VIAJES CON SENTIDO: Punta Cana: campeona del turismo sustentable
Fotografía de Ángela Posada-Swafford

VIAJES CON SENTIDO: Punta Cana: campeona del turismo sustentable

Hoy por hoy, hasta el más descarado de los hoteles masivos trata de identificarse con las ideas ambientalistas y de turismo sustentable. Pues bien, a prueba de escépticos, el Grupo Puntacana, en República Dominicana, ya pensaba en escuelas para la comunidad, protección de tortugas y del hábitat de la isla, antes de que la mayoría de quienes repiten la palabra “sustentable” hubiese nacido. Y, encima, es un destino delicioso.

Despertar entre los más finos algodones egipcios con la caricia del viento; ver la paleta de azules marinos subrayada por un césped intensamente verde; todo sin siquiera levantar la cabeza de la almohada, es un placer como pocos. Pero hacerlo sabiendo que detrás de la infraestructura que lo hace posible hay toda una filosofía de compromiso social y ambiental para con la región, añade un ingrediente especial a esta utopía del turismo, que hace 40 años diseñó el Grupo Puntacana.

Ubicado en el extremo este de la República Dominicana que se asoma al mítico Estrecho de la Mona y a Puerto Rico, el Puntacana Resort & Club, y su empresa madre (ubicadas en la región geográfica del mismo nombre, pero que alberga varios otros hoteles con más de 18 mil habitaciones), han ganado docenas de codiciados premios. El más reciente es también el más importante de todos: el Tourism for Tomorrow Award, en la categoría Destination Stewardship, entregado este año por el prestigioso World Tourism & Travel Council.

El premio se le concede a organizaciones que demuestran un éxito continuo en programas de turismo que incorporen los aspectos sociales, culturales, ambientales y económicos del destino. “Creemos que el turismo está inherentemente ligado a la sustentabilidad”, opina Jake Kheel, el joven director ambiental de la empresa, y sobrino nieto de Ted Kheel, un abogado neoyorquino que en 1969 sucumbió ante la irresistible oferta de comprar, con otros inversionistas, 50 kilómetros cuadrados de terrenos vírgenes y playas prístinas en un extremo olvidado —y en ese entonces inaccesible— de la Isla de la Hispaniola. “El sitio es el producto. Y ese lugar es tu cultura, tus recursos naturales, tus recursos humanos; es esa sensación de calidez que recibes por parte de su gente. Y entonces, si uno no protege esos recursos naturales y humanos, está destinado a fallar. La sustentabilidad es clave para el turismo”.

La sustentabilidad. Un concepto que Grupo Puntacana comenzó a ejercer mucho antes de que se acuñara el término y se pusiera de moda en las juntas cor-porativas, cuando en 1971 abrió el resort original con sus casitas playeras y una escuela primaria para los hijos de los empleados. “Esa escuelita se convirtió en lo que hoy es el Colegio Internacional de Puntacana, construido en 2000 para darle educación privada y bilingüe a más de 400 estudiantes de la comunidad, provenientes de 20 países”, dice el director de asuntos comunitarios, Paul Beswick. “Allí los estudiantes pagan según el sueldo de sus padres y los hijos del jardinero estudian con los de los ejecutivos”.

Cuatro años más tarde, a medida que fue creciendo el resort y todas las actividades satelitales asociadas a éste, se fundó el Instituto Politécnico, la única escuela pública que hay en 80 kilómetros a la redonda. El instituto ofrece entrenamiento básico en turismo y capacitación en distintos temas relevantes para la hotelería; desde electricidad o carpintería, hasta servicio de bar. Otras iniciativas sociales incluyen una clínica rural para las comunidades vecinas y el impulso a las artes por medio de carnavales y galerías, que benefician a la gente de toda la región y no sólo a las familias de los empleados.

Grupo Puntacana es además dueña del aeropuerto internacional que construyó en 1982 y que el año pasado movió a más de 3.5 millones de pasajeros, superando al de Santo Domingo. Pero lo que más me llama la atención es la armonía entre el medio ambiente y los resorts de Punta Cana, incluido el abrumadoramente exclusivo Tortuga Bay. La explicación más probable es la Fundación Ecológica Punta Cana que, bajo el mando del ambientalista Kheel Jr., es responsable de haber abierto el primer programa de reciclaje del país; de trabajar contra la erosión de playas; de montar guardia en los sitios de anidación de la tortuga carey y de mantener una reserva ecológica de 600 hectáreas, llena de lagunas de agua dulce que brotan de manantiales subterráneos. Y tiene su propia granja de verduras orgánicas que no sólo abastecen las cocinas de los resorts, sino que se venden baratísimas en el “village”, la comunidad donde vive la mayoría de los dos mil y pico de empleados.

Además, la fundación maneja un programa de análisis de calidad del agua que sirve a 60% de los hoteles de la región; así como su propia planta de tratamiento para regar los campos de golf con aguas grises, pastos nuevos que toleran el agua salada y algo único en su género: por medio de la Fundación, Grupo Puntacana ha pasado del sector meramente turístico a convertirse en centro educativo, colaborando con universidades de la talla de Harvard, Cornell, Columbia, Virginia Tech y la Universidad de Miami con trabajos científicos de campo que van desde la reintroducción de especies nativas hasta el estudio de insectos endémicos instrumentales en las cosechas, rehabilitación de barreras coralinas y siembra de manglares.

La solidez empresarial del Grupo Puntacana descansa en cuatro pilares: Ted Kheel, visionario original y ambientalista furibundo; el dominicano Frank Rainieri, actual presidente, motor de la innovación y la estabilidad; Oscar de la Renta, diseñador de las lujosas villas de Tortuga Bay y que tiene el alma puesta en su país; y su inseparable amigo Julio Iglesias, que aporta el efectivo glamour de la celebridad. Un cuarteto mágico que mueve montañas.

El ex presidente Bill Clinton es asiduo de estos campos de golf al borde del mar. Y suele escapar a Punta Cana cuando trae a la isla a empresarios de todo el mundo para convencerlos de invertir en Haití. “Ellos [los cuatro socios] hallaron la forma de compartir Punta Cana con el mundo, preservándola al mismo tiempo”, escribe Clinton en el prólogo del libro A Natural Way of Business, que narra la historia de cómo estos cuatro personajes transformaron la economía de la isla. “En muchos destinos turísticos hay una tensión natural entre el desarrollo, que atrae más visitantes, pero que con frecuencia destruye lo que éstos vienen a ver, y la protección ambiental, que protege el atractivo del destino, pero reduce el potencial de rentabilidad. Frank, Ted, Julio y Oscar cuidan la belleza de su tierra y a la gente que allí vive, y además son rentables. Demuestran que el turismo puede aliviar la pobreza y cuidar el ambiente”.

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