Para la construcción de Mukul se utilizaron desde maderas sustentables hasta sistemas de captación de agua, pasando por materiales endémicos y pinturas no tóxicas.
Entre la caótica vida de sus calles y la refinada hospitalidad de sus hoteles y riads, Marrakech es el lugar perfecto para tener lo mejor de ambos mundos.
La ofrenda masiva en Ciudad Universitaria, el recorrido nocturno por Xochimilco, las visitas al Panteón de San Andrés en Mixquic, el desfile por Reforma y los altares del Zócalo prueban que la Ciudad de México tiene planes de sobra para celebrar el Día de Muertos.
El 1 y 2 de noviembre, el lago de Pátzcuaro y la isla de Janitzio se llenan de veladoras y flores de cempasúchil, anunciando la llegada de los muertos y la fiesta de las almas. Una tradición que se mantiene vigente gracias a los pueblos purépechas de la región.
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3. Oaxaca
Durante la celebración del Día de Muertos, los mercados oaxaqueños encuentran un gran momento para hacer despliegue de los mejores aromas y sabores de temporada. ¿Alguien dijo chocolate de agua, mole negro, calabaza en conserva y pan de muerto?
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4. San Luis Potosí
En la Huasteca Potosina, la fiesta de los muertos es conocida como "Xantolo", y consiste en una ruta de cinco días −llenos de ofrendas, cantos, artesanías y gastronomía− por municipios como Xilitla, Aquismón, Huehuetlán, San Martín Chalchicuautla y Tampacán.
Del 28 de octubre al 2 de noviembre, San Miguel de Allende es escenario de La Calaca, un festival cultural que integra las celebraciones tradicionales del Día de Muertos con un toque moderno en forma de arte urbano, espectáculos, talleres y originales fiestas.