Papallacta: entre volcanes y aire puro

Papallacta: entre volcanes y aire puro
A unos 70 kilómetros al sur de Quito, unas cálidas termas curan a los visitantes entre montañas mágicas. 

Las tierras andinas guardan muchos secretos. Aves gloriosas, como águilas, cóndores y colibríes, así como mamíferos de tapires y llamas eligieron el espectacular valle de Papallacta como su hogar.

 

Este rincón al este de los Andes, a poco más de tres mil metros de altitud, goza de cielos azules impecables, ligeros vientos fríos y montañas verdes hacia donde se mire. ¿Y qué tal si toda esta belleza pudiera apreciarse desde albercas de agua termal? Una experiencia difícil de encontrar en otro lugar en el mundo.

 

Fue así como el resort Termas de Papallacta colocó este rincón en el mapa: cabañitas de madera (equipadas con todas las comodidades) rodean albercas de agua termal con temperaturas de entre 36 y 42 grados, ligeramente saladas pero inodoras, y otras pozas de agua helada de río, que baja pura desde los volcanes. Al intercalar las albercas cálidas con las heladas, el efecto es vigorizante y rejuvenecedor; casi se puede convertir en un vicio, así que para cada alberca hay tiempos recomendados.

 

Al estar en el valle hay que aprovechar los senderos trazados para caminatas a lo largo de los ríos. Muchas subidas y bajadas; montañas, volcanes, lagos, cascadas y ríos inician un largo camino hacia el Atlántico, luego de fluir por el Amazonas. La Reserva Ecológica Cayambe-Coca, que comienza a unos cuantos metros del resort, abarca una superficie de casi cuatro mil kilómetros cuadrados.

 

Con algo de suerte, se puede encontrar en el camino algún tapir, llama o armadillo. Quienes se aventuren a hacer las caminatas más largas, deben tener en cuenta que la altura también afecta la condición física, aunque un té de hoja de coca es el remedio natural que se usa aquí contra el mal de montaña.

 

El sentimiento es de paz absoluta, con aire puro y sin ruido. Una forma de consentir al cuerpo que se refleja en un estado de conciencia y tranquilidad más que perfecta.

Papallacta: entre volcanes y aire puro
A unos 70 kilómetros al sur de Quito, unas cálidas termas curan a los visitantes entre montañas mágicas. 
Agosto 12, 15
Fotografías por: Rogelio Elizalde

Las tierras andinas guardan muchos secretos. Aves gloriosas, como águilas, cóndores y colibríes, así como mamíferos de tapires y llamas eligieron el espectacular valle de Papallacta como su hogar.

 

Este rincón al este de los Andes, a poco más de tres mil metros de altitud, goza de cielos azules impecables, ligeros vientos fríos y montañas verdes hacia donde se mire. ¿Y qué tal si toda esta belleza pudiera apreciarse desde albercas de agua termal? Una experiencia difícil de encontrar en otro lugar en el mundo.

 

Fue así como el resort Termas de Papallacta colocó este rincón en el mapa: cabañitas de madera (equipadas con todas las comodidades) rodean albercas de agua termal con temperaturas de entre 36 y 42 grados, ligeramente saladas pero inodoras, y otras pozas de agua helada de río, que baja pura desde los volcanes. Al intercalar las albercas cálidas con las heladas, el efecto es vigorizante y rejuvenecedor; casi se puede convertir en un vicio, así que para cada alberca hay tiempos recomendados.

 

Al estar en el valle hay que aprovechar los senderos trazados para caminatas a lo largo de los ríos. Muchas subidas y bajadas; montañas, volcanes, lagos, cascadas y ríos inician un largo camino hacia el Atlántico, luego de fluir por el Amazonas. La Reserva Ecológica Cayambe-Coca, que comienza a unos cuantos metros del resort, abarca una superficie de casi cuatro mil kilómetros cuadrados.

 

Con algo de suerte, se puede encontrar en el camino algún tapir, llama o armadillo. Quienes se aventuren a hacer las caminatas más largas, deben tener en cuenta que la altura también afecta la condición física, aunque un té de hoja de coca es el remedio natural que se usa aquí contra el mal de montaña.

 

El sentimiento es de paz absoluta, con aire puro y sin ruido. Una forma de consentir al cuerpo que se refleja en un estado de conciencia y tranquilidad más que perfecta.

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