La vida nocturna de Sao Paulo

La vida nocturna de Sao Paulo
Los secretos de los amantes de Sao Paulo para disfrutar lo mejor que tiene la ciudad: la noche.
Junio 19, 14
Fotografías por: Anna Carolina Negri
Fotos por Anna Carolina Negri
Fotos por Anna Carolina Negri

Anochece en Sao Paulo. Atrapado en el tráfico de las seis de la tarde escucho en la radio del coche la canción: No hay amor en sp, en la que el rapero Criolo no oculta su decepción en las frías relaciones humanas de la metrópoli. Hablar mal de los males de la ciudad es uno de los deportes favoritos, no sólo de paulistanos típicos como el rapero, sino también para mí y para la mayor parte de los 10 millones de habitantes de la más poblada selva de cemento de Brasil. Aquí, en otra más de las ciudades donde el tráfico a la hora pico es infernal, parece que todo el mundo vive solamente para trabajar. Somos parte del engranaje del motor de la economía del país, y vivimos en medio de un paisaje urbano “donde los grafitis gritan y la vanidad excita”, como dice la canción.

 

Hay, por fortuna, una buena razón para contradecir a Criolo y encariñarse con la famosa “sp” de muros garabateados y de las diferentes tribus humanas: la memoria de que está empezando la mejor parte del día. Cuando mi celular empieza a sonar y los amigos invitan a disfrutar de una de las mejores vidas nocturnas en el planeta, hasta el tráfico se hace menos feo. “¿Y si tomamos algo para esperar a que baje el tráfico?”, invita un amigo. Acepto. La perspectiva de conocer cosas nuevas hace que la puesta del sol que colorea los rascacielos adquiera tonos poéticos cuando se contrasta con la fila de color rojo de los faros de los coches. Y Sao Paulo se convierte en un seductor parque de diversiones para los adultos que disfrutan de la cultura, la gastronomía y la vida nocturna. De acuerdo con el gobierno, hay 15000 restaurantes, 20000 bares, 260 salas de cine, 164 teatros, 125 museos e innumerables salas de espectáculos y de baile, que abren y cierran según la moda. Entre tantas opciones, hay que actualizarse para seguir las recomendaciones de los locales y de los foráneos establecidos en la ciudad.

 

Viernes en Vila Madalena

“Para disfrutar Sao Paulo debemos deshacernos de los aspectos negativos, como la deficiencia del transporte público, y crear el propio oasis dentro de esta locura”, dice el empresario Pablo Gallardo mientras se toma la primera cerveza del happy hour. Él abandonó el coche y va en bicicleta diario a su trabajo: la boutique de estilo de vida Tag and Juice, mezcla de tienda de bicicletas personalizadas con galería de street art. La ubicación no podría ser mejor para un lugar alternativo: queda en el Beco de Batman (Callejón de Batman), una calle estrecha que serpentea y está revestida de trabajos de grafiteros de la vieja escuela de sp, en el corazón de Vila Madalena. La colonia se hizo famosa por las actividades nocturnas de docenas de bares y por albergar estudios y galerías de arte en sus pendientes arboladas. “Hemos creado aquí el espacio que queríamos visitar”, dice Pablo. Con su socio, el artista plástico Billy Castilho, suele dar inicio a la noche de muchos bohemios, especialmente los sábados, cuando un dj comanda una sunset party en el terreno de árboles frutales que rentan frente a la tienda. Termina temprano, a las ocho de la noche, pero da inicio a la vida nocturna local.

 

Mi noche de viernes sigue. Le presento a mi amigo, que es vecino, el lugar más popular de la ciudad para tomar un café de buena calidad. El Coffee Lab es un discreto laboratorio de investigación y tostado de granos –donde baristas vestidos con uniforme de fábrica enseñan la degustación de cafés producidos con diferentes métodos–, la propietaria, Isabela Raposeiras, está haciendo su parte para hacer de Sao Paulo un lugar sorprendente. “Mientras más única y original es la iniciativa, mayor la probabilidad de éxito que se tendrá en esta ciudad”, dice ella, una apasionada de la cocina, el teatro y los conciertos. A la salida, le toca a mi amigo presentarme otro éxito de las calles cercanas: la heladería Frida e Mina, en la colonia hermana Pinheiros, premiada como la mejor de la ciudad en el año 2013, en el respetado anuario Comer & Beber. Delante de la casona amarilla de Thomas Zander y Fernanda Bastos hay colas hasta las ocho de la noche, cuando cierran las puertas. “Trabajamos con helados artesanales que utilizan ingredientes orgánicos”, dice Thomas, el responsable de impresionar con sabores como el de aguardiente, limón y miel (¡casi como una caipiriña!), o el de nueces de macadamia crujientes y el de fresas con balsámico. La especialista en cafés y la pareja de la heladería tienen algo en común: en las paredes de sus establecimientos presumen la pasión declarada por sus actividades y, merecidamente, placas por los premios recibidos.

 

Hay una forma eficiente para que los visitantes de Sao Paulo, en su gran mayoría ejecutivos en viajes de negocios, tomen las decisiones correctas en sus días en la megalópolis: deben seguir las recomendaciones de las publicaciones especializadas. Además del anuario Comer & Beber, que evalúa 1268 establecimientos (también se puede comprar en forma de aplicación), los mejores eventos culturales de la agenda de la ciudad por lo general se publican en las revistas (y sitios web) Veja São Paulo y Time Out, así como en las guías de entretenimiento que los periódicos Folha de São Paulo y O Estado de São Pauloimprimen los viernes. Fue, por ejemplo, una lista internacional de la revistaRestaurant la que seleccionó entre las 50 mejores experiencias gastronómicas en el mundo comer en dos restaurantes de la ciudad. En Pinheiros, a tres cuadras de la heladería Frida e Mina, está uno de ellos. En Maní, la pareja de chefs Helena Rizzo y Daniel Redondo presentan creaciones con ingredientes brasileños como la mandioquinha y el tucupi, los cuales le dieron al restaurante el puesto 46 en el ranking internacional.

 

Huyendo de los reflectores, mas no menos popular en las recomendaciones de boca a boca, están los conciertos de jazz de un sitio llamado Jazz nos Fundos,donde el aforo no permite más de 170 personas. Y créanme, no encontrarán ningún anuncio ni indicación en la calle João Moura. Pero hay que entrar al estacionamiento del número 1076 y seguir por el pasillo oscuro a la izquierda. “El no tener anuncios o indicaciones es uno de nuestros diferenciales”, dice uno de los cuatro socios, el sociólogo Renato Silva. Alquilado como estudio de uno de los propietarios, el artista plástico español Maximo Levy, el viejo almacén de basura terminó haciéndose popular entre los que aprecian la música instrumental de calidad, tocada en lugares fuera de los locales más vistos. Y sus propietarios no hacen ningún esfuerzo para darse a conocer, tampoco para invertir en el menú o aceptar tarjetas de crédito. Prefieren invertir en la difusión del buen jazz: en su sitio web explican las variaciones de la música y transmiten los conciertos en vivo. Veinte tipos de cerveza y dos presentaciones, a las 22 horas y a medianoche, de jueves a sábado, han sido suficientes para ganar clientes fieles desde hace siete años. Tanto, que abrieron su segunda casa, el Jazz B, en la colonia Higienópolis, con ambiente más elegante y un menú elaborado. 

 

Fue en los años 70 cuando la Vila Madalena, hasta entonces una colonia residencial poblada por estudiantes y profesores de la Universidad de Sao Paulo, empezó a transformarse en el territorio bohemio que es hoy. Décadas más tarde, las calles de nombres líricos como Girasol, Harmonia y Purpurina, ganaron un movimiento nocturno que no recuerda para nada su pasado bucólico. Las viviendas se han convertido en refugio de los party monsters, locos por la fiesta, y se multiplican con diferentes audiencias. Abierto hasta la 1 de la mañana, el pub Mercearia São Pedro reúne desde 1968 a escritores y periodistas en un ambientesui generis, que mezcla una librería de viejo, un local que vende hasta escobas, y donde, por supuesto, hay mesas para ofrecer buenas cervezas bien frías en botella. Se llena principalmente cuando transmiten partidos de futbol (lleguen temprano en el Mundial). Y para los que desean bebidas más sofisticadas, con un ambiente más ordenado, con neones y espejos, están los 27 tragos preparados en el SubAstor por el italiano Fabio La Pietra, elegido por la revista Veja São Paulocomo “El Bartender del Año”. Abre hasta las cuatro de la mañana. Cerca de allí, Villa Grano se destaca como una de las muchas panaderías 24 horas, para saciar el hambre de los que buscan un bocadillo en las madrugadas.

 

Sábado en los Jardins

La cantidad y variedad de bares y lugares para bailar en las calles de Vila Madalena y Pinheiros sólo encuentra un rival digno en el entorno de la mítica calle Rua Augusta. Frecuentada por jóvenes desde la década de los 60, durante sus populares noches de sábado, la calle se extiende por cuatro kilómetros, desde la exclusiva colonia Jardins hasta la descuidada región central de Sao Paulo. “Ninguna otra calle traduce Sao Paulo como ésta”, dice el empresario Facundo Guerra, un argentino que vive en la capital, quien abrió en el centro sus seis centros nocturnos –como la sala de conciertos Cine Joia, en la zona oriental conocida como Liberdade, y el bar Z-Carniceria, que mantiene la decoración inspirada en una carnicería que había allí en los años 50, en este mismo número 934 de la calle Augusta. “Se trata de una calle que nace popular, entre los bares y burdeles de la zona baja, y se hace más noble entre los cines y librerías de la Avenida Paulista, y luego desciende a la colonia Jardins, la de las mansiones y restaurantes refinados, donde parecen avergonzarse: allí cambia su nombre a Avenida Europa”, dice riéndose. Enamorado de la ciudad, Facundo declara: “Sao Paulo tiene la mejor noche del mundo.”

 

La parte noble de la calle Augusta, la región de Jardins, es mi favorita cuando quiero mostrar a amigos extranjeros un lado más cosmopolita de Sao Paulo. Comenzando con el atardecer en Skye, el bar junto a la piscina en la terraza del hotel Unique. Como si recordara un barco, la arquitectura de Ruy Ohtake redondea las formas y llena de colores brillantes varios edificios de la ciudad. Está a medio camino entre nuestra mayor zona verde, el Parque Ibirapuera y los edificios iluminados de la Avenida Paulista. De ahí, yo iría a cualquiera de los dinámicos centros culturales de la zona circundante. En la parte donde la Augusta se viste como Avenida Europa, el Museo de Imagen y Sonido, el mis, organiza su propia fiesta al aire libre, Green Sunset, un sábado al mes, siempre a las 22 horas. Pero la programación cultural del lugar es lo que ha conquistado a más multitudes, con exposiciones multimedia, como la del director de cine Stanley Kubrick, que atrajo a 80000 visitantes entre octubre y enero, y la del músico David Bowie, que seguirá despertando intereses hasta el 20 de abril. Escuchando con audífonos las canciones de la estrella británica, los visitantes pueden observar unas trescientas piezas, entre manuscritos originales y 47 de sus excéntricos trajes, como el rayo asimétrico de Aladdin Sane. El museo mantiene sus puertas abiertas hasta las 21 horas entre semana y hasta las 23 horas los sábados.

 

Si es más temprano, el camino por la colina de la calle Augusta podría incluir una parada en la calle Oscar Freire, que reúne a las marcas más caras del país; o ver una película en la sala de cine de arte Cinesesc, donde se puede disfrutar desde la comodidad de la barra del bar, tomando una copa o un café (y sin perjudicar el silencio de los espectadores en el otro lado del vidrio). Quien sabe también irá a la Casa de Francisca, la sala de conciertos más pequeña de la ciudad, romántica y con una refinada programación musical. Con apenas caminar un par de cuadras es posible ver cómo pulsa, durante el día y la noche, la Avenida Paulista. Si tuviéramos que traducir este universo gris de edificios llamado Sao Paulo en una tarjeta postal, ésa sería la Avenida Paulista. En la más famosa vía de la ciudad se alzan antenas coloridas, las sedes centrales de los bancos, las multinacionales y los centros culturales. Aquí se celebran fiestas como la del Orgullo Gay, que reúne a más de 1 millón de personas bailando en las calles, y muchas protestas también –como las que están en contra de los altos gastos del gobierno para el Mundial de Futbol. Durante el día, está la fascinante fauna humana: los artistas callejeros, grupos de adolescentes nerds o indies, parejas burguesas, familias de turistas. En un extremo de la avenida, haciendo esquina con la calle Consolación, un bar clásico de 1949 se convirtió en toda una noticia desde que reabrió sus puertas en julio de 2013. Se trata del legendario Riviera, que reunió a intelectuales y artistas de la izquierda durante la dictadura brasileña. Otra vez de moda, tras una renovación por el empresario Facundo Guerra, con un menú sencillo firmado por un chef de peso: Alex Atala.

 

Pelirrojo, tatuado y carismático, el chef estrella de Brasil escaló el olimpo de la cocina mundial tras haber logrado colocar a su restaurante d.o.m. en el sexto lugar de entre los mejores en el planeta en 2013, según el ranking de Restaurant. Hay que reservar con antelación para poder regalarse este premio para el paladar. Los foodies que puedan pagar unos $210 dólares (R495 reales) para disfrutar de los memorables ocho tiempos del menú degustación serán felices. El menú puede incluir risotto de miniarroz dentro de una alcachofa y bacalao confitado con col en mayonesa de leche. Pero si el bolsillo no permite tal extravagancia de la cocina contemporánea, no hay que desanimarse. Cada sábado, desde la medianoche y hasta las tres de la madrugada, su restaurante de comida brasileña, Dalva e Dito, abre las puertas para la famosa “galinhada” de Atala. Por unos $25 dólares (R59 reales) se puede pedir, en la barra de la cocina, un ensopado de pollo muy brasileño. “La galinhada solía ser la comida que servíamos a los empleados después del trabajo”, dice Atala. “Tuvimos tanto éxito cuando abrimos el buffet al público que decidimos llevar la idea adelante”, continúa. Para ayudar con la digestión, existe la oportunidad de bailar, en el subsuelo, en una fiesta con música en vivo. 

 

Domingo en el centro

Establecimientos como Riviera, que llevan el encanto de la tradición, son raros en una ciudad tan dinámica en la que la sed por cosas nuevas nunca se detiene. Desafortunadamente, Sao Paulo conserva poco de su historia –a pesar de que nació hace 460 años, poco después de que los primeros portugueses desembarcaron en Brasil en 1500. Las casas más antiguas se remontan a mediados del siglo xx, y están concentradas en el centro, lugar de nacimiento de la ciudad, en el otro lado de la Calle Augusta. Al público nostálgico le encanta revivir el glamour de antaño en el Bar Brahma, inaugurado en 1948 y famoso por organizar, en un espacio íntimo cada noche, conciertos de música brasileña, como la samba y el chorinho. Está en la esquina de la Avenida Ipiranga con la Avenida Sao João, el mismo cruce del que habla Caetano Veloso en la canciónSampa. El inicio de la noche puede tener incluso más clase, tal vez un domingo, en el bar o en el restaurante del Terraço Italia, que abrió sus puertas en 1967 y que tiene una hermosa vista panorámica desde los pisos 41 y 42. Detrás de las ventanas se pueden observar las rarezas de la arquitectura de Sao Paulo, como el Edificio Copan, en forma de onda, diseñado en los años 50 por Oscar Niemeyer. Y el edificio Planalto, de 1956, de Artacho Jurado, referencia del modernismo paulistano, y que por lo general alberga animadas fiestas para invitados vip en la terraza del piso 25.

 

Conocer la osada arquitectura de otra modernista, la italiana Lina Bo Bardi, es parte de la diversión de ir al Teatro Oficina, no muy lejos, y de ver uno de los espectáculos de la compañía Teat(r)o Oficina Uzyna Ozona. Autora también del proyecto Museo de Arte de Sao Paulo (masp), en la Avenida Paulista, la arquitecta ha creado aquí un teatro con la forma de un pasillo, con un techo retráctil y una pared de vidrio, que se une a la perfección con el tipo de montaje de la compañía capitaneada por José Celso Martinez Correa, quien propone al espectador vistas desde diferentes ángulos de las graderías. A los 87 años, el actor y director realiza montajes que duran cinco, seis horas, y en las que participan decenas de actores, músicos y personas que trabajan en cine (el show se transmite en vivo en las pantallas y en internet). La experiencia, que yo definiría como catarsis, mezcla en sus guiones la irreverencia, el espíritu retador y la malicia de esta leyenda viva del teatro nacional. Es difícil de creer, ¡pero las horas pasan rápidamente!

Todavía en la zona centro, los amantes de los musicales a menudo se enfrentan a las colas del Teatro Renault, que ofrece espectáculos al estilo de Broadway comoEl Rey León. Los amantes de la música clásica seguramente prefieren los conciertos de la Sala São Paulo –votada como la mejor atracción de la ciudad porTrip Advisor en 2013. Pero nada representa la noche paulistana del centro, en cualquier día de la semana, como los clubes nocturnos del conocido Baixo Augusta –cuadrilátero delimitado por las calles Avenida Paulista, Rua Augusta, Rua de la Consolación y la Plaza Roosevelt, ésta última un popular punto de encuentro de personas de teatro. En el pequeño Bar Caos, por ejemplo, las paredes llenas de objetos coleccionables ayudan a hacer seductora la atmósfera de antrito con dj. Bajando la calle, los amantes del rock deben elegir si la mejor pista para bailar esa noche es la del Astronete o la de Alberta. Si el objetivo es la música electrónica con sonido y luz del primer mundo, para llegar a la mejor de la ciudad hay que ir en taxi o en metro a la Barra Funda, que también está en la región central. Allá, el D-Edge hace bailar toda la noche a la concurrencia, hasta el amanecer, incluso entre semana, por algo este sito es conocido como uno de los mejores del mundo.

 

Mi actividad favorita para finalizar la diversión en el Centro es disfrutar el domingo, una vez al mes en Paribar, de la Sunset Party Selvagem. Votada como la mejor fiesta de 2013 por la Guia da Folha de São Paulo, el evento de los djs Trepanado y Millos Kaiser termina temprano, a las diez de la noche, no sin antes haber hecho bailar a todos en el balcón del bar, en la Plaza Dom José Gaspar, llena de árboles. “Una de las ventajas de una fiesta a estas horas es que estamos cerca de las estaciones del metro, y no hay necesidad de preocuparse por manejar y estar en el tráfico, o encontrar espacio para estacionarse”, dice el dj Trepanado. Como han dicho otros apasionados que hacen que la megalópolis tenga una de las mejores vidas nocturnas del planeta, tenemos que crear una rutina que nos permita disfrutar de lo que la ciudad tiene para ofrecer. Hay que evitar el coche, sobre todo en una ciudad con una tolerancia cero para los conductores que consumen alcohol (algo que le gusta a la mayoría de los residentes y visitantes de Sao Paulo).

 

Recuerdo que la última vez que me fui de la Selvagem en el Paribar en un domingo, muerto de hambre, me detuve a comer un sándwich reforzado de pernil en la cafetería Estadão, justo donde la calle Augusta termina su multifacético desfile del lujo y encuentra la basura, cruzando el corazón de la ciudad. Inaugurado en 1968, el Estadão presume orgulloso de trabajar 24 horas —como Sao Paulo—, y suele ser la última parada para los que tienen que levantarse temprano a trabajar. El bar reúne a todo tipo de personas: playboys, trabajadoras nocturnas, punks, inconformistas, gays, extranjeros, enamorados. Vi gente feliz, disfrutando de un bocado en plena movida paulistana. Recordé la música de Criolo, y una vez más, quise contestar: “Sí, hay amor en sp.”