Recap: experiencias inadvertidas en Oaxaca

Recap: experiencias inadvertidas en Oaxaca
Si pones atención, verás las constantes invocaciones en todo lo que nos rodea. La fiesta de Día de Muertos en Oaxaca con Satori haciendo un live act, es de las experiencias más sublimes que he vivido.
Noviembre 8, 16
Fotografías por: Cortesía

 

 

Domingo 30 de octubre de 2016, Ciudad de México.

 

Satori toca en Get Lost el mejor DJ set que he escuchado la vida. Todo parece un ritual primitivo, la música despierta el lado animal en todos los espectadores. Un llamado. Un himno. Una invocación.

 

Lunes 31 de octubre de 2016, Ciudad de México a Oaxaca de Juárez.

 

En el avión conozco a Satori. Lo felicito por su actuación de la noche anterior y me invita a una fiesta en la que va a tocar en Oaxaca. Esa tarde le llamo a un amigo de Oaxaca que no había visto en 7 años y lo invito a la fiesta. Cuando lo encuentro, me entero que él también es fan de Satori y después de pasar un rato en un bar llamado Casa Crespo en el centro de Oaxaca, partimos a la fiesta junto con otros amigos de mi amigo.

 

Ubicada en un pueblo llamado San Pedro Ixtlahuaca, sobre la llamada Sierra Norte por los citadinos de Oaxaca. La zona es tan recóndita que no hay manera de mandar la ubicación vía Whatsapp y todo lo que tenemos es un croquis improvisado. De alguna manera consiguen que alguien en la fiesta nos envíe la ubicación, pero llegamos a una carretera cerrada y empezamos a buscar vías alternas. Terracerías sobre terracerías. Subimos a la parte más alta del cerro y encontramos un barranco. Bajamos por otro camino y pasamos por más terracerías cubiertas completamente por arbustos de flores amarillas. Los caminos parecían túneles sacados de alguna película de aventuras en el medioevo. Luego de una hora y media de estar buscando la fiesta, mis acompañantes se rinden y deciden regresar a la ciudad. Yo me quedo en la gasolinera al pie de la montaña para conseguir un medio para subir a la fiesta.

 

-¿Vas a la fiesta?

-Sí.

-Súbete.

Conseguí el aventón a cambio de pasar gratis a Humberto, Humberto y María a la fiesta. Luego de media hora, encontramos la fiesta siguiendo las indicaciones del croquis en vez de una ubicación inexacta por kilómetros.

 

 

Martes primero de noviembre de 2016, 00:00 horas, San Pedro Ixtlahuaca, Oaxaca. Primer día de Muertos.

 

El sitio era el casco de una exhacienda en ruinas. El techo se había derrumbado hacía quién sabe cuantas décadas. Tenía visión panorámica a un cielo completamente estrellado, sin luna. Cuando entré, dio la medianoche. El telonero había terminado su set y Satori empezaba. El trote de un caballo, sintetizadores, vocales árabes, otra invocación: ahora a los muertos. En la hacienda no habían más de 100 personas (en su mayoría europeos), todos cargaban una pachita de mezcal que servían en la barra en vez de servir el mezcal en vasos. Una fogata al centro; camas en la parte trasera, junto a la barra; al frente, el escenario y el dancefloor. Gente poseída por la música, otros por el mezcal, otros por otras cosas. La danza no cesa. El vértigo permanece.

 

Entre los astros, la música y la histeria colectiva; pasa la noche hasta que apagan la corriente. Satori quiere seguir tocando, instala sus bocinas y quedan los del aferrafter. Después de una hora, apaga la música. Es momento del regreso, estoy en medio de la nada y no tengo transporte. Salgo, veo a 4 borrachos subiéndose a un taxi:

 

-Dónde caben 4, caben 5. Les pago la mitad de la cuota.

 

-¡Va, súbete!