10 cosas que debes saber antes de ir a Guatemala

10 cosas que debes saber antes de ir a Guatemala
El que está en nuestra frontera sur, es un país lleno de riquezas imperdibles.

1. Es el mejor destino para los amantes de la historia, la arqueología y la naturaleza.

Las ruinas que pueden encontrarse fueron alguna vez ciudades importantísimas para la cultura maya. En Tikal, por ejemplo, se conjuga todo: uno de los principales centros mayas, rodeado de selva tropical y de flora y fauna maravillosa. Es normal encontrarse con gente que va sólo para hacer avistamiento de aves, algo que también pasa en Baja Verapaz, donde se encuentra la reserva de quetzales, el ave nacional de Guatemala.

 

2. El tipo de cambio no beneficia a los mexicanos.

Quién sabe por qué solemos pensar que el quetzal guatemalteco no cuesta más que el peso, pero la verdad es lo opuesto. A veces la diferencia son sólo 20 centavos más, pero desde hace unos meses, el cambio ha llegado a los dos pesos por un quetzal. En el aeropuerto te acosarán para que hagas el cambio de divisas ahí. A veces hay buenas ofertas (dependiendo del monto que vayas a cambiar), pero si no quieres hacer el cambio ahí, puedes retirar efectivo con tu tarjeta en cualquier ATM.

 

3. Pese a la diferencia de las divisas, Guatemala no es un destino caro.

Muchos hoteles y trayectos ya están calculados en dólares, así que verás precios que te son familiares y cuyas variaciones dependen de la cantidad de comodidades que busques. Pero en cuanto a comida o compra de artesanías (son bellísimas), los precios pueden ser hasta 40 por ciento menores a lo que pagarías en México por cosas muy similares.

 

4. Puedes ahorrarte la capital.

Es una escala perfecta para llegar y de ahí ir a destinos como Antigua, Atitlán e incluso Tikal (a donde también llegas fácil si partes del sureste mexicano), pero pasar muchos días es un poco aburrido. La ciudad de Guatemala es funcional, pero es poco amigable con los viajeros y no hay tantos puntos de interés como para que te quedes atrapado más de dos días. Además, pese a los esfuerzos que han hecho los ciudadanos, es una ciudad donde locales y extranjeros se sienten siempre amenazados por la delincuencia.

 

5. Del aeropuerto de Guatemala salen shuttles a casi todos lados.

Al llegar (o antes) verifica las rutas y horarios disponibles para que tus trayectos internos sean más rápidos y seguros. Puedes usar autobuses (les llaman camionetas) no especializados en turismo, pero no son nada cómodos. No arruines tu espalda por ahorrarte unos pesos. (Excepto, claro, que quieras tener una experiencia local extrema: en esos asientos, donde van dos, caben cinco).

 

6. Las aguas son frescos y los refrescos son aguas.

Esto te evitará unos cuantos minutos de confusión cuando ordenes tus bebidas.

 

7. Muchos piensan que Guatemala y México son casi iguales.

Ese “casi” implica grandes diferencias. Por supuesto nuestra historia en común nos da similitudes de las cuales partir, pero las diferencias de cosmovisión se notan hasta en el uso del español. Ellos, como en otros países de Centro y Sudamérica, te hablarán de vos o de usted. Por cierto, toda la gente es muy amable y, en comparación con la de México, mucho más conservadora.

 

8. Los circuitos turísticos de todo el país son seguros.

Si deseas explorar fuera de ellos recuerda tomar precauciones extra.

 

9. ¿Cerveza? Pide Gallo. ¿Licor? Ron. Un Zacapa.

Ambos son un gran orgullo para los chapines. Y con razón.

 

10. La escena gastronómica contemporánea no es su fuerte (todavía).

La ola de tendencias culinarias que invaden al mundo, en Guatemala están como ausentes, al menos por el momento. Antigua, quzá, es la ciudad donde más se han permitido los experimentos. Por fortuna, los antojitos callejeros como los rellenitos de plátano con frijol, las enchiladas —que allá son tostaditas— o el sencillo y llenador desayuno chapín —huevo revuelto, frijoles negros licuados, plátano macho, tamalitos y queso y crema frescos— acompañado con café guatemalteco recién molido, son tan ricos que compensan la falta de restaurantes de autor.

10 cosas que debes saber antes de ir a Guatemala
El que está en nuestra frontera sur, es un país lleno de riquezas imperdibles.
Abril 21, 16
Fotografías por: FlickrCC Beth and Anth

1. Es el mejor destino para los amantes de la historia, la arqueología y la naturaleza.

Las ruinas que pueden encontrarse fueron alguna vez ciudades importantísimas para la cultura maya. En Tikal, por ejemplo, se conjuga todo: uno de los principales centros mayas, rodeado de selva tropical y de flora y fauna maravillosa. Es normal encontrarse con gente que va sólo para hacer avistamiento de aves, algo que también pasa en Baja Verapaz, donde se encuentra la reserva de quetzales, el ave nacional de Guatemala.

 

2. El tipo de cambio no beneficia a los mexicanos.

Quién sabe por qué solemos pensar que el quetzal guatemalteco no cuesta más que el peso, pero la verdad es lo opuesto. A veces la diferencia son sólo 20 centavos más, pero desde hace unos meses, el cambio ha llegado a los dos pesos por un quetzal. En el aeropuerto te acosarán para que hagas el cambio de divisas ahí. A veces hay buenas ofertas (dependiendo del monto que vayas a cambiar), pero si no quieres hacer el cambio ahí, puedes retirar efectivo con tu tarjeta en cualquier ATM.

 

3. Pese a la diferencia de las divisas, Guatemala no es un destino caro.

Muchos hoteles y trayectos ya están calculados en dólares, así que verás precios que te son familiares y cuyas variaciones dependen de la cantidad de comodidades que busques. Pero en cuanto a comida o compra de artesanías (son bellísimas), los precios pueden ser hasta 40 por ciento menores a lo que pagarías en México por cosas muy similares.

 

4. Puedes ahorrarte la capital.

Es una escala perfecta para llegar y de ahí ir a destinos como Antigua, Atitlán e incluso Tikal (a donde también llegas fácil si partes del sureste mexicano), pero pasar muchos días es un poco aburrido. La ciudad de Guatemala es funcional, pero es poco amigable con los viajeros y no hay tantos puntos de interés como para que te quedes atrapado más de dos días. Además, pese a los esfuerzos que han hecho los ciudadanos, es una ciudad donde locales y extranjeros se sienten siempre amenazados por la delincuencia.

 

5. Del aeropuerto de Guatemala salen shuttles a casi todos lados.

Al llegar (o antes) verifica las rutas y horarios disponibles para que tus trayectos internos sean más rápidos y seguros. Puedes usar autobuses (les llaman camionetas) no especializados en turismo, pero no son nada cómodos. No arruines tu espalda por ahorrarte unos pesos. (Excepto, claro, que quieras tener una experiencia local extrema: en esos asientos, donde van dos, caben cinco).

 

6. Las aguas son frescos y los refrescos son aguas.

Esto te evitará unos cuantos minutos de confusión cuando ordenes tus bebidas.

 

7. Muchos piensan que Guatemala y México son casi iguales.

Ese “casi” implica grandes diferencias. Por supuesto nuestra historia en común nos da similitudes de las cuales partir, pero las diferencias de cosmovisión se notan hasta en el uso del español. Ellos, como en otros países de Centro y Sudamérica, te hablarán de vos o de usted. Por cierto, toda la gente es muy amable y, en comparación con la de México, mucho más conservadora.

 

8. Los circuitos turísticos de todo el país son seguros.

Si deseas explorar fuera de ellos recuerda tomar precauciones extra.

 

9. ¿Cerveza? Pide Gallo. ¿Licor? Ron. Un Zacapa.

Ambos son un gran orgullo para los chapines. Y con razón.

 

10. La escena gastronómica contemporánea no es su fuerte (todavía).

La ola de tendencias culinarias que invaden al mundo, en Guatemala están como ausentes, al menos por el momento. Antigua, quzá, es la ciudad donde más se han permitido los experimentos. Por fortuna, los antojitos callejeros como los rellenitos de plátano con frijol, las enchiladas —que allá son tostaditas— o el sencillo y llenador desayuno chapín —huevo revuelto, frijoles negros licuados, plátano macho, tamalitos y queso y crema frescos— acompañado con café guatemalteco recién molido, son tan ricos que compensan la falta de restaurantes de autor.