Al pie de los Andes: bodegas de diseño en Mendoza y Neuquén
No hace falta una bodega de Gehry, Zaha Hadid o Calatrava para dejar claro que la arquitectura de vanguardia se ha vuelto uno de los pilares en la imagen de las casas vinícolas, un extra en el placer del enoturismo. Y la región argentina de Mendoza está lejos de ser la excepción.
Por
Carolina Reymúndez |
agosto 2007
|
Tags:
mendoza, neuquen, bodegas, vinos
|
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Enigmáticas cajas mudas, con piel de cemento y ojos de vidrio oscuro. Eso parecen desde la carretera algunas de las últimas bodegas construidas al pie de la Cordillera de Los Andes, en las provincias argentinas de Mendoza y Neuquén.
Paredes de pirca —piedras apiladas— tal como las usaban los indios huarpes para hacer sus casas, toneladas de acero, solidez, integración cromática a la paleta de la tierra, simetrías y hi-tech. El boom del vino, en el mundo y también aquí cerca del fin del mundo, no viene solo. Trae del brazo una potente arquitectura industrial que lo enmarca, define y sustenta.
“La arquitectura del vino debe entenderse como una parte del paisaje del vino”, me dice la arquitecta Eliana Bórmida, del estudio Bórmida & Yanzón, uno de los más prestigiosos de la zona en construcción de bodegas. Han hecho alrededor de veinte, entre otras Salentein, O. Fournier, Séptima, Carlos Pulenta, Navarro Correas, bodegas emblemáticas por su diseño.
La audacia es un signo del paisaje vitivinícola actual. Si bien las bodegas argentinas no se acercan siquiera a los extremos diseños de las bodegas encargadas a los geniales arquitectos Santiago Calatrava, Frank Gehry, Rafael Moneo, Zaha Hadid y Herzog & De Meuron (y que algunos consideran un exceso, un “sobre diseño”), sí están alineadas en la búsqueda de placer estético e intelectual a partir del diseño.
EL DISEÑO LLEGA A ARGENTINA
“Hoy las bodegas —continúa Bórmida— tienen que ser un buen proyecto enológico en tanto espacio de producción, pero también un buen proyecto arquitectónico. Que reciba a los visitantes, que les permita comprender por medio de espacios didácticos y persuasivos cómo se elabora el vino y cuáles son los grados de técnica y rigor que se emplean para la elaboración. Las bodegas de esta época no son simples construcciones utilitarias.”
Esta aclaración apunta a que alguna vez sí lo fueron, hace tiempo. La historia del vino en Mendoza tiene más de 400 años. Y antiguamente, las bodegas eran espacios integrados a la casa, una galería sombría o un galpón de adobe en el fondo de la propiedad. Se usaban lagares donde se pisaba la uva “a pata”. Después se volcaba el contenido en tinajas de barro y, cuando la fermentación estaba lista, se envolvía en totora húmeda (una planta local) y se llevaba en carretas a lugares distantes. Cuando llegó el ferrocarril a Mendoza, trajo inmigrantes, ladrillos y las técnicas de construcción que aportaban los ingenieros italianos. Eran tiempos de la Revolución Industrial y del auge de la vitivinicultura en la provincia. Todavía quedan restos de naves de esos años, como la bodega El Globo de la familia Tomba, en pleno centro.
Entre 1950 y 1980, tanto la arquitectura como el nivel del vino decayeron. No hubo más coquetos edificios de ladrillos, y la producción volvió a tinglados deslucidos y edificios emparchados. Hasta fines de la década de los ochenta, cuando todo volvió a cambiar.
La globalización, el furor por el vino del Nuevo Mundo (Argentina, Chile, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica) y el turismo enológico habían enriquecido el panorama. Algunos curiosos empresarios del vino local se fueron de viaje a ver qué estaba pasando afuera. Volvieron hablando de una gran transformación, donde la calidad, la definición de imagen de marca y las regiones productoras importaban. Había que competir, y la arquitectura contemporánea se convirtió en una estrategia más, además del vino, claro, para mostrar la marca y reflejar sus valores, gustos, criterios y filosofía. Por eso, me dirá Bórmida: “ninguna bodega se parece a otra”.
EDIFICIOS QUE SON PAISAJE ANDINO
Antes, las bodegas estaban integradas a la casa. Hoy están integradas al paisaje. En el caso de Mendoza: horizonte andino, cielos limpios y con intenso brillo solar, tierra agrietada y seca, agua que baja de las montañas y suelos pedregosos. Por un lado está el desierto. Por otro, el verde de los viñedos, creado por el hombre gracias al riego artificial por medio de canales y acequias, y en los últimos tiempos por goteo, como en el alto Valle de Uco. Ese contraste de colores y texturas impresiona. Por eso, los arquitectos lo ponen de manifiesto en las decisiones conceptuales y estéticas de la bodega. Además, buscan que el visitante transite por el contraste, que se ponga en contacto con el clima y la tierra de la zona a través de los materiales “áridos”, como la piedra, el cemento y también las plantas de la zona. Es raro ver papiros o jazmines en la entrada de una bodega. Más probablemente se verán prolijos land-arts con jarillas, retamas, colitas de zorro, coirón y cortaderas, plantas nativas que, además de ser representativas y realzar el verde de los viñedos, no necesitan de gran mantenimiento.
En medio de ese cuadro desolado se planta una mole industrial, un edificio de espacios puros, limpios, que busca mimetizarse con el campo hasta casi esconderse para no molestar. Pero no se esconde atrás de un árbol sino dentro de los propios materiales.
“La enología en Neuquén no tiene historia, es absolutamente nueva. No tenemos nada que copiar”, me dice Lucas Nemesio, arquitecto y socio de NQN, una de las bodegas de la zona vitivinícola más novedosa de Argentina, San Patricio del Chañar, Neuquén, plena Patagonia. Los viñedos más viejos de este lugar son de 1999, y ya están dando buenos resultados. No sólo el Pinot Noir, la cepa más acorde al frío y las características del suelo, sino también el Malbec, con reconocimientos internacionales.
Sobria, minimalista, estética y funcional. Así fue pensada NQN, con bloques de cemento texturado, que en el caso de crecimientos futuros se pueden ampliar; pórfido, como se llama a la piedra de por aquí, y techo de madera en la nave de tanques, para aportar calidez.
“En nuestro caso se decidió mostrar lo industrial. Creo que la tecnología no le quita romanticismo al proceso del vino. ¿Para qué disimular que la industria avanzó?”, se pregunta Nemesio, qué sería del “anti fan’s club” de las bodegas que, siendo nuevas, construyen un edificio clásico.
También en esta zona, la flamante bodega Familia Schroeder presenta una construcción innovadora, con un concepto de avanzada en arquitectura vitivinícola: las bodegas gravitacionales.
Antes, el arquitecto hacía los planos y el enólogo, el vino. Hoy trabajan juntos, y el enólogo participa activamente del proyecto. De esa dupla creativa surgieron las bodegas que elaboran el vino utilizando la gravedad. En lugar de bombearlo, trabajan con desniveles en las distintas fases del proceso. La uva se lastima menos y la calidad mejora. En el caso neuquino, los desniveles del terreno, más precisamente las bardas o taludes, favorecen este tipo de construcciones con desniveles, donde los camiones descargan en la parte más alta, y luego los tanques ingresan en la bodega por arriba.
En el caso de Familia Schroeder hubo un hallazgo sorprendente en la construcción, que fue aprovechado desde el diseño. En julio de 2003, durante la excavación para la construcción de la bodega se encontraron los huesos de uno de los últimos dinosaurios patagónicos, el Aeolosaurus rionegrinus, que habitó esta región hace 75 millones de años. La Familia Schroeder tiene la custodia legal y los huesos se pueden ver detrás de una vitrina y en el lugar exacto del descubrimiento, debajo del restaurante Saurus, comandado por el suizo Boris Walker, experto en la sopa de Chardonnay, en el cordero en distintas cocciones y de los postres amables.
LA ERA DEL VISITANTE
Antes, el consumidor compraba el vino en el supermercado. Hoy prefiere las vinotecas y, si puede, viaja hasta la bodega para ver cómo se produce. Recorre muchos kilómetros para tomar el vino en su lugar de origen, para conocer sus costumbres, su gente. Viene de lejos, en busca de una experiencia holística. “El paisaje y la arquitectura del vino redondean la experiencia del que viene”, destaca Bórmida. La visita no es circuito, degustación, compra y listo, sino que las bodegas han comenzado a incorporar wine bars, restaurantes, posadas, capillas y hasta espacios de arte. Como Killka, en Salentein, una bodega con dueño holandés, que además es mecenas artístico. Killka, una palabra indígena que significa puerta o entrada, es un complejo gastronómico y cultural ultramoderno, pero, paradójicamente, construido con técnicas artesanales y ancestrales. Tiene una galería de arte con autores argentinos y holandeses y un amplio parque para pasear.
En esta época del diseño de bodegas, y posiblemente para siempre, el visitante es un factor de peso. Las más antiguas establecen los recorridos como pueden, pero las últimas en construirse, como Fin del Mundo, Valle Perdido o Laderas de Los Andes, incorporan pasillos (para ver los pasos desde la llegada de la uva, los tanques de fermentación) y espacios que en sí mismos minimizan la función didáctica del enoturismo para atraer a un público mucho más diverso, cuyo único denominador común es el deseo de salir al campo y pasársela bien.
ALGUNAS BODEGAS
EN MENDOZA
SALENTEIN
Ruta 89 s/n
Los Árboles, Tunuyán
T. 54 (2622) 429 000
www.bodegasalentein.com
Diario de 10 a 16 horas.
Tienen restaurante y también una exclusiva posada.
O. FOURNIER
Calle Los Indios s/n
La Consulta
T. 54 (2622) 451 579
www.ofournier.com
Está en construcción un hotel de lujo con 36 habitaciones, que planea abrir en marzo de 2008.
PULENTA
Roque Sáenz Peña 3531
Vistalba, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 498 9400
www.carlospulentawines.com
El exclusivo restaurante La Bourgogne, del Alvear Palace Hotel de Buenos Aires, tiene una sucursal aquí, a pasos de Los Andes. También posada de lujo.
SÉPTIMA
Ruta Internacional 7, km 6.5
Agrelo, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 498 5164
www.bodegaseptima.com
De lunes a viernes de 10 a 17 horas.
Es necesario reservar la visita con antelación.
La terraza es un excelente lugar para un atardecer de verano, con un Malbec en la mesa.
CATENA ZAPATA
J. Cobos s/n
Agrelo, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 490 0214
www.catenawines.com
Visitas con reservación previa.
La bodega está construida como una pirámide maya en tonos tierra, que cada día se iluminan con el sol de la tarde.
TAPAUS
Franklin Villanueva 3826
Lunlunta, Maipú
T. 54 (261) 499 0514
www.tapaus.com.ar
Lunes a viernes de 12 a 17 horas; sábados de 11 a 17 horas; domingos y feriados se debe reservar previamente.
Única bodega de destilados del país. Obtuvo medalla de oro del premio Best of Wines 2007 por su arquitectura, desarrollada por Marcelo Pedemonte.
EN NEUQUÉN
NQN
Ruta Provincial 7 Picada 15
San Patricio del Chañar
T. 54 (299) 558 0000
www.bodeganqn.com.ar
De lunes a viernes de 9:30 a 17 horas; sábados, domingos y días feriados de 10:30 a 17 horas.
Destacada cocina patagónica en un restaurante vidriado, donde los viñedos y el paisaje también se sientan a la mesa.
FAMILIA SCHROEDER
Calle 7 Norte
San Patricio del Chañar
T. 54 (299) 5508 6767
www.familiaschroeder.com
De lunes a viernes de 9 a 17 horas.
Exclusivo restaurante Saurus, con cocina creativa y austral.
VALLE PERDIDO
Ruta Provincial 7
San Patricio del Chañar
T. 54 (11) 4343 9909 en Buenos Aires
www.valleperdido.com.ar
La bodega se inaugura en octubre próximo. Contará con un pequeño hotel de lujo y spa.
FIN DEL MUNDO
Ruta Provincial 8, km 9
San Patricio del Chañar
T. 54 (299) 485 5004
www.bodegadelfindelmundo.com
De lunes a viernes de 10 a 16 horas; sábados y feriados de 10 a 17 horas.
Una gran bodega construida por módulos. Proyecta un wine bar y un exclusivo hotel.
Paredes de pirca —piedras apiladas— tal como las usaban los indios huarpes para hacer sus casas, toneladas de acero, solidez, integración cromática a la paleta de la tierra, simetrías y hi-tech. El boom del vino, en el mundo y también aquí cerca del fin del mundo, no viene solo. Trae del brazo una potente arquitectura industrial que lo enmarca, define y sustenta.
“La arquitectura del vino debe entenderse como una parte del paisaje del vino”, me dice la arquitecta Eliana Bórmida, del estudio Bórmida & Yanzón, uno de los más prestigiosos de la zona en construcción de bodegas. Han hecho alrededor de veinte, entre otras Salentein, O. Fournier, Séptima, Carlos Pulenta, Navarro Correas, bodegas emblemáticas por su diseño.
La audacia es un signo del paisaje vitivinícola actual. Si bien las bodegas argentinas no se acercan siquiera a los extremos diseños de las bodegas encargadas a los geniales arquitectos Santiago Calatrava, Frank Gehry, Rafael Moneo, Zaha Hadid y Herzog & De Meuron (y que algunos consideran un exceso, un “sobre diseño”), sí están alineadas en la búsqueda de placer estético e intelectual a partir del diseño.
EL DISEÑO LLEGA A ARGENTINA
“Hoy las bodegas —continúa Bórmida— tienen que ser un buen proyecto enológico en tanto espacio de producción, pero también un buen proyecto arquitectónico. Que reciba a los visitantes, que les permita comprender por medio de espacios didácticos y persuasivos cómo se elabora el vino y cuáles son los grados de técnica y rigor que se emplean para la elaboración. Las bodegas de esta época no son simples construcciones utilitarias.”
Esta aclaración apunta a que alguna vez sí lo fueron, hace tiempo. La historia del vino en Mendoza tiene más de 400 años. Y antiguamente, las bodegas eran espacios integrados a la casa, una galería sombría o un galpón de adobe en el fondo de la propiedad. Se usaban lagares donde se pisaba la uva “a pata”. Después se volcaba el contenido en tinajas de barro y, cuando la fermentación estaba lista, se envolvía en totora húmeda (una planta local) y se llevaba en carretas a lugares distantes. Cuando llegó el ferrocarril a Mendoza, trajo inmigrantes, ladrillos y las técnicas de construcción que aportaban los ingenieros italianos. Eran tiempos de la Revolución Industrial y del auge de la vitivinicultura en la provincia. Todavía quedan restos de naves de esos años, como la bodega El Globo de la familia Tomba, en pleno centro.
Entre 1950 y 1980, tanto la arquitectura como el nivel del vino decayeron. No hubo más coquetos edificios de ladrillos, y la producción volvió a tinglados deslucidos y edificios emparchados. Hasta fines de la década de los ochenta, cuando todo volvió a cambiar.
La globalización, el furor por el vino del Nuevo Mundo (Argentina, Chile, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica) y el turismo enológico habían enriquecido el panorama. Algunos curiosos empresarios del vino local se fueron de viaje a ver qué estaba pasando afuera. Volvieron hablando de una gran transformación, donde la calidad, la definición de imagen de marca y las regiones productoras importaban. Había que competir, y la arquitectura contemporánea se convirtió en una estrategia más, además del vino, claro, para mostrar la marca y reflejar sus valores, gustos, criterios y filosofía. Por eso, me dirá Bórmida: “ninguna bodega se parece a otra”.
EDIFICIOS QUE SON PAISAJE ANDINO
Antes, las bodegas estaban integradas a la casa. Hoy están integradas al paisaje. En el caso de Mendoza: horizonte andino, cielos limpios y con intenso brillo solar, tierra agrietada y seca, agua que baja de las montañas y suelos pedregosos. Por un lado está el desierto. Por otro, el verde de los viñedos, creado por el hombre gracias al riego artificial por medio de canales y acequias, y en los últimos tiempos por goteo, como en el alto Valle de Uco. Ese contraste de colores y texturas impresiona. Por eso, los arquitectos lo ponen de manifiesto en las decisiones conceptuales y estéticas de la bodega. Además, buscan que el visitante transite por el contraste, que se ponga en contacto con el clima y la tierra de la zona a través de los materiales “áridos”, como la piedra, el cemento y también las plantas de la zona. Es raro ver papiros o jazmines en la entrada de una bodega. Más probablemente se verán prolijos land-arts con jarillas, retamas, colitas de zorro, coirón y cortaderas, plantas nativas que, además de ser representativas y realzar el verde de los viñedos, no necesitan de gran mantenimiento.
En medio de ese cuadro desolado se planta una mole industrial, un edificio de espacios puros, limpios, que busca mimetizarse con el campo hasta casi esconderse para no molestar. Pero no se esconde atrás de un árbol sino dentro de los propios materiales.
“La enología en Neuquén no tiene historia, es absolutamente nueva. No tenemos nada que copiar”, me dice Lucas Nemesio, arquitecto y socio de NQN, una de las bodegas de la zona vitivinícola más novedosa de Argentina, San Patricio del Chañar, Neuquén, plena Patagonia. Los viñedos más viejos de este lugar son de 1999, y ya están dando buenos resultados. No sólo el Pinot Noir, la cepa más acorde al frío y las características del suelo, sino también el Malbec, con reconocimientos internacionales.
Sobria, minimalista, estética y funcional. Así fue pensada NQN, con bloques de cemento texturado, que en el caso de crecimientos futuros se pueden ampliar; pórfido, como se llama a la piedra de por aquí, y techo de madera en la nave de tanques, para aportar calidez.
“En nuestro caso se decidió mostrar lo industrial. Creo que la tecnología no le quita romanticismo al proceso del vino. ¿Para qué disimular que la industria avanzó?”, se pregunta Nemesio, qué sería del “anti fan’s club” de las bodegas que, siendo nuevas, construyen un edificio clásico.
También en esta zona, la flamante bodega Familia Schroeder presenta una construcción innovadora, con un concepto de avanzada en arquitectura vitivinícola: las bodegas gravitacionales.
Antes, el arquitecto hacía los planos y el enólogo, el vino. Hoy trabajan juntos, y el enólogo participa activamente del proyecto. De esa dupla creativa surgieron las bodegas que elaboran el vino utilizando la gravedad. En lugar de bombearlo, trabajan con desniveles en las distintas fases del proceso. La uva se lastima menos y la calidad mejora. En el caso neuquino, los desniveles del terreno, más precisamente las bardas o taludes, favorecen este tipo de construcciones con desniveles, donde los camiones descargan en la parte más alta, y luego los tanques ingresan en la bodega por arriba.
En el caso de Familia Schroeder hubo un hallazgo sorprendente en la construcción, que fue aprovechado desde el diseño. En julio de 2003, durante la excavación para la construcción de la bodega se encontraron los huesos de uno de los últimos dinosaurios patagónicos, el Aeolosaurus rionegrinus, que habitó esta región hace 75 millones de años. La Familia Schroeder tiene la custodia legal y los huesos se pueden ver detrás de una vitrina y en el lugar exacto del descubrimiento, debajo del restaurante Saurus, comandado por el suizo Boris Walker, experto en la sopa de Chardonnay, en el cordero en distintas cocciones y de los postres amables.
LA ERA DEL VISITANTE
Antes, el consumidor compraba el vino en el supermercado. Hoy prefiere las vinotecas y, si puede, viaja hasta la bodega para ver cómo se produce. Recorre muchos kilómetros para tomar el vino en su lugar de origen, para conocer sus costumbres, su gente. Viene de lejos, en busca de una experiencia holística. “El paisaje y la arquitectura del vino redondean la experiencia del que viene”, destaca Bórmida. La visita no es circuito, degustación, compra y listo, sino que las bodegas han comenzado a incorporar wine bars, restaurantes, posadas, capillas y hasta espacios de arte. Como Killka, en Salentein, una bodega con dueño holandés, que además es mecenas artístico. Killka, una palabra indígena que significa puerta o entrada, es un complejo gastronómico y cultural ultramoderno, pero, paradójicamente, construido con técnicas artesanales y ancestrales. Tiene una galería de arte con autores argentinos y holandeses y un amplio parque para pasear.
En esta época del diseño de bodegas, y posiblemente para siempre, el visitante es un factor de peso. Las más antiguas establecen los recorridos como pueden, pero las últimas en construirse, como Fin del Mundo, Valle Perdido o Laderas de Los Andes, incorporan pasillos (para ver los pasos desde la llegada de la uva, los tanques de fermentación) y espacios que en sí mismos minimizan la función didáctica del enoturismo para atraer a un público mucho más diverso, cuyo único denominador común es el deseo de salir al campo y pasársela bien.
ALGUNAS BODEGAS
EN MENDOZA
SALENTEIN
Ruta 89 s/n
Los Árboles, Tunuyán
T. 54 (2622) 429 000
www.bodegasalentein.com
Diario de 10 a 16 horas.
Tienen restaurante y también una exclusiva posada.
O. FOURNIER
Calle Los Indios s/n
La Consulta
T. 54 (2622) 451 579
www.ofournier.com
Está en construcción un hotel de lujo con 36 habitaciones, que planea abrir en marzo de 2008.
PULENTA
Roque Sáenz Peña 3531
Vistalba, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 498 9400
www.carlospulentawines.com
El exclusivo restaurante La Bourgogne, del Alvear Palace Hotel de Buenos Aires, tiene una sucursal aquí, a pasos de Los Andes. También posada de lujo.
SÉPTIMA
Ruta Internacional 7, km 6.5
Agrelo, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 498 5164
www.bodegaseptima.com
De lunes a viernes de 10 a 17 horas.
Es necesario reservar la visita con antelación.
La terraza es un excelente lugar para un atardecer de verano, con un Malbec en la mesa.
CATENA ZAPATA
J. Cobos s/n
Agrelo, Luján de Cuyo
T. 54 (261) 490 0214
www.catenawines.com
Visitas con reservación previa.
La bodega está construida como una pirámide maya en tonos tierra, que cada día se iluminan con el sol de la tarde.
TAPAUS
Franklin Villanueva 3826
Lunlunta, Maipú
T. 54 (261) 499 0514
www.tapaus.com.ar
Lunes a viernes de 12 a 17 horas; sábados de 11 a 17 horas; domingos y feriados se debe reservar previamente.
Única bodega de destilados del país. Obtuvo medalla de oro del premio Best of Wines 2007 por su arquitectura, desarrollada por Marcelo Pedemonte.
EN NEUQUÉN
NQN
Ruta Provincial 7 Picada 15
San Patricio del Chañar
T. 54 (299) 558 0000
www.bodeganqn.com.ar
De lunes a viernes de 9:30 a 17 horas; sábados, domingos y días feriados de 10:30 a 17 horas.
Destacada cocina patagónica en un restaurante vidriado, donde los viñedos y el paisaje también se sientan a la mesa.
FAMILIA SCHROEDER
Calle 7 Norte
San Patricio del Chañar
T. 54 (299) 5508 6767
www.familiaschroeder.com
De lunes a viernes de 9 a 17 horas.
Exclusivo restaurante Saurus, con cocina creativa y austral.
VALLE PERDIDO
Ruta Provincial 7
San Patricio del Chañar
T. 54 (11) 4343 9909 en Buenos Aires
www.valleperdido.com.ar
La bodega se inaugura en octubre próximo. Contará con un pequeño hotel de lujo y spa.
FIN DEL MUNDO
Ruta Provincial 8, km 9
San Patricio del Chañar
T. 54 (299) 485 5004
www.bodegadelfindelmundo.com
De lunes a viernes de 10 a 16 horas; sábados y feriados de 10 a 17 horas.
Una gran bodega construida por módulos. Proyecta un wine bar y un exclusivo hotel.
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