Azores, el archipiélago verde de Portugal
La primera visión de Faial desde la ventana del avión, me quitó la respiración por completo. El océano estaba cubierto de una alfombra de nubes bajas y, de pronto, la cumbre de un volcán gigante se abrió paso a través de la neblina. Luego fue apareciendo el volcán entero y, como una serpiente negra, se dejó ver el resto de la isla. Después fue el sol el que rompió las nubes intempestivamente, deslumbrando con destellos grises del Atlántico. Y entendí por qué los marineros que exploraron estas distantes aguas hace siglos, pensaron que habían tropezado con la mítica ciudad de la Atlántida.
Que un avezado escritor de viajes quede realmente sorprendido con un nuevo destino no es algo que suceda todos los días. Sin embargo, eso fue lo que me sucedió desde el momento en que supe que viajaría a las míticas Islas Azores: un lejano puesto de avanzada de Portugal situado en las tempestuosas aguas del Océano Atlántico, justo a la mitad entre Europa y América del Norte.
Se trata de un archipiélago salvaje de nueve islas volcánicas, prácticamente virgen, ideal para unas vacaciones activas y ecológicas.
Tres de las islas, Faial, Terceira y Pico, son especialmente fáciles de visitar en un solo viaje, pues a Faial llegan vuelos directos desde Lisboa y, después, se puede dar un salto a las otras dos en barco o avioneta. La principal ciudad de Faial es Horta: un puerto bullicioso y cosmopolita, que los marineros del mundo que navegan por el Atlántico no perdonan. Existe una tradición: cada tripulación que ancle en el puerto debe pintar un cuadro que represente su viaje. Así, el dique está cubierto de cientos de coloridos exvotos.
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