Mozambique: El Caribe de África

Mozambique: El Caribe de África
El idioma portugués le confiere al país un toque latino, suave, casi caribeño. 

Las percepciones fonéticas del portugués se confirman en sus playas, las más hermosas y salvajes del sureste de África. Los casi tres mil kilómetros de costa están llenos de caminos de tierra. Es un país que, si se tiene la paciencia de viajarlo en automóvil (debe ser en 4x4), regala unas playas que apenas y han sido deterioradas por el turismo.

 

Hay que empezar el trayecto en Maputo, la capital, y una de las pocas grandes ciudades africanas con cierto encanto. La mayoría de las capitales africanas son duras, masificadas y con un crecimiento urbano demasiado desordenado. Es preciso visitar su estación de tren, obra del despacho del arquitecto francés Eiffel y considerada una de las más bellas del mundo. Ofrece buena comida, herencia lusa y un vivir tranquilo que amenaza con acabarse pronto debido a su crecimiento económico y a su modelo desigual de reparto de la riqueza. Mozambique, como dijo el economista y premio nobel Paul Krugman, “es un país rico lleno de gente pobre”.

 

Se comienza entonces un ascenso por la costa, donde se contempla la vida rural en su máxima expresión africana, chozas y pequeños huertos, y se puede parar en playas como Chidenguele y Chizavane, mucho mejores, en mi opinión, que las conocidas Xai Xai o Bilene. Obligado es también visitar Vilanculos y, si el presupuesto lo permite, las espectaculares islas de Bazaruto y sus lodges de lujo: inmensas dunas de desierto flotando en medio del mar verde y azul del océano Índico; un auténtico paraíso. Desde Vilanculos hay excursiones.

 

Más al norte se llega al Parque Nacional Gorongosa, uno de los más bonitos y especiales del continente. Greg Carr, un filántropo estadounidense, ha apadrinado el sitio para recuperar su fauna y todavía se tiene la oportunidad de ver el nacimiento de la vida salvaje, algo ya casi imposible en el planeta. La llanura y la carretera que conduce al mirador de los hipopótamos son un edén real y vivo; una acuarela.

 

Por último, y muy destacable, queda la isla de Mozambique, antigua capital de la colonia portuguesa. Es un islote de tres kilómetros de largo partido en dos: por un lado vive la población local de manera muy humilde, y por otro se ven los viejos palacios y caserones señoriales medio derruidos cargados de magia y simbolismo. Es un sitio maravilloso.

 

Para los que quieran más lujo están las islas Quirimbas, pero yo prefiero Bazaruto. Si son aventureros, el tren que conecta Cuamba con Nampula les permitirá mirar desde el palco de su vagón un desparrame de vida rural africana en cada parada y las curiosas formas de las montañas de Manica.

 

Imprescindibles Maputo, Bazaruto, Gorongosa y la isla de Mozambique.

 

Fuera de ruta Tren de Cuamba a Nampula.

 

Dónde dormir Hotel Villas do Indico, en Vilanculos; Naara Lodge, en Chidenguele, y Patio dos Quintalinhos, en isla de Mozambique. Para el hiperlujo: Azura Retreats, en Benguerra, y Quilalea. O el White Pearl Resorts, en Ponta Mamoli.

 

Mozambique: El Caribe de África
El idioma portugués le confiere al país un toque latino, suave, casi caribeño. 
Junio 29, 15
Fotografías por: Inés Estrada

Las percepciones fonéticas del portugués se confirman en sus playas, las más hermosas y salvajes del sureste de África. Los casi tres mil kilómetros de costa están llenos de caminos de tierra. Es un país que, si se tiene la paciencia de viajarlo en automóvil (debe ser en 4x4), regala unas playas que apenas y han sido deterioradas por el turismo.

 

Hay que empezar el trayecto en Maputo, la capital, y una de las pocas grandes ciudades africanas con cierto encanto. La mayoría de las capitales africanas son duras, masificadas y con un crecimiento urbano demasiado desordenado. Es preciso visitar su estación de tren, obra del despacho del arquitecto francés Eiffel y considerada una de las más bellas del mundo. Ofrece buena comida, herencia lusa y un vivir tranquilo que amenaza con acabarse pronto debido a su crecimiento económico y a su modelo desigual de reparto de la riqueza. Mozambique, como dijo el economista y premio nobel Paul Krugman, “es un país rico lleno de gente pobre”.

 

Se comienza entonces un ascenso por la costa, donde se contempla la vida rural en su máxima expresión africana, chozas y pequeños huertos, y se puede parar en playas como Chidenguele y Chizavane, mucho mejores, en mi opinión, que las conocidas Xai Xai o Bilene. Obligado es también visitar Vilanculos y, si el presupuesto lo permite, las espectaculares islas de Bazaruto y sus lodges de lujo: inmensas dunas de desierto flotando en medio del mar verde y azul del océano Índico; un auténtico paraíso. Desde Vilanculos hay excursiones.

 

Más al norte se llega al Parque Nacional Gorongosa, uno de los más bonitos y especiales del continente. Greg Carr, un filántropo estadounidense, ha apadrinado el sitio para recuperar su fauna y todavía se tiene la oportunidad de ver el nacimiento de la vida salvaje, algo ya casi imposible en el planeta. La llanura y la carretera que conduce al mirador de los hipopótamos son un edén real y vivo; una acuarela.

 

Por último, y muy destacable, queda la isla de Mozambique, antigua capital de la colonia portuguesa. Es un islote de tres kilómetros de largo partido en dos: por un lado vive la población local de manera muy humilde, y por otro se ven los viejos palacios y caserones señoriales medio derruidos cargados de magia y simbolismo. Es un sitio maravilloso.

 

Para los que quieran más lujo están las islas Quirimbas, pero yo prefiero Bazaruto. Si son aventureros, el tren que conecta Cuamba con Nampula les permitirá mirar desde el palco de su vagón un desparrame de vida rural africana en cada parada y las curiosas formas de las montañas de Manica.

 

Imprescindibles Maputo, Bazaruto, Gorongosa y la isla de Mozambique.

 

Fuera de ruta Tren de Cuamba a Nampula.

 

Dónde dormir Hotel Villas do Indico, en Vilanculos; Naara Lodge, en Chidenguele, y Patio dos Quintalinhos, en isla de Mozambique. Para el hiperlujo: Azura Retreats, en Benguerra, y Quilalea. O el White Pearl Resorts, en Ponta Mamoli.