Fin de año veraniego
Fotografía de Gustavo Gatto

Fin de año veraniego

Las vacaciones de fin de año en el más exclusivo resort uruguayo son más atractivas que la mera posibilidad de celebrar en linos y tangas. Mientras el hemisferio norte se deja enterrar en la nieve, la gente más hermosa, rica y divertida del mundo parece haber encontrado en Punta del Este un salón de fiestas con playa a su medida.
Falta un rato para comenzar el 2007 y en Marismo, un restaurante escondido en el bosque agreste de José Ignacio, a unos 30 kilómetros de Punta del Este, hay un ambiente informal pero chic, elegante pero con los pies en la arena. Hasta la brisa tiene estilo en esta noche vieja. Los pinos rodean la escena de mesitas bajas y faroles de tela. Un fuego alto flamea en el centro del lugar, como fondo se oye a la cantante brasileña Bebel Gilberto.

Casi nadie habla español en esta noche bajo un techo de estrellas. La mayoría viste de blanco con telas ligeras y transparentes, una tradición brasileña bien recibida en el balneario más glamoroso de América del Sur, adonde llegan además de argentinos y chilenos, mexicanos y brasileños, también cada vez más europeos arriban en busca de seguridad y estilo. No importa que el agua sea helada, casi nadie entra en el mar. Aquí, los hoteles tienen albercas cálidas y fiestas increíbles. Aquí es común encontrarse con celebrities internacionales que llegan en aviones privados y en viajes relámpago. Alquilan casas por miles de dólares al día y ponen de su parte para que Punta del Este sea conocida en todo el mundo como la Ibiza de Latinoamérica o los Hamptons del sur.

Para pasar el mejor fin de año en Punta del Este es preciso tener “el dato” del restaurante, el hotel, la playa, o la fiesta. Y Ralph Lauren, el creador del imperio Polo, lo tiene. Alquiló una casa de 10 mil dólares por día en La Barra y llegó hasta este perdido restaurante de inspiración hippie, el cual comandan discípulos del conocido chef argentino y pionero en la zona Francis Mallmann, quienes preparan como nadie el cordero al romero.

A dos mesas de la mía está el señor Lauren, con pantalón rojo, camisa clara y 67 años que se le notan poco. Enfrente tiene a su mujer y a alguien más, un joven musculoso que muchos creen que es su guardaespaldas y otros dicen que es un amigo. Al lado de ellos se encuentran los diseñadores de Félix, una nueva marca argentina de ropa con onda para hombres. Más allá, unas chicas de San Francisco con un amigo de Nueva York, quienes coordinaron todo por mail y se encontraron aquí para recibir el año, con el mejor bajo perfil. En la mesa que está junto al pino más grande, hay una parejita mixta, argentina y mexicano, con los padres de él, que vinieron directo desde Polanco.

Los meseros van y vienen. Todavía falta para la champaña de las 12 pero se siente el ambiente de fiesta. Los diseñadores de Félix no pueden creer que están al lado del canoso de Ralph, después de un rato, cuando ya comieron sus calamares con tomates cherry caramelizados, sacan sus mejores sonrisas y lo abordan para una foto. El modisto accede de buena gana. Total, sólo es una foto para el álbum de unos jóvenes diseñadores. Los paparazzi, que en Punta del Este son una plaga, no llegaron hasta aquí. No tuvieron el dato.

Seguramente, los paparazzi no vinieron porque tuvieron “otros datos”: las famosas fiestas temáticas del Conrad y el Mantra, los cinco estrellas con casino también están llenos de ricos y famosos con vestidos para el recuerdo y la foto, claro.

Martin Pitaluga es pionero en José Ignacio y propietario de La Huella, el parador donde hacen escala afortunados de rostro desconocido, pero con un Zonda Pagani, un Porsche 4x4 ne-gro mate, un cuerpo escultural, un jet privado.

A pesar de sus mansiones millonarias, José Ignacio conserva un cómodo aire de pueblo que atrae a sus playas a todos los turistas que llegan a Punta del Este y se encuentran con que es una gran ciudad de veraneo. Con temporada alta, tráfico, ruido de claxon, turistas nerviosos, una sombrilla pegada a la otra en las playas. En cambio José Ignacio todavía cuenta con privacidad y buen gusto. “Aquí sólo corre el viento”, dice un cartel en la entrada al pueblo. No se permiten grandes carteles publicitarios ni construcciones invasivas ni nada que cambie el estatus de pueblo pequeño. Las mansiones millonarias no molestan, así que las hay de derecha a izquierda. En José Ignacio, donde pronto habrá un hotel boutique con apenas 20 habitaciones
de la exclusiva cadena The Setai Club, se paga todo cerca de 20% más caro que en Punta.

A La Huella, el restaurante de Martín Pitaluga, también va gente famosa, como Luciano Benetton, el invitado VIP de la última temporada para la tradicional fiesta que organiza Lacoste cada 29 de diciembre, con sushi y sofisticados fuegos artificiales. Los famosos comen y posan y casi siempre terminan en el salón VIP del segundo piso. Los sushimen detrás de la barra trabajan con rapidez de taquígrafos, mientras los cantineros preparan mojitos y vodkas tónic. Todo fluye con asombrosa naturalidad.

También pasaron este enero la modelo checa Eva Herzigova y su colega argentina Valeria Mazza. Otros VIP del verano: Christie Hefner, hija del dueño de Playboy; Al-Saadi Kadaffi, hijo del líder libio, y la modelo y actriz Tara Reid. Ellos, además de Cristian Castro, Gustavo Cerati, los tenistas argentinos del momento y las modelos, como Pampita Ardohain, que aparecen en portadas de revistas y tienen a la mano sus tangas para cualquier ocasión.

“¿Llegó Naomi Campbell?” “Dicen que viene Cristina Onasis.” Y suenan otros nombres: Uma Thurman, Paris Hilton, Rafael Nadal, Ronaldinho. “Parece que ya llegó la supermodelo Natalia Vodianova y su marido, Justin Portman.” Todo el tiempo en las tardes de chill out en la playa y en los bares, corren rumores sobre quién llegó o está por llegar, o vino y se fue y nadie vio, o que está en su yate y todavía no se ha bajado. Esta especie de alerta permanente es lo que se vive entre Navidad y día de Reyes en Punta del Este.

LA MARCA ARISTOCRÁTICA
La entrada del jet set internacional es relativamente nueva en el balneario, pero la aristocracia fue clienta de Punta del Este desde sus inicios, cuando era un descampado con unas pocas casas. Ya por los años 30, muchas familias argentinas viajaban en tren hasta aquí, cargadas de baúles con ropa para la playa —en aquellos años había que ir vestido— trajes y ropa de gala, además de varios modelos de sombreros. Algunos tenían casas propias y otros se quedaban en hoteles con nombres europeos, como Biarritz, Gran Hotel España, British House, Nogaró. La mayoría venía con tiempo, dispuesto a pasar temporadas de tres meses.

En julio de este año, esta península —donde alguna vez se mataban lobos marinos a palos y se extraía sal para vivir— cumplió cien años. Antiguamente, Punta del Este se llamaba Pueblo Ituzaingó y sólo en 1907 tuvo este nombre que aparece en The New York Times y en revistas de tendencias en viajes.

En aquellos primeros años, la ciudad terminaba en Gorlero, la calle principal que hoy está muy lejos de donde-hay-que-estar. Gorlero era la única pavimentada, por donde todos pasaban para ir a tomar el té y escuchar música clásica a El Jagüel. En 1937 abrió La Fragata, la primera boîte (disco) de Punta del Este, y en los años 50 comenzaron los festivales de cine que trajeron a los primeros famosos, entre otros, Gerard Phillipe, Yves Montand, Gina Lollobrigida. La ciudad fue creciendo y durante mucho tiempo su bienestar dependió del caudal de visitantes argentinos. Por eso, estuvo de capa caída durante el peronismo, cuando debido a las tensas relaciones entre los países hubo trabas para visitar el balneario. Pero los fanáticos llegaban de cualquier modo: viajaban a Brasil primero y de ahí pasaban a Uruguay, hasta su querida Punta del Este.

Quedan algunas mansiones antiguas en la península, cerca del faro, y un par de hoteles, pero cuesta encontrar más rasgos del
pasado frente a un presente avasallante que llena de edificios esta punta con dos playas, Mansa y Brava. Los edificios son de alta calidad y llegan a tener 600 metros cuadrados frente al mar, la mayoría con salón de fiestas, spa y en ciertos casos hasta business center. Hay construcciones en primera línea, frente al mar, y también en avenidas importantes. Quay y Acqua, del arquitecto Rafael Viñoly, son dos de los más exclusivos. Y caros. Tienen sólo 14 unidades y el metro cuadrado ronda los cuatro mil dólares.

Durante muchos años los argentinos fueron los principales compradores de propiedades en Punta del Este, pero en esta época hay españoles, estadounidenses, chilenos, brasileños y mexicanos rondando el negocio inmobiliario. Muchos de ellos se enamoran del lugar justamente después de pasar aquí un famoso fin de año.

INSTRUCTIVO PARA FIESTAS
Fin de año en Punta del Este es mucho más que la noche del 31. Se llega alrededor del 27 de diciembre. Si bien Buquebus, la empresa de ferries que cruza desde Buenos Aires, va repleta y no tiene lugar desde varios meses antes, muchos de los visitantes llegan en yates privados —el puerto tiene 500 amarras— o en su avión propio. También existe un porcentaje de brasileños que viene en helicóptero desde São Paulo, con varias paradas intermedias. Según cifras oficiales, en los últimos años la aviación privada procedente de la Argentina y Brasil aumentó 15 por ciento.

Los brasileños empezaron a llegar poco a poco, como ahora los chilenos y los mexicanos, que en los últimos tres o cuatro años, se hicieron habitués y ya son un clásico del fin de año. Muchos tienen casa y los que no, se instalan en hoteles. La otra novedad es que ya no llegan sólo gauchos de Porto Alegre y otras ciudades del sur. Ahora también vienen, y cada vez más, paulistanos con ánimo de pasarla bien y gastar sin mirar el precio.

Wagner Ribeiro, representante de futbolistas como Robinho, Batista y Kaká, viene desde hace siete años. Le gusta porque: “hay personas bonitas, no hace tanto calor como en Brasil y, lo más importante, hay seguridad para mis hijos”. Ribeiro se siente cómodo en Punta del Este, hace días que se hospeda en el Conrad, usa ropa informal, tenis Nike y anteojos D&G, y también utiliza la limusina negra del hotel, siempre lista para sus clientes.

Los cien años de la ciudad fueron excusa para muchas fiestas. En una gala del Conrad, la princesa Laetitia D’Aremberg, hija de un multimillonario apasionado por Punta del Este y directora del tambo (rancho) Lapataia, conocido por el Festival de Jazz de cada enero, la eligieron madrina de Punta del Este. En esa misma fiesta le entregaron las llaves de la ciudad al brasileño Alexandre Grendene, fabricante de calzado en Brasil y propietario de dos mansiones en el barrio de Beverly Hills, donde además tiene varios autos deportivos.

Según la prensa local, el millonario aporta en impuestos a la tesorería del gobierno de Maldonado más de lo que paga toda una ciudad de esta jurisdicción. Grendene pasa el fin de año aquí porque es accionista de un hotel y porque se encuentra con amigos que también vienen desde Brasil. Viene él con su séptima mujer, Norinha Teixeira —quien lleva a sus hermanas— y sus hijas de 12 y 15 años. La más grande modela su vestido para que las demás la aprueben. Es verde pálido, con un hombro descubierto y en el otro un tirante de pétalos de cristal de strass. Es largo hasta la rodilla y el ruedo cae disparejo con picos que suben y bajan. Todas las mujeres del millonario del calzado suelen usar vestidos de diseñadores de moda y los servicios de una maquilladora que viaja desde Porto Alegre, de donde vienen muchas de sus clientas. Se llama Eduarda Seibt y va acompañada por su asistente, el peinador Vladimir Ochoa.

Durante el 31, desde mediodía hasta poco antes de medianoche, Eduarda y Vladimir pintan labios, párpados y mejillas; hacen brushing, chinos o lacios. Terminan agotados, un rato antes de las 12. Así nomás, en jeans y camiseta, pasan a buscar su botella de champaña fría en su hotel, que casualmente se llama Champagne, y caminan hasta la playa. Con los pies descalzos, igual que los que celebran en grande, Eduarda y Vladimir también festejan su año nuevo privado.

Cada 31 suele haber una o dos buenas fiestas privadas. Nunca se sabe quién la hará ni dónde será hasta unos días antes. Una de las últimas fue la de Tomás Costantini, hijo del empresario argentino y coleccionista de arte Eduardo Costantini. El chico de no más de 26 años tenía una agencia de modelos, que con la fiesta pretendía celebrar y promocionar. Fue en una casa de estilo inglés con un jardín gigante y varios grupos de música en vivo, además cuatro cantineros atendían la barra libre, con bebidas importadas.

Además de la farándula, también los empresarios de primer nivel circulan en las fiestas y los eventos VIP. En diciembre, José Ignacio se llena de ingleses que prefieren la relativa calma que precede a las fiestas. Si uno va hoy a La Huella, sólo escuchará hablar inglés. Muchos tienen por objetivo escapar del frío, así que vuelan a Punta del Este en donde se quedan hasta después de las fiestas. A ellos se los ve relajados, colorados y como en casa. Los que tienen un dejo más de turista seguramente se bajaron de un crucero —cada verano llegan a Punta del Este más de 50—, y tienen entre cinco horas y un día para pasear por la ciudad. A los que no les va el shopping, se acercan hasta José Ignacio dan una vuelta por el faro y si tienen tiempo quizás almuerzan en Los Negros, el restaurante de Francis Mallmann.

Frecuentando sitios como La Huella, en José Ignacio, y preguntando con ánimo de detective, sin perder la clase, uno puede lograr enterarse de los mejores eventos y hasta que lo incluyan en una lista de invitados; ésta es la llave para hacerse un camino entre la multitud que espera en la puerta, y entrar a las fiestas que son el tema del verano. Como lo es el desfile del peluquero Giordano, que comenzó tímidamente hace ya varios años y hoy tiene una fecha fija en el calendario de la temporada.

Y las fiestas de otros dos habitués de Punta del Este, Pancho Dotto y Ricardo Piñeyro, directores de las dos agencias de modelos más antiguas de Argentina y que llevan sus modelos a la temporada uruguaya desde hace veinte años. Las fiestas suelen ser temáticas y siempre incluyen shows en vivo y desfiles. Hace un par de años hubo una de sombreros, otra de los años 20 y otra de “Rusia con amor”.

Pero lo rico de Punta del Este es que atrás de esas fiestas, lejos de la parafernalia y cerca de la naturaleza agreste de José Ignacio, existe un lugar como Marismo, donde faltan unos minutos para las 12 y canta Manu Chao y hay ambiente hippie-chic. Ralph Lauren se fija en la hora y ya. ¡Feliz año! Se para, saluda a los de su mesa y también a los diseñadores de Félix que a esta altura no pueden creer su suerte. Los meseros descorchan botellas de champaña bajo las estrellas y dos neoyorquinos de pelo corto y vestidos con ropa gris ultramoderna se besan en la boca. Aquí no hay fuegos artificiales millonarios, sólo un fuego enorme que enciende el Año Nuevo.

LA NOCHE DEL 31
Para enterarse de los eventos más exclusivos, la condición fundamental es estar en el lugar indicado, en el momento justo. Por ejemplo, el deck de madera del Parador La Huella, en José Ignacio, un buen lugar para detectar por dónde se agitan las olas. Pero hay algunas de cajón.

MANTRA
Ruta 10, Parada 48, La Barra
T. 598 (42) 77 1000
www.mantraresort.com

La fiesta temática para la noche del lunes 31 de diciembre se denominará Le Cirque y tendrá lugar en el Ballroom del recinto, 300 dólares por persona.

CONRAD
Parada 4, Playa Mansa
T. 598 (42) 49 1111
www.conrad.com.uy

Como todos los años, el Conrad tendrá su gala de fin de año para 900 invitados especiales. Los cinco restaurantes del hotel tendrán cena de fin de año, pero la fiesta es exclusiva para invitados.

LA CALLE: EL GRAN PREMIO DE CONSOLACIÓN
Si encontrar la fiesta del año es un estrés, siempre queda el recurso de la fiesta en la calle, que también tiene estilo.
La organizan los restaurantes del puerto, como Doña Tere. En general comienzan con shows de candombe uruguayo.
A las 12 de la noche, todos se asoman a ver el espectáculo de fuegos artificiales y la mayoría se queda bailando en la calle, con trenecito, congas, papel picado. ¡Y es gratis!


GUÍA PRÁCTICA



CÓMO LLEGAR
Desde la Ciudad de México se puede volar con Aeroméxico (www.aeromexico.com) o Mexicana (www.mexicana.com) a Buenos Aires y de ahí a Montevideo.
Punta del Este está a 130 kilómetros de Montevideo, por autopista. Desde Buenos Aires, el pasaje cuesta desde 300 dólares, ida y vuelta, por Aerolíneas Argentinas (www.aerolineas.com.ar). También se puede ir en Buquebus (www.buquebus.com) a Colonia con conexión directa de ómnibus a Punta del Este. Si tiene auto, el barco cuenta con bodega.

DÓNDE DORMIR
Los hoteles tienen tarifas especiales para las fiestas y muchos exigen como mínimo siete noches de estadía en esa temporada. Conviene reservar con anticipación, pero con mucho tiempo; de hecho, se sugiere hacerlo a partir de agosto.

L’AUBERGE
Carnoustie y Av. del Agua
Barrio Parque de Golf
T. 598 (42) 48 2601
www.laubergehotel.com
Habitaciones desde 320 dólares en temporada alta.

Es el hotel cinco estrellas más elegante de Punta del Este, famoso por sus waffles a la hora del té.

HOTEL-ART LAS CUMBRES
Ruta 12, km. 3.9
Laguna del Sauce
T. 598 (42) 57 8689
www.cumbres.com.uy
Habitaciones desde 276 dólares.


JEAN CLEVERS PARQUE HOTEL
Budapest y Villa Princesa Bulevard Artigas
Parada 7
T. 598 (42) 49 3494
www.jeancleavers.com
Habitaciones desde 430 dólares.


LAS OLAS RESORT
Ruta 10, km 162.5 La Barra
T. 598 (42) 77 0466
www.lasolasresort.com.uy
Habitaciones para esta temporada alrededor de 550 dólares.


EN JOSÉ IGNACIO

LA POSADA DEL FARO
Calle de la Bahía esquina Timonel
T. (598) 486 2110
www.posadadelfaro.com
Habitaciones desde 310 dólares.


POSADA AZUL MARINO
Ruta 10, km 185
T. (598) 486 2363
www.azulmarino.com.uy
Habitaciones desde
300 dólares.


ARBOL CASA LOFT
Faro de José Ignacio
T. (598) 486 2350
www.arbolcasaloft.com
Habitaciones desde
580 dólares.


EN GARZÓN

HOTEL GARZÓN
Plaza de Pueblo Garzón
T. (598) 410 2811
www.restaurantgarzon.com
Habitaciones desde 220 dólares.
Es el hotel boutique con apenas cinco
habitaciones de Francis Mallmann y Manuel Mas.


ALQUILERES
Un departamento de cuatro cuartos en la península cuesta desde cuatro mil dólares al mes. Una casa grande frente al mar en Manantiales o José Ignacio cuesta unos 50 mil dólares al mes.

DÓNDE COMER
Con los restaurantes sucede algo similar que con los hoteles, los mejores y los más caros tienen todo reservado para la noche de Año Nuevo. En los otros, todavía se puede encontrar lugar, sobre todo los que desocupan quienes acuden a la cena en casa.

PARADOR LA HUELLA
Playa Brava
José Ignacio
T. (598) 486 2279
www.paradorlahuella.com

Preparan desde sushi hasta miniaturas de pescado y verduras asadas. Todo, entre modelos y famosos. Por un almuerzo pagará entre 30 y 40 dólares por persona.

MARISMO
José Ignacio
T. (598) 486 2273

Ideal para una cena romántica. Pruebe los chipirones y el cordero asado. Un platillo desde 30 dólares, pero se necesita reservar con dos días de anticipación.

LA BOURGOGNE
Pedragosa Sierra y Av. del Mar
T. 598 (42) 48 2007
www.relaischateaux.com/bourgogne

Es el mejor restaurante de Punta del Este, el cubierto cuesta alrededor de 80 dólares por persona.

LA POSTA DEL CANGREJO
Ruta 10, km 160.5, La Barra
T. 598 (42) 770 021
www.lapostadelcangrejo.com

Es el restaurante de Ana María Bozzo, reconocida chef uruguaya. El menú de fin de año a la carta, puede elegir entre tres opciones, 130 dólares por persona.

LOS NEGROS
Teros y Costanera
T. (598) 486 2091

Hay muchas opciones, pero el pescado en caja de hierro al horno de barro es imbatible. Prepárese para pagar un poco más, bastante más en realidad, unos 300 dólares por un almuerzo para dos incluso más.

LO DE RUBÉN
Santa Teresa 846, Maldonado
T. 598 (42) 22 3059
www.loderuben.com.uy

Una de las parrillas más tradicionales de Maldonado. Alrededor de 30 dólares por persona.

LO DE TERE
Rambla del Puerto casi calle 21
T. 598 (42) 44 0492
www.lodetere.com

La cena de fin de año cuesta 180 dólares, es un buffet que incluye muy buenos vinos uruguayos y shows de candombe y música brasileña.
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