con sus clientes y los jefes con sus empleados. Se puede meter cualquier cantidad, pero muchos son del tamaño exacto de un billete de 100 yuan, y la gente mayor asegura que los niños rezongan si se les da menos.

Lo mejor llega el último día del Festival de la Primavera, el Día de las Linternas (hermosas lámparas de papel de varias formas, tamaños y colores). La mayoría de los adultos tienen recuerdos mágicos del evento, como Kelly Zheng, que rememora cómo, cuando era niña, su padre le hacía una con la forma del conejo que vive en la Luna.

Ahora casi todas se venden hechas, pero de todos modos parecen etéreas en la noche, cuando brillan colgadas de los árboles y edificios o están sostenidas en lo alto de postes de madera. Para ver la mejor variedad hay que ir al Jardín Yu Yuan, donde se reúne muchísima gente, envuelta en abrigos y bufandas, en una especie de procesión entre los árboles, disfrutando este último estallido de color antes de que la ciudad se enfrente un par de meses más a ese duro y gris invierno, que todavía precederá a la verdadera llegada de la primavera?

*Traducción de Claudia Itzkowich

GUÍA PRÁCTICA

CUÁNDO

En 2007, el Año Nuevo comienza el 18 de febrero. Esto marcará el final del año del perro y el comienzo del año del cochino, de acuerdo a la astrología china.

DÓNDE COMER
Para conseguir una buena vista de los fuegos artificiales, no hay como el Bar Rouge, en el último piso del número 18 del Bund (www.resto18.com): su terraza es un amplio lounge no sólo con camas, sino también con arena, donde los chinos y extranjeros enterados se reúnen a tomar champaña cuando el clima lo permite. Otra opción es el bar del último piso del Grand Hyatt (Jin Mao Tower 88, Century Boulevard, Pudong; T. 86 (21) 5049 1234; F. 86 (21) 5049 1111; www.shanghai.grand.hyatt.com) o reservar una mesa en el restaurante Whampoa Club (Three on the Bund, quinto piso; 3 Zhongshan Dongyilu; T. 86 (21) 6321 3737) cuyo chef, Jereme Leung, ha catapultado la reputación de la cocina de Shangai con platos como el foie gras en dátiles rojos y las costillas de cerdo fritas con cacao. En el mismo complejo (www.threeonthebund.com) está el restaurante del famoso chef Jean Georges Vongerichten, quizás hasta él mismo coincidiría en que —si la vista a los fuegos artificiales importa menos que la experiencia gastronómica en fechas tan emotivas como éstas— conviene ir a comer a su consentido Bao Luo (271 Fumin Lu, by Changle Lu; T. 86 (21) 5403 7239), en cuyo comedor el humo de cigarro es bienvenido y las mesas se cubren de manteles de plástico, y puede probar verdaderas delicias de la región.

DÓNDE DORMIR
Para algo más acogedor que los grandes hoteles del área de Pudong, considere 88 Xintiandi (www.88xintiandi.com), un pequeño hotel de diseño, o el Hotel Jinjiang (www.jinjianghotelshanghai.com) en el hermoso barrio de la Concesión Francesa.

MIENTRAS TANTO
SNOW FESTIVAL
Sapporo, Japón;
del 6 al 12 de febrero de 2007;
www.snowfes.com

Más de dos millones de miradas desfilan ante las impresionantes y cada vez más hermosas estatuas de nieve y esculturas de hielo.

CARNAVAL
Venecia, Italia;
del 9 al 20 de febrero, 2007;
www.carnivalofvenice.com

Su carga histórica se remonta al siglo XIII, y es una gran oportunidad para conocer en todo su esplendor las máscaras, los canales, los palacios y plazas de una ciudad de por sí espectacular.

CARNAVAL DE RÍO
Del 17 al 20 de febrero de 2007;
www.ipanema.com
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