Iguazú maravillosa

Iguazú maravillosa
Repartidas en dos parques nacionales en Argentina y Brasil, las cararatas invitan a la contemplación y la aventura.
Junio 24, 14
Fotografías por:
Fotos de Mario Cherrutti
Fotos de Mario Cherrutti

Ahora son oficialmente maravillosas porque han sido elegidas como una de las Siete Maravillas Naturales del Mundo después de imponerse entre 454 nominadas, pero las Cataratas del Iguazú hipnotizan por su belleza desde que toda la región era tierra guaraní. Los tupí-guaraníes que llegaron desde el Amazonas justo llamaron Iguazú al río que sufre un colosal desnivel con caídas de hasta 80 metros, porque en guaraní i significa agua y guazú, grande. En realidad se llamaban a sí mismos avá, pero cuando se toparon con los europeos gritaban “guara-ny” que significa “guerrear-les”. Antes de guerrear, los avá se dedicaban con pasión a poner nombre al paisaje, la flora y la fauna que los rodeaba, a tal punto que, después del latín, el guaraní es el idioma que ha dado el mayor número de palabras a las ciencias naturales.

El río Iguazú nace a escasos kilómetros del Océano Atlántico, en la Sierra del Mar, cerca de Curitiba, capital del estado brasileño de Paraná. Después de recorrer 1200 kilómetros de este a oeste, en los que se carga de agua de lluvia, y otros 115 en los que hace las veces de frontera natural con la provincia argentina de Misiones, se precipita en este prodigio natural. Y 18 kilómetros más adelante se encuentra con el río Paraná que baja del norte. Las aguas verdes y cristalinas del Iguazú no se mezclan fácilmente con las marrones del Paraná y forman remolinos bicolor. En el punto de confluencia de ambos ríos puede verse a simple vista las costas de los tres países, Argentina, Brasil y Paraguay, un fenómeno único en el mundo.

Las cataratas son el corazón de dos parques nacionales, uno del lado brasileño y otro del argentino, por lo que el punto de llegada puede ser la ciudad argentina de Puerto Iguazú o la brasileña de Foz do Iguaçu, tres veces más populosa. Del lado argentino, el parque ofrece más para recorrer —hay 4430 metros de pasarelas— y los saltos se ven de cerca, mientras que del brasileño hay unas vistas panorámicas espectaculares. En ambos sorprenden las mariposas, las bromelias gigantes y las orquídeas, la variedad de colibríes, los tucanes, loros y urracas, y los coatíes, expertos en aprovechar un descuido del visitante para tomar un paquete de galletas —o cualquier otro bulto que pudiera contener comida— y huir a toda velocidad. 

Del Centro de Visitantes del lado brasileño, a unos metros de la entrada, parten cada pocos minutos camiones de doble piso, con aire acondicionado abajo y sin techo en el primer piso, que se detienen en cuatro paradas estratégicas. Se puede subir y bajar en cada una y realizar distintos paseos con cargo extra que se contratan allí mismo. La primera parada, la Trilha del Poço Preto (Sendero del Pozo Negro), es el paseo más largo que toma medio día o más. Se trata de un angosto sendero de nueve kilómetros que se recorre a pie, en bicicleta o en carrito eléctrico, acompañado siempre de un guía que pone nombre a algunas de las 2000 especies vegetales autóctonas, entre ellas el palo rosa y la palmera que da el palmito, y señala a monos capuchinos e iguanas que salen invariablemente al cruce. Después se atraviesa un puente colgante hasta llegar a un mirador desde donde se aprecian la floresta y la laguna Yacaré donde, entre otras aves, se ven los mágicos flamencos rosados. Una vez en el río, el paseo continúa en pequeñas embarcaciones con motor y el desembarco puede hacerse en Porto Bananeiras o en Porto Canoas, que coincide con la última parada del camión, donde están las tiendas y restaurantes. Desembarcar en Bananeiras significa recorrer otro sendero de 1.5 kilómetros hasta llegar a la segunda parada, a Macuco Safari.

En Macuco Safari espera la aventura: un paseo por la floresta en carrito eléctrico al que puede agregarse una caminata de 600 metros hasta llegar al muelle de donde parten las pequeñas lanchas de plástico con motor y con capacidad para 25 pasajeros como máximo. Al principio, la velocidad media permite apreciar el paisaje, pero de pronto el guía se pone su traje impermeable pide que guardemos las cámaras en bolsas plásticas y nos afirmemos del asiento. Entonces acelera con la proa en dirección al salto Tres Mosqueteros, de 50 metros de caída, y sumerge a todos los pasajeros bajo el gigantesco chorro de agua fresca que lava hasta el último ápice de estrés urbano. Por si alguno hubiera quedado sin bautizar, repite la maniobra dos veces más hasta que todos quedan completamente empapados y felices. 

En la tercera parada, Trilha das Cataratas, los aventureros y adictos a la adrenalina pueden optar por hacer rappel desde una plataforma levantada sobre el precipicio frente a la isla San Martín, del lado argentino, y los saltos Bernabé Méndez y Dos Hermanas. Son 55 metros hasta llegar a tierra firme que conviene bajar despacio para saciarse de este paisaje imponente sin más compañía que una lagartija en la piedra o las mariposas. Desde esta parada también parten quienes se animan al rafting en botes de 6 y 10 pasajeros para recorrer dos kilómetros de rápidos y otros dos de aguas calmas guiados por un experimentado capitán. 

Aquí está también el acceso a las pasarelas, único paseo incluido con el precio de la entrada, que baja paulatinamente hasta llegar a los miradores Naipi y Tarobá. El Naipi pasa cerca del salto Santa María y termina frente a la espectacular Garganta del Diablo, cuya bruma se eleva hasta confundirse con las nubes. Tarobá, junto al salto Floriano, cuenta con un ascensor para quienes ya se cansaron de subir escalones. Desde arriba se puede caminar hasta la última parada, Puerto Canoas, reponer fuerzas en un bar y comprar un tucán de peluche, playeras verdeamarillas con la leyenda “I love Iguazú” o collares de piedras semipreciosas en las tiendas de souvenirs. También hay un restaurante buffet con excelentes opciones frías y calientes, una mesa de postres y una gran terraza junto al río. Y después, nada mejor que echarse en la barranca, espalda sobre el pasto, mientras el runrún del agua nos arrulla, eso sí, sin perderle el ojo a los confianzudos coatíes que manotean mochilas y corren. 

Otra opción para almorzar —y para hospedarse dentro del parque— es el elegante Hotel das Cataratas, que pertenece a la cadena Orient-Express, construido en un estilo colonial portugués. El Ipê Grill ofrece carnes asadas al estilo gaucho, espeto corrido (brocheta de carnes), es decir, la versión fina del tenedor libre, pues la carne es de muy buena calidad. Los huéspedes de las 193 habitaciones tienen el privilegio de quedarse cuando todos se han ido y tomar una caipiriña en el bar Tarobá mientras las horas pasan y la selva empieza su vida nocturna. 

En las afueras del parque esperan dos atracciones adicionales: el helicóptero y el Parque de las Aves. La empresa Helisul cuenta con dos helicópteros que despegan cada 10 minutos con hasta cinco pasajeros. Desde el aire, el prodigio de agua y flora descifra su misterio: todo se comprende de un vistazo y la potencia del verde nos recuerda la pequeña dimensión humana. Con suavidad de abejorro, el helicóptero sobrevuela una y otra vez el parque ante la sonrisa de los turistas que identifican saltos, islas, el Centro de Visitantes y el Hotel das Cataratas. 

Frente a Helisul está el Parque de las Aves, de 16 hectáreas, el mayor parque de aves de América Latina. Fue inaugurado en 1994 y su atractivo mayor es que el visitante puede ingresar a enormes recintos donde las especies de la región vuelan, comen y se acicalan ignorando los flashes de los curiosos. Algunos papagayos tienen mal carácter y pueden lanzarse en picada amenazantes si se sienten muy observados. Hay tucanes, loros, cotorras y guacamayas rojas, verdes, amarillas y la azul —en peligro de extinción—, catapultada a la fama por Hollywood y la película de animación Rio. También hay recintos con serpientes, yacarés e iguanas, además de un mariposario donde se puede ingresar y un vivero de plantas nativas. 

Foz do Iguaçu es una ciudad multicultural con una gran comunidad libanesa musulmana. En el city tour suele visitarse la mezquita, un imponente templo blanco en el centro de la ciudad, con varios minaretes desde donde el muecín llama a la oración cinco veces al día. Los visitantes están permitidos y sólo se les pide que dejen sus zapatos a la entrada del templo; a las mujeres se les ofrece un velo para que cubran su cabeza y, si llevan pantalones cortos, otro velo para que envuelvan sus piernas.

Foz es la única ciudad con triple frontera unida por puentes con sus vecinos: el Puente de la Amistad, que lleva en minutos a Ciudad del Este, Paraguay, y el Tancredo Neves, que la une con Puerto Iguazú, en Argentina. Para ir de Argentina a Paraguay vía terrestre se debe pasar necesariamente por Foz.

 

Al otro lado del Tancredo Neves

Apenas 40 minutos de viaje separan el parque brasileño del argentino. El puente que lleva el nombre de un presidente brasileño cambia los colores verde y amarillo por el celeste y blanco para indicar el punto imaginario sobre el agua en que termina un país y empieza el otro. El Parque Nacional Iguazú, creado en 1934, impacta por su dimensión: además de casi 5000 metros de pasarelas junto al agua, fue necesario construir un tren ecológico para llegar hasta el famoso salto, la Garganta del Diablo, a 14 kilómetros de la entrada. Según el nivel del río, pueden verse entre 160 y 260 saltos, la mayoría sin nombre propio. Por eso, la primera impresión frente al mapa en el Centro de Visitantes es de desconcierto. Cómo recorrer todo eso en un día. Imposible. Para disfrutar de las cataratas y tener tiempo de sacarle una foto a la mariposa insolente que se posó en el brazo, ver los peces que descansan junto a una roca, divertirse con los coatíes, descubrir iguanas en los troncos y monos entre las hojas, darle de comer migas de pan a las urracas y admirar la belleza sin par de una Oncidium, la orquídea más popular en la región, hace falta ir dos veces, como mínimo.

Los recorridos imprescindibles son tres: el Circuito Inferior, el Circuito Superior y la Garganta del Diablo. El Inferior, de 1700 metros de pasarelas, se interna por debajo de los saltos y nos sumerge en el paisaje. Entre aromas de tierra mojada, humedad y vapor, la selva respira a nuestros pies. Hay ocho miradores para quedarse un rato frente a los saltos, entre ellos el Álvar Núñez y el Lanusse. 

El Superior lleva a seis miradores que ofrecen una vista panorámica del conjunto de los saltos: el Dos Hermanas, Chico Alférez, Ramírez y Bossetti, con caídas de 40 a 60 metros, y más arriba el Mbiguá, Adán y Eva y San Martín, una cascada feroz de 70 metros que genera una llovizna eterna y que, con sol, regala un arcoíris. Le siguen varios saltos más hasta llegar al portentoso Unión, un anticipo de lo que será la Garganta del Diablo.

Llegar a la Garganta tiene su suspenso. Hay que tomar el tren en la estación Central, a la entrada, o en la segunda estación, Cataratas, donde se cruzan los circuitos Inferior y Superior y hay un área de descanso, servicios de comida rápida y sanitarios, hasta la estación Garganta del Diablo, a 25 minutos de la primera. A continuación, una larga pasarela de 1040 metros montada sobre varias islas y tramos del río donde pueden verse yacarés, peces y tortugas a simple vista, culmina en el punto más impactante de todo el parque: una conjunción de saltos en forma de herradura de 150 metros de ancho y 80 de caída que levantan nubes de vapor e impiden ver el río. Parece que el mundo acabara allí mismo. El ruido casi no deja escuchar nada, sólo se oye la violencia del agua que cae al infinito. Los únicos que no se intimidan son los vencejos, que pasan la mayor parte de su vida volando y que atraviesan la cortina de agua como si nada.

Además de estos tres recorridos ineludibles, se puede cruzar a la isla San Martín siempre y cuando el nivel del río lo permita. Sin costo extra, lanchas van y vienen desde un punto del Circuito Inferior a la isla. Allí es posible caminar por la orilla y, experiencia irreal, bañarse en el río entre peces y con el salto San Martín a pocos metros. Los temerarios pueden subir los 170 escalones de piedra para escalar la montaña verde y mirar el panorama desde lo alto.

Dentro del parque, la empresa Iguazú Jungle ofrece tres excursiones, Gran Aventura, Aventura Náutica y Paseo Ecológico. La Gran Aventura combina un paseo por la selva en camión y seis kilómetros que se recorren en lanchas por el cañón hasta los saltos Tres Mosqueteros y San Martín, donde se aproximan tanto que la enorme ducha empapa a sus ocupantes. La Aventura Náutica también recorre el cañón del río y realiza el esperado bautismo en el San Martín, pero no tiene el tramo terrestre. El Paseo Ecológico es un apacible y silencioso paseo en botes a remo por el Iguazú Superior, que permite avistar aves, yacarés, monos y otros animales.

Tal es la dimensión del parque que hay varias áreas de descanso con servicios, restaurantes y lugares de comidas rápidas. También se puede almorzar en el Sheraton, único hotel, inaugurado en 1978 y recientemente remodelado en su totalidad. Quienes se hospeden allí tendrán un raro privilegio: desde la cama podrán ver la fumarola de la Garganta del Diablo que se eleva hacia el cielo hasta confundirse con una nube. Los huéspedes suelen quedarse largo rato en los amplios balcones, con trípodes y cámaras, buscando atrapar el paisaje a toda hora. Al amanecer, los rayos oblicuos multiplican la gama de verdes, y la bruma de la Garganta, atravesada por los incansables vencejos, se torna rosada. Parte de la renovación del hotel alcanzó al spa Seda, que cuenta con cuatro tiendas-cabina al aire libre y cinco internas, una de ellas para parejas, donde es posible recibir un masaje con barro ñahu (la tierra roja misionera) y yerba mate que aporta antioxidantes.

Otra opción para dormir en la selva es hospedarse en el lujoso hotel Loi Suites, ubicado dentro de las llamadas “600 hectáreas”, un área de Reserva Natural que fue hasta no hace mucho parte del Parque Nacional. Se trata de 162 habitaciones distribuidas en varios edificios conectados por puentes colgantes y senderos. La integración con la naturaleza es total. Los edificios no se ven y las piscinas unidas por decks han conservado los árboles nativos que surgen en medio del agua. La decoración de inspiración oriental y los enormes ventanales invitan a dejar las excursiones para otro día. Están señalizados algunos senderos por la selva, uno lleva a un orquideario y otro hasta un funicular que baja al río, por donde se puede pasear en kayak.

Más urbano, el Iguazú Grand Resort Spa & Casino, inaugurado hace 12 años, está orientado a la familia, con varias piscinas, kids club y animadores. Su ubicación estratégica, a unos metros de la frontera con Brasil —donde hay un gran duty free al que se puede ir caminando—, atrae a un público inquieto. El estilo elegante, el restaurante a la carta y las flamantes 26 habitaciones recién agregadas, todas con jacuzzi, lo han convertido en un clásico.

 

Saltos y shopping en Paraguay

Si bien las Cataratas del Iguazú acaparan la atención, toda la región está afectada por la misma falla geológica que quebró el terreno hace 200000 años, y son muchos los ríos y los arroyos que presentan saltos y cascadas. Paraguay, como si aún gritara al europeo guara-ny (“guerrea-les”), no sigue a sus vecinos argentinos y brasileños en la explotación turística de sus bellezas naturales, pero las tiene. 

Para conocerlas conviene tomar el ferry desde el puerto Tres Fronteras, en Puerto Iguazú, y cruzar el Paraná. Desde el barco se puede apreciar el encuentro entre las aguas y los límites en la orilla de cada uno de los tres países. Ya en tierra paraguaya hay que dirigirse hacia Presidente Franco, y a los pocos kilómetros están los saltos del Monday (se pronuncia Monda-í), del río homónimo, una abrumadora garganta de 120 metros de ancho y 40 metros de caída, sin pasarelas y apenas un puñado de visitantes. Por ahora se trata de un Parque Municipal de nueve hectáreas de reserva natural, sin infraestructura, a donde los domingos los lugareños van de picnic, pero está la intención de construir un mirador, con pasarelas y hasta un ascensor. 

Cumplida la deuda con la naturaleza, se impone visitar Ciudad del Este, a ocho kilómetros, una ciudad que parece fruto de la imaginación de un guionista de cine, un decálogo de clichés al que Hollywood apelaría para describir una ciudad latinoamericana: las palmeras vigorosas, el calor húmedo, el gentío apurado como una oruga gigante serpenteando entre puestos callejeros y, sobre todo, hombres que devoran con los ojos a las mujeres. Ciudad del Este es la tercera zona de libre comercio del mundo, después de Miami y Hong Kong. Conviven los shopping ultramodernos como Monalisa y Shopping del Este —donde pueden encontrarse zapatos de Jimmy Choo, vestidos de Dolce&Gabbana o ropa interior de La Perla— con galerías y locales de un sinfín de artículos electrónicos y vendedores callejeros de cualquier cosa, sobre todo de artículos falsificados. Perfumes, juguetes, anteojos, ropa, cámaras, computadoras y accesorios de artículos electrónicos se pueden comprar a buenos precios y de forma segura en locales formales. De todas maneras hay que ir acompañado por un guía porque ahorra tiempo y disgustos. En caso de comprar mercancía electrónica, es mejor abrirla y probarla antes de pagar. 

En la calle también están los puestos de shawarma que recuerdan que los más de 10000 musulmanes que viven en la vecina Foz tienen sus negocios aquí. Por eso se escucha hablar en portugués, en chino, en árabe, en castellano, en guaraní y circulan monedas de los tres países, además de dólares. Es aconsejable ir muy temprano —cierran a las cuatro— y cruzar a Foz por el Puente de la Amistad, que suele estar siempre congestionado. Varados dentro del taxi, desde la ventanilla, sigue la postal latina: autos cargados hasta el techo con paquetes de cigarrillos o de papas fritas y una fila de peatones con enormes bolsas en sus espaldas que marchan en fila. Son los sacoleiros (sacola significa bolsa en portugués), encargados del contrabando hormiga, que pasan frente a los funcionarios de la aduana que se hacen de la vista gorda.

El idioma oficial del Paraguay es el guaraní, que fue la primera lengua indígena americana en alcanzar ese estatus. Un idioma que llamó Tierra sin Mal al lugar donde habitaban y que buscó nombrar pacientemente cada una de las plantas, árboles, animales e insectos. Ellos creían que la perfección era posible y hacia allí orientaban todas sus acciones. Para ellos, la prueba de la perfección era la naturaleza, lo que habla a las claras de su sabiduría. 

 

Guía Práctica

  • Cómo llegar

LAN cuenta con varios vuelos diarios a Iguazú desde Buenos Aires, desde 210 dólares.

 

DÓNDE DORMIR

en argentina

Selva Iryapú s/n, Misiones

T. +54 (3757) 498 300 

Desde 212 dólares la habitación doble.

Ruta Nacional 12 km 1640, Misiones

T. +54 (3757) 498 050 

Desde 279 dólares la habitación doble.

 

Iguazú 3370,

Parque Nacional Iguazú, Misiones

T. +54 (3757) 491 800 

Desde 310 dólares la habitación doble.

 

Paraguay 372, Puerto Iguazú

T. +54 (3757) 498 100 

Desde 201 dólares la habitación doble.

 

en brasil

  • Hotel das Cataratas

Rodovia Br 469 km 32,

Parque Nacional de Iguazú, Paraná

T. +55 (45) 2102 7000 

www.hoteldascataratas.com

Desde 358 dólares la habitación doble.

 

PARQUES

en brasil

  • Parque Nacional do Iguaçu 

www.cataratasdoiguacu.com.br 

Entrada 20.50 dólares.

 

  • Excursiones Macuco Safari

Rafting: 40 dólares.

Macuco Safari (ir en lancha rápida, “gomón”, a los Tres Mosqueteros): 105 dólares.

Trilha del Poço Preto (Sendero del Pozo Negro): 67 dólares,

Rappel: 45 dólares.

Helisul

www.helisul.com.br 

Vuelos en helicóptero, 100 dólares por persona, 10 minutos. 

 

  • Parque de las Aves

www.parquedasaves.com.br

Entrada 17 dólares.

 

en argentina

  • Parque Nacional Iguazú 

www.iguazuargentina.com

Entrada 20 dólares.

 

  • Excursiones Iguazú Jungle

www.iguazujungle.com